El presupuesto UE MFP 2028-2034 se atasca: los Estados diluyen el plazo de final de año que impulsa António Costa para cerrar el Marco Financiero Plurianual antes de las elecciones de 2027 en Francia, Italia y Polonia. El borrador de conclusiones del Consejo rebaja el compromiso a un genérico ‘acuerdo oportuno’, según el texto difundido este martes por la noche.
El plazo de diciembre se desinfla en el borrador
Los gobiernos europeos han rebajado el compromiso de cerrar el Marco Financiero Plurianual antes de que acabe el año. Costa quería que los líderes zanjaran la negociación en la cumbre de diciembre, antes de que las citas electorales de 2027 en Francia, Italia y Polonia cambien la correlación de fuerzas. Los Veintisiete, sin embargo, prefieren no atarse a un calendario que, dicen, erosiona su capacidad de negociación.
Este jueves y viernes los jefes de Estado y de Gobierno se reúnen en Bruselas para reaccionar por primera vez a la propuesta presupuestaria irlandesa, que contempla recortes por valor de 159.000 millones de euros. Sobre la mesa, además del MFP, estarán los precios de la energía, la ampliación, Ucrania, y la migración. Los líderes también condenan en el borrador la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de levantar las sanciones al diésel ruso, y expresan su ‘pesar’ por las medidas de Washington contra la Corte Penal Internacional.
El nuevo texto solo pide un ‘acuerdo oportuno’ y recuerda que cerrar el pacto este año permitiría que los fondos empiecen a fluir cuando el próximo presupuesto entre en vigor, en 2028. Es la misma fórmula que ya se usó en las conclusiones del Consejo del pasado junio. Traducción: Bruselas ha vuelto al punto de partida.
Cerrar el MFP no es un trámite. El reglamento que fija los techos de gasto exige unanimidad en el Consejo y el visto bueno del Parlamento Europeo, un trílogo (la negociación a tres entre Comisión, Consejo y Eurocámara que define la versión final de cada ley europea) que se antoja largo. Cualquier capital puede bloquear el paquete completo. Por eso Costa buscaba blindar el acuerdo antes de que el mapa político se recomponga.
Meloni planta cara y el factor electoral lo cambia todo

Italia y Francia pidieron al equipo de Costa que retirara de las conclusiones la referencia a ‘alcanzar un acuerdo final antes de que acabe el año’, según dos diplomáticos europeos informados de las conversaciones. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, lo dejó claro en el Parlamento: ‘No firmaremos un acuerdo que no nos beneficie solo por cumplir un plazo. Firmaremos solo cuando sea bueno para Italia’.
El calendario presupuestario ya no lo marcan las necesidades de la UE, sino las urnas de París, Roma y Varsovia.
España añade otra capa de incertidumbre. Las elecciones generales anticipadas del 29 de noviembre caen justo antes de la cumbre de diciembre, lo que debilita la posición negociadora de Madrid en plena interinidad. Fuentes conocedoras de la negociación admiten que un Gobierno en funciones tendrá menos margen para pelear el encaje de la PAC, los fondos de cohesión y el reparto del Mecanismo de Recuperación.
El Eje del Poder Europeo
El pulso revela la geometría de siempre. El eje franco-alemán llega dividido. París, con Macron en la recta final de su mandato y elecciones a la vista en 2027, no quiere ceder soberanía fiscal ni aceptar recortes que dañen su agricultura. Berlín, con una coalición frágil y una industria en apuros, prioriza blindar sus ayudas de Estado y su transición verde. Los frugales del norte —Países Bajos, Austria, Dinamarca, Suecia y Finlandia— aplauden el tijeretazo de 159.000 millones y rechazan cualquier aumento de la contribución nacional. El sur, con Italia, España, Portugal y Grecia a la cabeza, defiende mantener la cohesión y la PAC.
Para España, el retraso tiene coste. El MFP fija partidas clave: la Política Agrícola Común, la política de cohesión y los fondos llamados a sustituir al Next Generation. Un cierre tardío obliga a prorrogar los techos actuales y amenaza con retrasar proyectos industriales, de transición energética y de digitalización que ya cuentan con financiación europea comprometida. Madrid llega a la negociación con un argumento debilitado: en plena interinidad, el Gobierno tiene menos capacidad de presión en el Consejo. Ese es el problema.
Hay un detalle que no conviene pasar por alto. El recorte de 159.000 millones que propone la presidencia irlandesa no reparte la tijera por igual: castiga sobre todo los fondos de cohesión y la PAC, precisamente las partidas de las que más depende España. Madrid defiende que el MFP mantenga el volumen actual de estos programas o, al menos, una red de seguridad para las regiones que más fondos reciben.
La lectura a medio plazo es incómoda. El precedente está escrito: en 2020, el pulso entre Berlín y París por el reparto del MFP 2021-2027 y del fondo de recuperación se cerró en un maratón de cinco días que redefinió la lógica presupuestaria de la UE. Ahora el contexto es más duro: un presupuesto que encoge en términos reales, una ampliación en el horizonte y una ultraderecha al alza en las tres grandes citas electorales de 2027. Si las urnas cambian los Gobiernos de Francia, Italia o Polonia, los equilibrios que hoy sostienen el acuerdo pueden saltar por los aires.
Diciembre es la próxima ventana crítica. Si los Veintisiete vuelven a aplazar el acuerdo, la Comisión Europea tendrá que preparar una prórroga técnica del actual presupuesto y el debate se arrastrará, como mínimo, hasta después de los comicios franceses e italianos. La Comisión ya advirtió en junio de que un retraso excesivo compromete la programación de fondos para 2028. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.

