Pagar de más por un vino solo porque lo firma un famoso es la vía más rápida hacia la decepción. Lo he hecho más veces de las que me gustaría reconocer. Con el vino de Rafa Nadal en Jumilla, sin embargo, hay motivos para mirar más allá de la firma.
El tenista mallorquín, ya desvinculado del tenis profesional, ha abierto una línea de negocio en el mundo del vino. Y lo ha hecho sin comprar ninguna bodega, sin hacerse socio de nadie y sin cambiar la raqueta por unas tijeras de podar. Su primera referencia se llama El Tenista y llega firmada en colaboración con las bodegas murcianas Familia Gil, uno de los grandes referentes de la Región de Murcia.
La etiqueta es sobria, casi minimalista, y apenas deja ver el bote de una pelota sobre el suelo. Nada de raquetas gigantes ni dorados de Grand Slam. Acierto.
El problema de los vinos de celebridades nunca ha sido el nombre, sino el contenido. Leo Messi lanzó hace unos años su propia línea de vinos italianos —ni argentinos ni españoles— y Neymar Jr. se embarcó en una colección de galletas para una marca brasileña. Pocos de esos proyectos sobreviven a la segunda botella.
En este caso hay un dato que cambia la conversación: El Tenista es un tinto ecológico elaborado con uva 100% monastrell, la variedad predominante en la Región de Murcia. Y detrás no hay un estudio de márketing, sino una bodega con viñedos propios. Cosas que se notan en la copa.
Un famoso puede poner la cara en la etiqueta, pero solo el viñedo decide lo que acaba dentro de la botella.
El secreto del éxito
Lo que separa a este vino de una etiqueta de escaparate se resume en tres decisiones de viñedo y de bodega.
- Viñedos viejos y poca uva: las uvas proceden de viñedos viejos situados a más de 750 metros de altitud y con una producción bajísima, lo que concentra el fruto y da vinos con más cuerpo y más color.
- Vendimia a mano: la uva se recoge racimo a racimo para seleccionar solo lo que está en su punto justo de maduración. En una variedad de maduración tardía como la monastrell, ese control lo cambia todo.
- 18 meses en barrica nueva: la crianza se alarga hasta los 18 meses en barrica nueva de roble francés, una madera que aporta estructura, especias y un fondo tostado propio de los tintos de guarda.
Ingredientes: la monastrell manda
- Uva 100% monastrell cultivada en ecológico
- Viñedos viejos a más de 750 metros de altitud
- Rendimientos muy bajos por hectárea
- Vendimia manual
- Barrica nueva de roble francés, hasta 18 meses de crianza
Y poco más. Un vino de una sola variedad, sin mezclas ni corsés, que se apoya en la materia prima y no en la mano del enólogo.

Paso a paso: de la viña a la barrica
La vendimia se hace a mano en viñedos de secano situados por encima de los 750 metros, una altitud que en Jumilla marca la distancia entre madurar con calma y cocerse al sol. La uva entra en bodega, fermenta y el vino pasa a barrica nueva de roble francés, donde descansa hasta 18 meses. En ninguna de las fases hay prisa.
Conviene aclarar qué significa ‘barrica nueva’. Cada barrica de roble se estrena con este vino, algo que encarece la elaboración y marca más el perfil: aparecen notas de vainilla, tostados y especias que en una barrica ya usada quedarían mucho más discretas.
Sobre el papel, lo razonable es esperar un tinto de capa alta, con la fruta madura por delante y la madera bien integrada por detrás. Falta comprobarlo en la copa, y para eso todavía no hay fecha.
Variaciones y maridaje
Un monastrell con crianza pide comida con grasa y sabor: carnes rojas a la brasa, cordero al horno, arroz de conejo y, quesos curados de oveja. Con pescado a la plancha, se come el plato.
Sirve a 16-17 ºC, nunca a temperatura ambiente si la cocina está a 24. Abre la botella media hora antes o pásala por una jarra: con esa crianza, el aire le sienta bien.
Para guardarlo, en horizontal, en un sitio oscuro y sin vaivenes de temperatura, entre 12 y 14 ºC. Por estructura y crianza, es un vino que aguanta años en botella sin despeinarse.
Y si quieres acercarte a este perfil sin esperar al lanzamiento ni pagar el sobreprecio de una firma famosa, busca un monastrell de Jumilla con crianza en madera. La zona lleva décadas haciendo vinos así.
Queda por saber cuándo se pondrá a la venta El Tenista y cuánto costará. Nadal no ha comprado ninguna bodega ni se ha metido a viticultor: ha prestado su imagen a Familia Gil y ha puesto su nombre en una etiqueta. El tiempo —y la copa— dirán si estamos ante un Grand Slam o ante un ATP Challenger 125.
