Come como un niño de seis años a los 96: la curiosa dieta de Warren Buffett que reta a los nutricionistas

Bebe hasta cinco Coca-Colas al día y desayuna en McDonald's desde hace 54 años, con una regla que ajusta según cierre la bolsa. Sus analíticas siguen saliendo impecables a los 96, y él insiste en que dormir bien importa más que la dieta.

Uno vigila el azúcar, come verdura y luego lee que Warren Buffett desayuna en McDonald’s desde hace 54 años. Ahí se cae el sermón. La dieta Warren Buffett lleva décadas desconcertando a nutricionistas, endocrinos y a cualquiera que haya peleado por cuadrar una analítica a base de brócoli: hasta cinco Coca-Colas al día, hamburguesas y un desayuno cuyo precio depende de cómo cierre la bolsa. Cumplió 96 años este verano.

Nacido en Omaha (Nebraska) en agosto de 1930, Buffett compró Berkshire Hathaway en 1965, cuando la firma era una textil casi quebrada, y la convirtió en un conglomerado valorado en más de un billón de dólares. A mediados de septiembre anunció que dejaba la presidencia; desde entonces el sillón lo ocupa su hijo Howard, de 71 años. Él no se ha ido del todo: sigue sentado en el consejo de administración y sigue comiendo exactamente lo mismo.

En cartera mantiene además una posición enorme en Apple, y parte de ese dinero ha ido a parar a negocios como Domino’s Pizza. El contraste con su propio sector es llamativo. En el mundo tecnológico, donde tiene media fortuna, la norma es la obsesión por lo natural y la guerra abierta a los ultraprocesados; Tim Cook, al frente de Apple, presume de cuidar al máximo su alimentación. Buffett presume de todo lo contrario.

Publicidad

El secreto del éxito

  • Dormir ocho horas: es lo único que defiende con la seriedad de un médico. El descanso, repite, es lo que le permite mantener el ritmo de trabajo a los 96.
  • No jubilarse jamás: en su vocabulario no existe esa palabra. Mantenerse activo y sin estrés pesa, según él, mucho más que el menú.
  • La genética juega su carta: sus análisis salen impecables sin que la dieta ayude lo más mínimo. Eso sí que no se hereda por leer un artículo.

Los facultativos que le revisan llevan años sin encontrar la grieta. Las analíticas rutinarias salen prácticamente perfectas, y él atribuye el milagro a todo menos al plato: ‘La salud es amar tu trabajo, dormir bien y mantener el estrés a raya. Ninguno de sus médicos ha logrado explicarlo del todo, y él tampoco se esfuerza en ayudarles.

La lista de la compra de Warren Buffett

  • Cinco Coca-Cola clásicas al día, con azúcar, nunca light. Solo en refresco, unas 700 calorías diarias.
  • Desayuno en McDonald’s: menú de 2,95 dólares cuando la acción baja y de 3,17 cuando sube.
  • Hamburguesas, y a ser posible de la misma cadena.
  • Azúcar sin complejos: los recuentos que él mismo airea hablan de hasta 252 gramos diarios.
  • Pizza en el horizonte, porque una de sus últimas inversiones conocidas es Domino’s Pizza.

Puestos a hacer la compra de un día entero: 252 gramos de azúcar son casi un cuarto de kilo, y 700 calorías de refresco se llevan un tercio de lo que necesita un adulto en toda la jornada. Cualquier guía dietética se echaría las manos a la cabeza. Él se limita a sonreír.

Un día en su dieta, paso a paso

La jornada arranca con una Coca-Cola clásica a primera hora. Cero complementos: ni zumo verde, ni avena, ni suplementos. Después llega el desayuno en McDonald’s, que repite desde hace 54 años con la misma liturgia.

La regla del precio funciona como termómetro bursátil: ‘Cuando las acciones bajan, pido el desayuno de 2,95 dólares. Cuando suben, el de 3,17 dólares’. Van más de 19.000 desayunos con esa cuenta.

Su longevidad no la explica el menú, y ese es justo el detalle que se pierde cuando su rutina se convierte en titular.

A lo largo del día caen hasta cinco refrescos. Lo cuenta sin pudor: ‘Básicamente, soy un cuarto Coca-Cola’. Y ahí sigue, sin horarios raros ni ayunos intermitentes.

El resto de la fórmula no tiene nada que ver con la comida. Duerme ocho horas, se mantiene activo y no piensa retirarse. Lo repite desde hace años: el descanso y un trabajo que le gusta pesan más que cualquier dieta.

Publicidad

Variaciones y maridaje

Con qué acompañarlo lo firma él: Coca-Cola clásica, bien fría, con hielo y sin limón. Quien quiera montarse el ritual en casa puede empezar por una sola lata al día y una hamburguesa hecha a la plancha, con carne picada fresca y un pan que no sepa a cartón.

He probado a desayunar exactamente lo mismo durante dos semanas seguidas y el cuerpo acaba pidiendo variedad: un huevo, algo de fruta, un café decente. Copiar el menú sin heredar la genética es comprar el billete sin el premio.

Versión express para quien no madruga: si el desayuno en McDonald’s te pilla a desmano, el ritual se replica en diez minutos en cualquier bar de barrio con un café doble y un bollo de los de siempre.

Y el aviso que nunca aparece en los titulares: un caso único no es una recomendación médica. Su longevidad no autoriza a nadie a cambiar la fruta por refresco azucarado. Lo que sí se puede copiar es la parte aburrida: dormir, moverse y no odiar el lunes.