Hernández de Cos suma el respaldo del Gobierno y el PP a su candidatura para presidir el BCE

El exgobernador del Banco de España, hoy director general en el BIS, aspira a un puesto que ningún español ha ocupado. Su gran rival, el neerlandés Klaas Knot, parte con el favor de Berlín y de París.

Hernández de Cos ya juega la partida del BCE con un respaldo inédito en España: el del Gobierno y el del PP.

El exgobernador del Banco de España, hoy director general del Banco de Pagos Internacionales (BIS), es el candidato español a presidir el Banco Central Europeo cuando Christine Lagarde agote su mandato en 2027. Es una silla que España no ha ocupado nunca.

El respaldo del Partido Popular lo puso encima de la mesa Alberto Núñez Feijóo en Bruselas, en una rueda de prensa en la que no escatimó elogios. ‘Estamos viviendo un momento geopolítico muy complejo. Necesitamos instituciones fuertes’, dijo el líder del PP. ‘Después del buen desempeño de Lagarde, necesitamos un economista reputado con acreditada experiencia. No he visto un mejor currículum que este.’

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El respaldo del Gobierno lo confirmó, por su lado, el ministro de Economía y vicepresidente primero, Carlos Cuerpo: ‘Nosotros creemos que sí, y por eso estamos empujando de manera muy activa. Pedro Sánchez lo había respaldado antes en Nueva York, en las semanas de mayor tráfico diplomático del otoño.

El apoyo cruzado tiene su mérito. Cuando empezó a fraguarse la candidatura, el respaldo del Ejecutivo no estaba garantizado: el perfil de Hernández de Cos está históricamente vinculado al PP, y más de una fuente apuntó a que habría sido ministro de Economía si el Partido Popular hubiera logrado formar Gobierno tras las últimas generales. No ocurrió. Sánchez revalidó la presidencia y colocó a Cuerpo primero al frente de Economía. El economista, sin embargo, nunca le regateó elogios al exgobernador.

Que el Gobierno y el PP empujen al mismo candidato en Fráncfort no es casualidad: España lleva décadas ausente de la cúpula del euro.

Quién decide en Fráncfort: los Estados, no el banco

Conviene recordar el mecanismo, porque se presta a confusión. El presidente del BCE no lo eligen los banqueros centrales ni una comisión técnica: lo eligen los Gobiernos de la Unión, que después ratifican el nombramiento tras consultar al Parlamento Europeo y al propio Consejo de Gobierno del BCE. Es, en la práctica, un reparto de sillas entre Estados miembros y entre familias políticas. Es el juego de tronos del euro.

De ahí que el primer requisito de cualquier candidato no sea el currículum —Hernández de Cos lo tiene—, sino que su Gobierno empuje. España lo hace ahora con los dos grandes partidos alineados, algo poco frecuente y, en Bruselas, un argumento en sí mismo.

Knot, el rival que Berlín y París ven con buenos ojos

candidatura BCE

El rival directo es Klaas Knot, exgobernador del banco central de Países Bajos, con un perfil calcado: apoyo de su Gobierno, reputación intachable y oficio en política monetaria. La diferencia está en el peso de los padrinos. Según las informaciones que se han ido filtrando en las últimas semanas, Knot tendría ya atados varios apoyos entre los Veintisiete.

Francia y Alemania, los dos Estados con más peso en el euro, verían con buenos ojos una presidencia de Knot. París claudicaría si a cambio coloca a un francés en la plaza de economista jefe, que quedará vacante en mayo de 2027. Berlín aprecia su perfil ligeramente estricto, el mismo que seduce a los frugales, el bloque del norte que vigila el gasto: los nórdicos, los bálticos y la propia Alemania.

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El Eje del Poder Europeo

La lectura estratégica es inequívoca. La sucesión de Lagarde es un reparto de poder, no un concurso de méritos, y España llega a la mesa con un candidato solvente, pero sin los mimbres que mueven votos en Fráncfort: peso en el euro, alianzas, y capacidad de repartir otras sillas. Alemania y los frugales prefieren a Knot porque les garantiza continuidad en la ortodoxia. Francia, que juega a varias bandas, solo se movería si se asegura el puesto de economista jefe.

Para España esto tiene un coste y una oportunidad. El coste es evidente: si Berlín y París cierran el reparto antes de que Madrid termine de construir mayoría, el apoyo casi unánime de la política española servirá de poco. La oportunidad también: es la primera vez en años que el Ejecutivo y el principal partido de la oposición dicen lo mismo en un asunto comunitario, y ese consenso, bien jugado, tiene su premio en términos de reputación a medio plazo.

Aquí está el patrón que venimos observando desde hace meses. Cada vez que se abre una vacante en la cúpula del euro, la pelea no se dirime en el hemiciclo de Estrasburgo ni en la rueda de prensa de Fráncfort, sino en conversaciones bilaterales entre cancillerías. La política española discute si De Cos es la persona adecuada; la política europea discute qué Estado gana la silla. Son dos debates distintos y solo el segundo decide.

Hay además un factor de calendario que no conviene perder de vista. El nombramiento del próximo presidente del BCE no se formalizará antes de 2027, y para entonces el mapa político español podría haber cambiado. Ese es, precisamente, el motivo del doble respaldo: blindar la candidatura frente a un eventual cambio de Gobierno en Madrid.

Lo que medimos, en definitiva, es cuánto pesa España cuando se reparten los sillones. El precedente de la crisis del euro es elocuente: entre 2010 y 2012, Madrid asistió al diseño del rescate sin estar en la mesa que decidía. La aspiración de De Cos es el intento más serio de romper ese patrón en casi dos décadas.

La próxima ventana crítica llegará a lo largo de 2027, cuando se abra formalmente el relevo en el BCE. Hasta entonces, toda cábalda es prematura: el calendario juega a favor de quien sepa esperar sin gastar los apoyos antes de tiempo.