El homenaje a Lluís Companys en Montjuïc ha dejado de ser un acto de memoria para convertirse en un termómetro político. A seis semanas de las elecciones generales del 29 de noviembre, la ofrenda floral por el 86 aniversario de su fusilamiento se ha transformado en un aviso contra la extrema derecha y en un pulso abierto entre Junts y ERC por la hegemonía del independentismo.
Del recuerdo del fusilamiento al cálculo electoral del 29N
La ofrenda ante la tumba de Lluís Companys, fusilado en el castillo de Montjuïc el 15 de octubre de 1940, ha vuelto a reunir a la primera línea institucional catalana. El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, y el presidente del Parlament, Josep Rull, han encabezado una representación que ha incluido además a la dirección del PSC, de ERC, de Junts, de los Comuns y de la CUP.
Illa ha apelado a recordar el pasado para no repetir sus errores y ha pedido mirar al futuro con ‘esperanza y responsabilidad’. Ha defendido los valores democráticos, ha presentado el acto como un aviso para ‘cortar el paso a los autoritarismos’ y ha celebrado los avances en la aplicación de la ley de amnistía, que su Govern lee como señal de normalización política, social e institucional de Cataluña.
En ese balance encaja la absolución de Carles Puigdemont y otros 35 demandados por el Tribunal de Cuentas, un pronunciamiento que el president ha calificado de noticia positiva. La lectura del Palau de la Generalitat es sencilla: cada causa que se cierra deja una legislatura menos expuesta al ruido de los tribunales.
Collboni ha subido el tono. El alcalde ha advertido de la presencia en la vida pública de los ‘herederos políticos de aquellos que fusilaron’ a Companys y ha reivindicado la memoria democrática como herramienta de defensa de las libertades. Ha descrito el momento como ‘especialmente crítico y sensible políticamente’ por la cercanía de los comicios, y la portavoz del PSC, Lluïsa Moret, ha reclamado reeditar una mayoría progresista para frenar las posiciones involucionistas.
Más dura ha sido la líder de los Comuns en el Parlament, Jéssica Albiach, que ha llamado a combatir tanto a ‘los fascistas del aguilucho’ como a ‘los buitres, como Blackstone’, y ha defendido un frente amplio de cara al 29N. La CUP ha colocado el antifascismo en el centro de su mensaje: su portavoz, Su Moreno, ha denunciado los ataques contra la memoria del expresidente y ha recordado el cartel con el que el portavoz de Vox en el Parlament, Joan Garriga, lo llamó ‘asesino’. El episodio sigue coleando cada aniversario.
El acto que debía unir a los herederos del 15 de octubre de 1940 ha servido, sobre todo, para medir quién manda hoy en cada trinchera.
El reproche cruzado de Turull y Alamany

El secretario general de Junts, Jordi Turull, ha acusado a quienes anteponen las ‘trincheras ideológicas’ a la defensa de Cataluña, una crítica implícita a ERC por priorizar, a su juicio, la estabilidad política antes que los intereses nacionales. También ha cargado contra Aliança Catalana, sin citarla expresamente, por ‘flirtear’ con quienes detuvieron y entregaron a Companys y por mirar hacia otro lado cuando se le tacha de asesino.
Turull ha puesto fecha al regreso. Ha asegurado que la amnistía permitirá que Carles Puigdemont, Toni Comín y Lluís Puig puedan volver y participar en el homenaje del próximo año. Es el compromiso más concreto que ha salido del acto y coloca a Junts en la posición de quien administra la cuenta atrás del retorno.
La respuesta de ERC ha llegado en el mismo escenario. La secretaria general, Elisenda Alamany, ha defendido una Cataluña ‘fuerte’ como ‘mejor antídoto contra los reaccionarios’, pero ha repartido reproches en dos direcciones. A Junts le ha afeado que, en nombre del país, se olvide de de las necesidades de la ciudadanía. Al PSOE le ha advertido de que no puede dejar caer la legislatura por oportunismo. Su mensaje: la defensa nacional sin respuestas en vivienda, financiación y condiciones laborales se queda a medias.
Rull ha cerrado el capítulo institucional celebrando que la amnistía permita avanzar hacia el regreso de Puigdemont y de Lluís Puig, ambos diputados del Parlament de Catalunya. Les ha prometido un recibimiento ‘adecuado y solemne’ y ha evocado las palabras del propio Companys: ‘Volveremos a luchar, volveremos a sufrir, volveremos a vencer’.
La amnistía como moneda de cambio y el fantasma de Aliança Catalana
Lo que observamos en Montjuïc es un espacio político sin dueño. Junts y ERC compiten por encarnar el legado de Companys mientras la CUP aprieta por la izquierda y Aliança Catalana lo hace por la derecha, con Vox instalado en el papel de la provocación útil. Turull dedica más energía a marcar perfil frente a los republicanos que a construir un relato compartido, y Alamany responde con el mismo manual. El resultado es un homenaje que cada año se parece menos a un acto de memoria y más a un mitin con flores.
La segunda lectura es económica y de calendario. La amnistía se ha convertido en la moneda de cambio de la precampaña: Illa la exhibe como prueba de normalización institucional, Turull la usa como pasaporte para el regreso y ERC exige que venga acompañada de financiación singular, vivienda y condiciones laborales. Sin ese paquete, sostienen los republicanos, el gesto se queda en simbólico. Es la misma tensión que ha atravesado toda la legislatura catalana y que ahora se traslada al 29N.
Tampoco conviene ignorar el riesgo. La aplicación judicial de la amnistía sigue produciendo movimientos en las dos direcciones: junto a la absolución de Puigdemont y los 35 demandados, persisten flecos y recursos pendientes que pueden volver a alterar el guion. De hecho, el propio president ha construido su discurso sobre ese equilibrio inestable, celebrando los avances sin dar por cerrada la carpeta.
La próxima cita con las urnas es el 29 de noviembre. Hasta entonces, cada acto institucional en Cataluña se leerá en clave de campaña, y el homenaje a Companys quedará como la primera prueba de fuego de un otoño que se prevé áspero. Junts y ERC ya han dejado claro que no piensan bajar el tono.
