1Las señales de alerta: qué síntomas aparecen y cuánto tardan en hacerlo
No hay señales inmediatas: a diferencia de una alergia, las molestias de la intolerancia a la lactosa se toman su tiempo. Lo habitual es que empiecen entre 30 minutos y dos horas después de comer o beber algo con lactosa, y que alcancen su punto más intenso en torno a la hora y media. Ese retraso es precisamente lo que dificulta identificarla, porque el malestar aparece cuando ya se ha pasado a otra comida o bebida y no se relaciona con el lácteo que lo provocó.
El cuadro típico combina hinchazón y distensión abdominal, gases, dolor o retortijones, ruidos intestinales, náuseas y heces blandas o diarrea. La intensidad no es fija: depende de cuánta lactosa se haya ingerido y de cuánta enzima lactasa siga produciendo cada persona, de modo que hay quienes toleran un yogur o un queso curado y reaccionan a un vaso de leche. Cuando no se vuelve a tomar lactosa, las molestias suelen remitir, aunque pueden tardar hasta 48 horas en desaparecer por completo. Conviene no confundirla con una alergia a la proteína de la leche, que sí puede ser grave.
