El 70% de los españoles pierde la capacidad de digerir la lactosa: las señales de alerta para detectarlo a tiempo

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Cómo se confirma: el test de aliento con hidrógeno (y qué aporta el test genético)

lemon and black labeled bottle

El test de aliento con hidrógeno espirado es la prueba de referencia para confirmar la malabsorción de lactosa: no es invasiva y combina una sensibilidad alta con una especificidad máxima. El paciente llega en ayunas de 8 a 12 horas, después de un día de dieta baja en fibra, y sin antibióticos (hasta cuatro semanas antes), probióticos ni laxantes. Tras una muestra basal de aire espirado, ingiere una solución con lactosa —unos 25 gramos en adultos, 2 gramos por kilo en niños— y sopla cada 15 o 30 minutos durante dos a cuatro horas. Se considera positivo un ascenso de hidrógeno superior a 20 partes por millón respecto al valor inicial y, si va acompañado de síntomas, confirma la intolerancia. Su punto débil es que entre el 10% y el 15% de las personas no producen hidrógeno por su flora intestinal, así que un negativo puede ser falso; por eso muchos centros miden también metano.

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El test genético analiza variantes en la región reguladora del gen LCT —sobre todo la -13910 C>T (rs4988235) y la -22018 G>A—, que determinan si la producción de lactasa se mantiene en la edad adulta. Se hace con una muestra de sangre o un frotis bucal, basta realizarlo una vez en la vida y no depende de la dieta ni de los fármacos. El genotipo CC indica no persistencia de la lactasa y predispone a la intolerancia; el TT, persistencia; y el CT, una situación intermedia que puede dar síntomas en periodos de estrés o tras una infección intestinal. Aporta lo que el test de aliento no ofrece: una explicación estable de la causa. Su límite es que detecta predisposición, no la intolerancia activa ni las formas secundarias (celiaquía, Crohn, gastroenteritis), y es válido sobre todo en población europea.