El 70% de los españoles pierde la capacidad de digerir la lactosa: las señales de alerta para detectarlo a tiempo

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Por qué España es un caso extremo: el mapa genético de la lactasa

Green highway signs for Barcelona and L'Hospitalet above a road with city buildings

La intolerancia a la lactosa no se reparte de forma homogénea, y España ocupa justo la bisagra. La capacidad de digerir leche en la edad adulta depende de variantes de la región del gen MCM6 (cromosoma 2q21.3), que regula la expresión de la lactasa (LCT). La más estudiada, la -13910 C/T, marca la diferencia: el genotipo CC se asocia a la no persistencia del enzima y los CT o TT, a mantenerlo. Su frecuencia se desploma de norte a sur de Europa —por encima del 90% en suecos y daneses y en torno al 50% en Francia y España—, pero dentro del país el contraste es aún más marcado: la intolerancia ronda el 15% en las poblaciones del norte y supera el 40% en las del sur, según las estimaciones recogidas en las guías clínicas españolas.

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Ese mapa también cuenta una historia evolutiva. La mutación -13910*T apenas existía en la Europa preneolítica: el cazador-recolector de La Braña 1 (León, unos 7.000 años) no podía digerir la lactosa, y el alelo no se generalizó hasta hace unos 4.000 años, ligado a la expansión de la ganadería. La selección natural premió a quienes aprovechaban la leche como alimento y fuente de calcio, un caso clásico de coevolución entre genes y cultura. Los estudios en el sur peninsular sitúan la persistencia en torno al 61,5% y la frecuencia del alelo -13910*T en 0,418, muy por encima del Magreb, reflejo del intercambio a través del Estrecho. España queda así en un extremo: la persistencia más alta del Mediterráneo, pero todavía lejos del norte de Europa.

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