Abres la nevera, ves una bandeja de plástico envuelta en más plástico y te haces la misma pregunta que hace diez años. Los envases alimentarios son el último tramo de una cadena que llevamos mucho tiempo intentando aligerar, y casi todas las alternativas se quedan a medio camino: o encarecen el producto, o no aguantan la humedad de un lomo de merluza recién cortado.
En O Porriño, en la provincia de Pontevedra, hay una empresa que sostiene haber encontrado una salida. Se llama Ingamark y lleva años suministrando envases al tejido agroalimentario gallego; según la información publicada por La Voz de Galicia, abastece a más de la mitad de las compañías de Galicia que envasan sus productos. Su apuesta se resume en una frase: cambiar el plástico por celulosa de eucalipto.
Pronunciar la palabra eucalipto en Galicia es abrir un melón cultural, económico y ecológico a la vez. El árbol crece rápido, deja margen y levanta ampollas: ha sostenido durante décadas a la industria papelera y también ha alimentado un debate ambiental que sigue vivo. Ese mismo material quiere ahora meterse en tu nevera.
La firma presentó su catálogo en la pasada edición de la feria Conxemar. Allí mostró dos familias de producto: bandejas de pulpa de eucalipto y películas vegetales transparentes. El mensaje comercial fue directo. Su director comercial, José Manuel Caballero, asegura que han igualado el precio del plástico y que en algunos formatos incluso lo han mejorado, algo poco habitual en este tipo de sustituciones.
El otro argumento es técnico y, para quien ha trabajado con envases, el más interesante: resistencia a la humedad y buena adaptación al termosellado. Sin esas dos condiciones, cualquier bandeja compostable se convierte en un problema en la línea de envasado. El consejero delegado de la compañía, Julián Gallego Rodríguez, habla de una pequeña revolución para el sector.
Un envase solo sustituye al plástico cuando aguanta la humedad, sella bien y no sube el precio. Lo demás es folleto.
Dos versiones de bandeja y un film transparente

Aquí está el matiz que conviene tener claro antes de imaginarse una estantería de supermercado sin rastro de plástico. Ingamark comercializa las bandejas en dos versiones. La primera es íntegramente vegetal y la empresa la describe como totalmente compostable. La segunda incorpora una lámina fina de plástico, y ese detalle reduce un 95 % el uso de ese material frente a una bandeja convencional.
Traducido: no siempre hablamos de cero plástico. Hablamos, en el peor de los casos, de conservar apenas un 5 % del material que empleábamos ayer. Eso sí, la versión mixta sigue siendo la más frecuente en los lineales, porque protege mejor según qué alimentos.
A esa oferta se suman las películas transparentes de celulosa vegetal para envolver y proteger. Caballero sostiene que son compostables y que se descomponen al enterrarlas, aunque no concreta en qué condiciones se produce esa descomposición.
Lo que todavía no está resuelto
La compostabilidad no es un interruptor. Depende de la temperatura, la humedad, el tiempo, y el tipo de instalación donde acabe el residuo. Un envase que se degrada en un compostador industrial no tiene por qué comportarse igual en una compostera doméstica de balcón. La empresa no ha detallado esos parámetros, y ahí conviene mantener la prudencia.
El segundo frente es el precio. Igualar el coste del plástico es una buena noticia, pero también una afirmación que conviene comprobar contenedor a contenedor y cliente a cliente.
Y el tercero, el de siempre: la materia prima. La celulosa de eucalipto es renovable, sí, pero procede de una especie que en Galicia genera recelos por su efecto sobre el suelo y el paisaje. Que un envase sea biodegradable no lo convierte automáticamente en sostenible si el cultivo que hay detrás no lo es.
Qué cambia en tu compra
Para el consumidor, manda la letra pequeña. Si ves una bandeja de pulpa de celulosa, busca si el etiquetado indica que es compostable y a qué norma responde. Y ojo con el contenedor: buena parte de esa celulosa va al orgánico, no al amarillo. El contacto entre envase y alimento, además, está regulado por normativa europea que en España vigila la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición.
Quien quiera entender de dónde sale el material tiene contexto en la entrada de Wikipedia sobre el eucalipto, un género originario de Australia que hoy ocupa buena parte del monte gallego.
Queda la pregunta de fondo: si la idea arraigará de verdad o se quedará en el catálogo de una feria. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.

