La Generalitat compra la sede del RACC en la Diagonal por 75,5 millones para el Campus Clínic-UB

El Govern abonará el precio en cuatro anualidades entre 2027 y 2030, sin intereses, mientras el RACC mantiene su actividad en el inmueble hasta ese último año. La operación se suma a los 135,25 millones ya comprometidos en enero para el Servicio de Deportes de la UB.

La Generalitat ha cerrado la compra de la sede del RACC en la avenida Diagonal por 75,51 millones de euros. La firma llegó este viernes y despeja una de las piezas más delicadas del futuro Campus de Salud Clínic-UB.

La consellera de Economía y Finanzas, Alícia Romero, y el presidente del RACC, Josep Mateu, suscribieron el acuerdo de compraventa. El inmueble pasa así a manos públicas tras décadas en suelo vinculado a usos deportivos, un encaje que el proyecto necesitaba resolver para poder seguir avanzando.

Qué ha comprado exactamente la Generalitat y cómo piensa pagarlo

El objeto de la operación son 36.699 metros cuadrados repartidos entre oficinas y aparcamientos, situados entre la avenida Diagonal, 687 y la calle Albert Bastardas, 31-33. El precio se abonará en cuatro anualidades, entre 2027 y 2030, y sin intereses. Un calendario que no obliga a nadie a moverse de inmediato.

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La cifra, puesta en contexto, arroja un precio algo superior a los 2.000 euros por metro cuadrado construido. Un cálculo conservador para una de las esquinas más cotizadas de la Diagonal, aunque aquí el comprador no busca rentabilidad de mercado: busca suelo libre de ataduras para levantar un hospital.

El RACC conservará el uso de las instalaciones hasta 2030, cuando está previsto que arranquen las obras del campus. La entidad automovilística, fundada hace más de un siglo, no pierde su sede de un día para otro. Gana tiempo, y lo gana también el Govern, que acompasa el pago con el ritmo del planeamiento. Mateu ha defendido el acuerdo como una muestra de la voluntad de servicio público del club y de su adaptación a las nuevas necesidades de los socios. Dejémoslo en un ‘ya veremos’ cuando toque mudarse.

La compra se suma a a la que el Ejecutivo catalán acordó en enero: 135,25 millones de euros por los terrenos de la Diagonal donde se ubica el Servicio de Deportes de la Universitat de Barcelona. Entre ambas operaciones, la Generalitat compromete ya más de 210 millones solo en suelo.

Comprar el suelo es la parte fácil; encajar tres administraciones y un planeamiento sin cerrar en el mismo ámbito es donde el calendario se rompe.

De la anomalía urbanística al Campus Clínic-UB de 1.700 millones

Campus Clínic UB

El futuro Campus de Salud Clínic-UB aspira a convertir la entrada sur de Barcelona en un polo internacional de asistencia, formación e investigación. El proyecto contempla un nuevo hospital, las facultades de Medicina y Ciencias de la Salud, y de Farmacia y Ciencias de la Alimentación, además de otros equipamientos asistenciales y científicos. La inversión global ronda los 1.700 millones de euros.

El origen del embrollo es urbanístico. La sede corporativa del RACC ocupaba unos terrenos vinculados a usos deportivos que ahora deben reorganizarse para dar cabida al campus sanitario y universitario. El inmueble se había convertido en una de esas cuestiones patrimoniales que ningún proyecto puede sortear y que, hasta ahora, frenaban cualquier avance serio.

El ámbito no se limita a Barcelona. La transformación abarca también L’Hospitalet de Llobregat y Esplugues de Llobregat, con la intención de crear una nueva centralidad que combine actividad sanitaria y científica con vivienda, espacios verdes y actividad económica. Hablamos de una operación metropolitana de fondo, no de una simple permuta de oficinas.

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Lo que revela esta compra sobre la estrategia patrimonial del Govern

Hay una lectura política que conviene no perder de vista. El Govern está resolviendo por la vía de la chequera un problema que durante años fue de ordenación del territorio. Compra suelo, difiere el pago y deja que sean los presupuestos de 2027 a 2030 los que carguen con la factura. La operación es cómoda hoy y condiciona la próxima legislatura mañana.

El precedente inmediato es el de enero. Aquella adquisición de los terrenos de la UB marcó el patrón: compras escalonadas, sin intereses, para desbloquear proyectos que arrastran trámites desde hace años. El Campus Clínic-UB sigue, de hecho, pendiente de completar las distintas fases de planeamiento y tramitación. Nada garantiza que las obras empiecen en 2030 ni que el campus esté operativo en 2035, por mucho que el calendario oficial lo repita.

La otra cara de la moneda es el propio RACC. Una entidad centenaria que vende su sede histórica al sector público y se queda como inquilino hasta que la piqueta diga basta. Mateu lo ha presentado como servicio público; también es una buena operación financiera para un club que necesita reinventarse. No hay contradicción en reconocer las dos cosas a la vez.

Lo que observamos es un patrón que se repite en Cataluña: grandes equipamientos sanitarios y universitarios que avanzan a golpe de compra de suelo público, con calendarios que dependen más de la disponibilidad presupuestaria que de la técnica. Funciona. Pero conviene decirlo: cada anualidad comprometida es margen que se detrae de otras partidas.

El próximo hito será la tramitación urbanística del ámbito, que debe pasar por las distintas administraciones implicadas antes de que la maquinaria entre en la Diagonal. Hasta entonces, la Generalitat ya es dueña de los edificios y el RACC, de su tiempo.