Puigdemont descarta ser jefe de la oposición en el Parlament y aviva la pugna interna en Junts

El expresident alega que quien ha presidido la Generalitat no debe fiscalizar a sus sucesores. La decisión deja sin titular el control al Govern de Illa y abre la carrera por ocupar ese hueco en el grupo parlamentario.

Carles Puigdemont descarta ejercer como jefe de la oposición en el Parlament cuando regrese a Cataluña. Lo ha confirmado en una conversación con Jordi Basté en el programa Pla seqüència de La2Cat, y con ello zanja uno de los debates que llevan meses recorriendo los pasillos del grupo de Junts.

El expresident sostiene que no tiene sentido que quien ha presidido la Generalitat fiscalice después a sus sucesores. ‘No podría ejercer como tal, pero por otra parte, aunque pudiera, me parece que quien ha sido presidente de la Generalitat y ha ocupado la presidencia, que es una institución, no es correcto que vaya después a controlar al president, sea quien sea’, ha argumentado en la entrevista.

Hasta ahora, el partido había defendido que el escaño seguía vacante porque quien debía ocuparlo —el propio Puigdemont— permanecía en Bélgica desde hace nueve años. Un razonamiento que no convencía a la mayoría de los cuadros de la formación, que veía en esa vacante un déficit de control parlamentario sobre el Govern de Salvador Illa.

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Por qué el expresident renuncia a fiscalizar al Govern

La explicación es de naturaleza institucional. Puigdemont asegura que siempre ha querido preservar un ‘comportamiento institucional’ y que su renuncia responde a una cuestión de forma: la presidencia de la Generalitat, dice, es una institución que no debería quedar sometida al control ordinario de quien la ocupó antes.

El líder de Junts también ha detallado sus planes para el retorno, que sitúa después de las elecciones generales del 29 de noviembre. Reafirma su intención de hacer una gira por Cataluña para ‘conocer la realidad catalana de primera mano’ y admite que la distancia le ha pasado factura. ‘Hay un filtro de la distancia’, apunta. ‘La Cataluña de la que me fui no existe y hay una Cataluña que no conozco’.

El sillón del control al Govern seguirá vacío aunque su titular aterrice en Cataluña: Puigdemont no piensa sentarse en él.

En ese diagnóstico del país que se encontrará menciona cambios como la irrupción de los políticos influencers, la inteligencia artificial o una tasa de inmigración distinta a la de 2017. Sobre la amnistía, sostiene que su aplicación ya es ‘irreversible’. ‘Se ha cruzado el Rubicón’, ha llegado a decir.

El vacío que deja en el grupo parlamentario de Junts

La renuncia deja abierto el liderazgo del control al Govern y reordena el tablero interno de Junts en el Parlament. Sin Puigdemont al frente de la fiscalización, el grupo deberá decidir quién asume un papel que exige presencia constante en la Cámara y capacidad de confrontar con el Ejecutivo del PSC.

Junts Parlament

No es una decisión neutra dentro del partido. Junts lleva años conviviendo con una dirección política que opera desde Bélgica y un grupo parlamentario que trabaja en Barcelona. Ese desdoblamiento ha generado tensiones sordas que ahora, con el regreso sobre la mesa, pueden aflorar con más fuerza.

Lo que observamos es un movimiento que reordena expectativas en la formación. Puigdemont conserva la presidencia del partido y el liderazgo político, pero renuncia de antemano al instrumento más visible de confrontación diaria con el Govern. Quien ocupe ese hueco ganará peso interno, capacidad de marcar agenda propia y visibilidad ante el electorado.

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El precedente más cercano es el propio regreso fallido de agosto de 2024, cuando la cúpula diseñó una operación de presencia parlamentaria que acabó desactivada por el despliegue policial. Entonces, como ahora, la dirección jugó con la ambigüedad sobre el papel institucional de su líder. La diferencia es que hoy la amnistía ya está en marcha y el margen de maniobra es otro.

La paradoja no es menor. El mismo líder que rechaza fiscalizar al Govern desde el escaño anuncia una gira por todo el territorio para reconectar con la realidad catalana. Es decir, renuncia a la palanca institucional en la Cámara, pero reserva para sí la palanca política y territorial. Ese reparto de funciones exige un nombre que cubra el hueco parlamentario.

La lectura de un regreso que aún no tiene fecha

El expresident ha vuelto a repasar los detalles de su salida a Bélgica, de la que este mes de octubre se cumplen nueve años. Recuerda que se marchó vestido de traje por si lo detenían y había imágenes, y que ha intentado evitar la fotografía de ‘un presidente catalán esposado ante un juez español’.

Sobre el retorno fugaz de agosto de 2024, en plena investidura de Salvador Illa, explica que su intención era intervenir en el Parlament, aunque al constatar el blindaje policial activó el ‘plan B’ y optó por evadirse. Mantiene que quería denunciar que la ley de Amnistía, ya en vigor, no se estaba aplicando.

El primer destino al volver, al margen de la agenda institucional, será el cementerio de Amer para visitar la tumba de sus padres, y después su casa de Sant Julià de Ramis. Entre sus planes personales figura viajar a Japón, Corea del Sur y Estados Unidos, además de una visita a Madrid que da por hecha.

Queda por ver cómo encaja la renuncia en la estrategia de Junts para el próximo curso político. El partido afronta las generales del 29 de noviembre con Puigdemont como referencia exterior y con un grupo parlamentario que necesita nombre propio para el control al Govern. Esa decisión, más que la fecha del regreso, marcará el equilibrio interno de la formación.