EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Consejo Europeo ha cerrado este jueves once horas de cumbre sin acuerdo sobre el presupuesto de la UE para 2028-2034 y ha encargado a António Costa una nueva propuesta de compromiso antes del 26 de noviembre.
- ¿Quién está detrás? Alemania encabeza un bloque de seis países frugales que reclama recortes por debajo de los 1,6 billones propuestos por la presidencia irlandesa. España, junto al Sur y al Este, rechaza los tijeretazos.
- ¿Qué impacto tiene? Sin pacto antes de final de 2026, los actos legislativos no se adoptarán en 2027 y España, receptora neta de la PAC y los fondos de cohesión, no tiene garantizados los pagos a partir de enero de 2028.
El Consejo Europeo cierra once horas de cumbre sin acuerdo sobre el presupuesto de la UE 2028-2034. Los Veintisiete han encargado a António Costa una propuesta de compromiso que deberá llegar antes del 26 de noviembre, cuando se celebrará una cumbre extraordinaria dedicada al Marco Financiero Plurianual (el MFP, el plan de gasto de siete años que fija cuánto aporta y cuánto recibe cada Estado miembro).
La propuesta que ha muerto es la de la presidencia rotatoria irlandesa. El pasado sábado presentó un borrador de 1,6 billones de euros que suponía un recorte del 8% respecto al marco vigente. El texto no contentaba a nadie. Los frugales lo veían insuficiente; los países de la cohesión, un tijeretazo inaceptable. ‘En estos momentos, la propuesta de la Presidencia irlandesa no es suficiente para alcanzar un acuerdo. Tenemos que reducir el tamaño de este marco financiero plurianual’, ha declarado el primer ministro neerlandés, Rob Jetten.
El canciller alemán, Friedrich Merz, ha intentado dejar una puerta abierta: ‘Nuestras posiciones siguen estando muy alejadas, pero eso no significa que no podamos encontrar soluciones en noviembre y diciembre’. El primer ministro sueco ha sido mucho más rotundo. ‘No alcanzaremos un acuerdo este mes ni el próximo. Ni siquiera sé si será posible llegar a un acuerdo antes de que acabe el año. Sinceramente, creo que no tenemos prisa’.
Una fuente diplomática que pidió anonimato lo resumió con tres palabras: ‘Estamos estancados’. No hubo rueda de prensa. Tampoco comparecencia conjunta. La solución acordada consiste en encargar a Costa una cuarta propuesta —tras la de la Comisión Europea, la de Chipre y la de Irlanda— que intente aunar las posiciones de los dos bandos.
Quién frena, quién empuja y qué se juega España
El bloque frugal lo encabeza Alemania, pero no va solo. Países Bajos, Suecia, Austria, Dinamarca y Finlandia comparten la tesis de que Bruselas debe apretarse el cinturón. El primer ministro estonio, Kristen Michal, ha vaticinado pocos movimientos: ‘Probablemente, hoy y mañana todo el mundo mantendrá sus posiciones’. Enfrente, España, con los países del Sur y del Este, avisa de que los recortes ‘socavan’ el proyecto europeo.

Para España, lo que está en juego es concreto. Es una de las principales receptoras netas de fondos europeos: de la continuidad del próximo MFP dependen la PAC, los fondos de cohesión y los programas de I+D que sostienen a comunidades autónomas, agricultores y pymes. El propio Consejo Europeo advierte de que un acuerdo antes de que termine 2026 permitiría adoptar los actos legislativos en 2027, algo ‘necesario para garantizar que los fondos de la UE lleguen a sus beneficiarios sin interrupción a partir de enero de 2028’. Si la negociación se prolonga, España entra en zona de riesgo.
Berlín ya no necesita a París para marcar el tono en Bruselas: lidera en solitario el bloque que quiere encoger el presupuesto europeo.
En energía también se ha librado una batalla silenciosa. El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, llegó reclamando flexibilidad adicional para abaratar la factura: ‘Voy a pedir que las conclusiones incluyan una disposición que inste a la Comisión Europea a estudiar una flexibilidad adicional, para que podamos apoyar a nuestros ciudadanos y a las empresas que más lo necesitan’. No hubo medidas nuevas.
Italia, con el respaldo de Eslovaquia, Hungría, República Checa y Polonia, intentó retrasar hasta después de 2030 la entrada en vigor del ETS2 (el nuevo mercado de carbono que gravará la gasolina, el diésel y la calefacción de los edificios). España y Suecia exigieron que el apoyo a las empresas no suponga rebajar las exigencias contra el cambio climático. Se mantiene lo ya aprobado: prórroga del marco temporal de ayudas estatales, un marco para optimizar las refinerías y agregación voluntaria de la demanda energética.
El Eje del Poder Europeo
Lo que se ha visto en Bruselas no es un simple desacuerdo técnico sobre cifras. Es la foto de un tablero donde los bloques ya no se alinean como en la crisis del euro de 2010-2012, cuando Berlín y París dictaban la respuesta y el Sur acataba. Hoy Alemania conserva el timón, pero lo comparte con un grupo de frugales más amplio y más ruidoso.
Del otro lado, España ha dejado de ser convidado de piedra en el eje sur y ha montado alianza con Roma, Atenas, y Lisboa, además de un arco del Este que ya no es Visegrado puro: Polonia y la República Checa se sientan en la mesa de los que quieren abaratar la energía y retrasar el ETS2.
La jugada de Costa no es casual. Al atribuirse la nueva propuesta, el presidente del Consejo Europeo se sitúa en el centro de un pulso donde el Parlamento Europeo aún no ha fijado su posición formal y donde el calendario aprieta. La lectura a cinco años es clara: si el MFP 2028-2034 se cierra con recortes, el modelo de cohesión que sostiene a las regiones españolas menos desarrolladas entra en cuestión. Si se cierra con expansión, Berlín y los suyos exigirán a cambio más condicionalidad en el reparto y más margen fiscal en casa.
Hay un detalle que conviene no perder de vista. El comisario de Energía, Dan Jørgensen, ha advertido de que ‘si no abordamos los problemas que la gente considera más acuciantes… si no pueden pagar sus facturas a final de mes, existe el riesgo de que escuchen a populistas y extremistas. Es exactamente el argumento que España y el Sur emplean para defender el gasto social y la cohesión. Los frugales lo leen al revés: menos dinero en Bruselas, más margen en casa. Dos diagnósticos, un mismo problema.
La próxima cita es el 26 de noviembre. Costa tiene seis semanas para diseñar un texto que no tiene por qué gustar a más gente que el irlandés. Ni Suecia tiene prisa, ni Alemania una mayoría clara, ni España intención de mover ficha de sus exigencias. Dejémoslo en un ‘ya veremos’. Cosas que pasan en el club de los Veintisiete.

