Marco Rubio blinda la política exterior ‘America First’ en plena tensión transatlántica

El secretario de Estado defiende la doctrina en una entrevista grabada en el Departamento de Estado y sostiene que Washington no volverá a anteponer la ONU o el 'orden global' a sus intereses. El Gobierno español apuesta por una respuesta europea coordinada desde Bruselas.

Marco Rubio defiende la política exterior America First como ‘sentido común’ frente a sus críticos europeos. El secretario de Estado avisa de que Washington no volverá a poner los intereses globales por delante de los americanos. Lo dijo en una entrevista grabada el jueves por la mañana en el Departamento de Estado.

El secretario de Estado respondía así a la crítica más repetida en Europa, la que presenta la etiqueta como un repliegue. Su respuesta invirtió el marco. Si un candidato pidiera el voto prometiendo poner a Estados Unidos ‘segundo o tercero’, se preguntó, ¿cuántos votos sacaría? ‘Nadie hace eso, porque en el fondo todo el mundo entiende que nuestra política exterior tiene que ver con lo que es bueno para América’.

Rubio situó el origen de la doctrina en el discurso que Donald Trump pronunció ante la Asamblea General de la ONU, centrado en el uso del poder americano para avanzar los intereses americanos. De ahí extrajo su formulación más contundente: ‘Vamos a ponerlo por delante de la ONU. Vamos a ponerlo por delante del orden global al que mucha gente por aquí ha rendido culto durante mucho tiempo.

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La segunda mitad de la frase es la que más incomoda en Bruselas: ‘No estamos en contra de ninguna de esas cosas. Simplemente no vamos a ponerlas por delante de los intereses americanos nunca más’. Eso es doctrina, no retórica.

El secretario de Estado añadió que, si la Casa Blanca hubiera escuchado a los think tanks y a los editorialistas que llevan una década advirtiendo contra de la etiqueta, Estados Unidos sería hoy ‘una potencia media’. La frase tiene destinatario: la generación de funcionarios y académicos que diseñó la política exterior de la posguerra. Rubio también reconoció el matiz diplomático: cuando los intereses de Washington y los de un aliado no coinciden del todo, dijo, se gestionan con diplomacia.

America First no es una pose de campaña: es la doctrina que ha reorganizado la política exterior de Washington y la que marcará cada negociación con Europa.

Qué significa ‘America First’ cuando se convierte en política real

La expresión no la inventaron ni Trump ni Rubio. ‘America First’ fue el nombre del comité que, entre 1940 y 1941, se opuso a la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Aquel movimiento fracasó y quedó enterrado durante ochenta años. Su regreso en 2016 fue la constatación de que una parte del electorado del Partido Republicano había dejado de creer en el reparto de cargas de la posguerra.

En la práctica, la doctrina se traduce en tres carpetas: aranceles, gasto en defensa y condiciones de acceso al mercado americano. La herramienta comercial que sostiene la primera es la Section 232, el artículo de la ley de comercio de 1962 que permite al presidente imponer aranceles por razones de seguridad nacional sin pasar por el Congreso. Rubio no pronunció la palabra arancel en ese tramo de la entrevista, pero la lógica que describe es la misma que la Casa Blanca aplica desde 2018.

El pulso transatlántico que condiciona a España

Para España, la traducción es concreta. El mercado estadounidense absorbe en el entorno de 18.000 millones de euros en bienes españoles cada año. El aceite de oliva, el vino, la maquinaria y los componentes de automoción concentran buena parte de esa factura, y son los capítulos que quedaron expuestos cuando Washington activó los aranceles sobre el acero, el aluminio, y buena parte del vino y el aceite de oliva europeos.

Las empresas españolas con inversión consolidada en Estados Unidos miran la doctrina con otra óptica. Inditex o Iberdrola no negocian aranceles: negocian estabilidad regulatoria y acceso a contratos públicos.

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Para Santander o Ferrovial, el riesgo no está en un tipo arancelario concreto sino en la volatilidad de las reglas. La cuenta la paga otro.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha optado por una respuesta europea coordinada desde Bruselas y por evitar el choque frontal con la Casa Blanca, una línea que comparte con Berlín y que se separa del tono más duro de París. En defensa, España llega a la próxima cita de la OTAN con el horizonte de gasto acordado en La Haya para 2035. Nadie dijo que fuera gratis.

La Lógica de Washington

Hay una lógica detrás y conviene explicarla antes de valorarla. Lo que la Casa Blanca intenta resolver no es un problema de imagen, sino una cuenta contable: Estados Unidos financia un orden internacional del que se benefician otros. Ese diagnóstico sostiene una coalición muy concreta, la de los votantes industriales del Medio Oeste y del cinturón del óxido, y explica por qué la doctrina no se ha desgastado con los años.

El precedente americano es más antiguo de lo que parece. Ronald Reagan impuso en 1984 aranceles y cuotas al acero japonés por motivos de seguridad nacional, el mismo argumento que hoy sostiene la Section 232. Richard Nixon cerró la ventana del oro en 1971 sin avisar a sus aliados. La novedad de 2026 no es el método; es que la doctrina se ha vuelto explícita y se defiende en voz alta.

La incógnita es si una diplomacia que se define por intereses antes que por valores acaba erosionando la red de aliados que Washington necesita para competir con Pekín. Desde Madrid, el efecto práctico es que cada expediente bilateral deja de leerse como parte de una alianza y pasa a leerse como una transacción: del convenio de Rota y Morón al acceso del aceite de oliva al mercado americano.

El Gobierno español tiene margen. España no está en el centro del disparo arancelario, pero tampoco fuera de su radio. Lo que observamos es que Washington ha decidido jugar con las cartas boca arriba y que espera que Bruselas haga lo mismo.

Ficha del Caso

  • El caso: Marco Rubio defiende en una entrevista en el Departamento de Estado que la doctrina America First, lejos de ser un eslogan, ordena ya cada decisión de la política exterior estadounidense.
  • Datos clave: El secretario de Estado sostiene que Washington no volverá a anteponer la ONU o el ‘orden global’ a sus intereses; el mercado americano absorbe en el entorno de 18.000 millones de euros en bienes españoles al año.
  • Para España: sectores como el aceite de oliva, el vino o el automóvil seguirán expuestos a una negociación transaccional, mientras las grandes empresas españolas con inversión en Estados Unidos se juegan la estabilidad regulatoria más que el arancel.