La negociación de Rabat con Israel para adquirir misiles balísticos de precisión y el impulso a la fabricación de munición merodeadora amplían las capacidades ofensivas marroquíes y obligan a España a revisar sus necesidades de defensa aérea, vigilancia y protección de infraestructuras estratégicas.
Con todo esto, la modernización de las Fuerzas Armadas Reales de Marruecos ha entrado en una nueva fase. Según informa El Español, la posible incorporación de los misiles balísticos LORA, desarrollados por la compañía israelí Israel Aerospace Industries (IAI), y la expansión de los drones suicidas de tecnología israelí apuntan a un cambio que trasciende la tradicional rivalidad militar entre Rabat y Argel. Para España, el movimiento plantea interrogantes sobre la protección de sus territorios, sus bases militares y sus infraestructuras críticas en el sur peninsular, Canarias, Ceuta y Melilla.
La información publicada por el medio económico israelí Calcalist el 8 de octubre de 2026 apunta a que las negociaciones para vender los LORA a Marruecos se encuentran en una fase avanzada. Sin embargo, no debe confundirse una negociación con un contrato firmado ni con un sistema ya operativo en manos marroquíes.
La relevancia del posible acuerdo reside en las prestaciones del armamento. El LORA es un misil de ataque superficie-superficie diseñado para alcanzar objetivos a gran distancia con elevada precisión. Según las especificaciones publicadas por su fabricante, puede cubrir distancias de entre 90 y 430 kilómetros, con una precisión anunciada de aproximadamente diez metros. Su velocidad y su trayectoria cuasibalística están concebidas para reducir el tiempo de reacción del adversario.
No significa que Marruecos haya adquirido automáticamente la capacidad de amenazar cualquier punto de España, pero sí que una eventual incorporación de este sistema obligaría a estudiar con mayor detenimiento los escenarios de riesgo en el entorno del Estrecho y el Mediterráneo occidental.

LORA: un misil que amplía la capacidad de ataque en profundidad
El principal cambio que introduciría el misil LORA en el arsenal marroquí sería la posibilidad de atacar objetivos militares situados lejos de la línea de contacto. No se trata de un proyectil diseñado para combatir exclusivamente contra unidades terrestres en el campo de batalla, sino de un sistema concebido para golpear instalaciones cuyo valor resulta decisivo para las operaciones militares.
Entre sus posibles objetivos figuran aeródromos, centros de mando, sistemas de defensa antiaérea e infraestructuras militares. El fabricante destaca su capacidad para lanzarse desde plataformas terrestres móviles o navales, así como la rapidez con la que puede ejecutar un ataque una vez tomada la decisión de lanzamiento.
Para España, el problema no sería únicamente la distancia que puede recorrer el misil, sino la combinación de alcance, precisión y movilidad. La ubicación de los lanzadores podría cambiar y dificultar la identificación anticipada de una amenaza. Además, su velocidad supersónica y su trayectoria cuasibalística complicarían la respuesta defensiva, aunque no convierten al LORA en un arma imposible de interceptar.
La geografía importa. Desde determinadas posiciones del norte de Marruecos, un sistema con un alcance de varios cientos de kilómetros podría situar dentro de su radio de acción objetivos militares y estratégicos del entorno del Estrecho y del sur peninsular. La cobertura concreta dependería del punto de lanzamiento, de la configuración del sistema y de su alcance efectivo.
Canarias también aparece en el debate sobre las consecuencias estratégicas de este armamento, aunque no debe darse por hecho que todo el archipiélago quedaría al alcance desde cualquier emplazamiento marroquí. La distancia y la posición de las plataformas son determinantes.
La conclusión militar es que España tendría que contemplar un escenario en el que determinadas instalaciones ya no podrían considerarse alejadas de una amenaza de ataque de precisión. La respuesta no pasa necesariamente por desplegar sistemas equivalentes, sino por reforzar la defensa antimisiles, la alerta temprana, la dispersión de medios y la protección de infraestructuras críticas.

Los drones suicidas acercan la amenaza y abaratan el ataque
Si los misiles LORA representan una capacidad potencial de ataque a larga distancia, los drones suicidas SpyX introducen otro tipo de desafío. Marruecos ya ha avanzado en la producción local de estos aparatos mediante la cooperación con la empresa israelí BlueBird Aero Systems, integrada en el grupo Israel Aerospace Industries.
La planta de Benslimane, situada cerca de Casablanca, fue inaugurada en noviembre de 2025 para fabricar municiones merodeadoras SpyX. El proyecto va más allá de la compra de armamento terminado: implica desarrollar capacidades industriales y formar personal para producir y mantener estos sistemas en territorio marroquí.
El SpyX es un aparato ligero que puede permanecer en vuelo mientras busca o espera la identificación de un objetivo antes de lanzarse contra él. Según la información técnica publicada, tiene un alcance operativo de alrededor de 50 kilómetros, una autonomía aproximada de entre 90 minutos y dos horas y capacidad para transportar una carga explosiva de hasta 2,5 kilos.
Su importancia no reside en que pueda sustituir a un misil balístico, sino en que permite ejecutar ataques tácticos con un sistema relativamente pequeño y de menor coste que otras plataformas de combate. Puede amenazar vehículos, equipos militares y posiciones concretas, mientras obliga al adversario a mantener vigilancia y defensas activas sobre una superficie extensa.
La fabricación local añade un factor relevante: Marruecos puede aspirar a reducir su dependencia de las importaciones y aumentar progresivamente su capacidad de suministro. La magnitud real de esa ventaja dependerá del volumen de producción, de la disponibilidad de componentes, de las existencias acumuladas y de la preparación de sus unidades. No se conocen públicamente todos esos datos.
Para España, la proximidad geográfica de la fábrica no implica por sí misma una amenaza inmediata contra el territorio nacional. Sí pone de relieve que Marruecos está desarrollando capacidades industriales que pueden acortar los plazos de reposición y facilitar la expansión de su arsenal.
La experiencia de Ucrania y de otros conflictos recientes ha demostrado, además, que los drones de ataque pueden complicar las defensas tradicionales cuando se emplean junto con otros medios. El reto consiste en detectar aparatos de dimensiones reducidas, identificarlos y neutralizarlos sin consumir recursos defensivos desproporcionados.

España necesita adaptar su defensa al nuevo arsenal marroquí
La combinación de misiles de precisión y municiones merodeadoras obliga a considerar una amenaza más compleja que la planteada por las plataformas convencionales. No significa que Marruecos disponga de superioridad militar sobre España ni que exista una intención de utilizar estos sistemas contra territorio español. La modernización marroquí responde también a su rivalidad con Argelia y a su objetivo de consolidarse como potencia regional.
Sin embargo, la planificación de la defensa española no puede depender de que las relaciones diplomáticas con Rabat permanezcan estables. La protección de Ceuta y Melilla, las instalaciones militares del sur peninsular y las infraestructuras de Canarias requiere evaluar escenarios de riesgo con independencia de la situación política del momento.
Uno de los ámbitos prioritarios es la defensa aérea y antimisiles. España necesita combinar radares capaces de detectar amenazas a distintas alturas, sistemas de mando que integren la información y medios de interceptación adaptados a diferentes tipos de blancos. Un misil balístico y un dron ligero no exigen la misma respuesta, y utilizar armamento costoso contra aparatos baratos puede generar un problema de sostenibilidad si el adversario dispone de grandes cantidades.
También resulta esencial reforzar la guerra electrónica, las capacidades antidrones y la protección física de instalaciones estratégicas. La dispersión de aeronaves, la construcción de refugios, la redundancia de las comunicaciones y la capacidad de reparar rápidamente los daños pueden reducir las consecuencias de un ataque sin necesidad de garantizar la interceptación de todos los proyectiles.
La industria española tiene, asimismo, un papel decisivo. El desarrollo de drones nacionales, sensores, sistemas de mando y municiones de bajo coste permitiría reducir dependencias exteriores y responder a una amenaza que evoluciona con rapidez. La cooperación europea puede contribuir a financiar estas capacidades, pero la disponibilidad efectiva de los equipos y sus plazos de entrega serán tan importantes como los anuncios de inversión.
En última instancia, la posible compra de los LORA y la producción marroquí de drones SpyX reflejan dos dimensiones de un mismo proceso: la búsqueda de mayor capacidad de ataque de precisión y autonomía industrial. El primero ampliaría potencialmente la profundidad de los ataques; los segundos facilitarían operaciones tácticas y una mayor disponibilidad de munición.
El desafío para España consiste en anticiparse a esa evolución sin convertir cada adquisición marroquí en una amenaza inevitable. La negociación de los misiles todavía debe distinguirse de una compra confirmada, pero la producción de drones ya constituye un avance industrial tangible. Para las Fuerzas Armadas españolas, la prioridad debe ser traducir esa información en planificación, vigilancia, defensa antiaérea y capacidad de respuesta.
