El regreso de Toni Comín del exilio ya tiene nueva fecha: el domingo 25 de octubre por la mañana. El dirigente de Junts ha trasladado a su círculo más próximo que finalmente no cruzará la frontera el sábado 24, como había anunciado en una primera carta, y atribuye el cambio a ‘una serie de razones logísticas y organizativas —y, en parte, también meteorológicas—’.
El aviso ha llegado por WhatsApp, a los mismos destinatarios que recibieron la misiva inicial. En el mensaje, Comín sostiene que el plan se mantiene idéntico en lo esencial: entrará caminando, ‘recorriendo uno de los puertos que conecta la Catalunya Nord con la Catalunya del Sud’, acompañado de quienes quieran sumarse a la caminata.
Lo que sigue sin concretarse es todo lo demás. Ni punto de salida, ni hora, ni itinerario, ni lugar de llegada. El propio interesado avanza que los desvelará ‘muy pronto’ y abre la puerta a que acuda cualquiera: pide a sus interlocutores que lo hagan saber a ‘todas aquellas personas de vuestro entorno que puedan tener ganas de compartir este momento’.
Un regreso a pie, sin hora y sin punto de cruce
La elección del método no es un capricho. Comín argumentó en su primer mensaje que caminar es la única forma de pasar la frontera a la vez con todos los que quieran acompañarle. La frontera en cuestión separa la Catalunya Nord —el departamento francés de los Pirineos Orientales— del Alt Empordà, la Cerdanya y el Ripollès, y los pasos de montaña que la cruzan son carreteras estrechas, con puertos por encima de los mil metros y sin capacidad para absorber una comitiva numerosa.
Habrá que ver cuántos suben al puerto cuando se sepa el punto de encuentro.
Comín no vuelve por un calendario sentimental: vuelve por un escaño europeo que no podrá ocupar hasta que acate la Constitución.
La Junta Electoral le cita el 22, tres días antes de la vuelta
El problema de Comín no es la frontera. Es el papeleo. Para asumir el acta de eurodiputado debe prestar acatamiento a la Constitución ante la Junta Electoral Central, y su defensa había solicitado hacerlo el día 27, dos jornadas después del regreso. La respuesta llegó este viernes: le convocan para el 22 de octubre, tres días antes de la nueva fecha de vuelta. Tendrá, por tanto, que pedir otra cita y esperar a que el organismo vuelva a citarle.
El detalle revela poco margen de negociación. La Junta no ha adaptado su calendario al de un dirigente que aún no ha pisado España, y el trámite queda en el aire hasta que se resuelva la nueva convocatoria. Para Comín, cada día cuenta: sin ese papel no hay escaño.
Puigdemont espera al 29N y Lluís Puig no concreta
Comín es el primero de los tres exiliados que mueve ficha. El juez Pablo Llarena levantó las órdenes de detención que pesaban sobre él, sobre Carles Puigdemont, y sobre Lluís Puig, pero solo el dirigente de Junts ha puesto fecha al retorno. El president ha dejado entender que volverá después de los comicios del 29 de noviembre. El exconsejero de Cultura sigue sin concretar nada.
Por qué Comín tiene prisa y Puigdemont no
Hay una razón que explica la urgencia y que no tiene nada de épica: el escaño europeo. La trayectoria de Toni Comín incluye ya algún pulso idéntico con la administración electoral. Fue elegido eurodiputado en los comicios europeos de 2024 y no puede ocupar el acta hasta completar el trámite ante la Junta. Sin ese paso, su vuelta sería una puesta en escena sin consecuencias institucionales. Con él, Junts suma una voz con derecho a voto en Bruselas y Estrasburgo.
No es la primera vez que el acatamiento se convierte en un muro. En 2019, Puigdemont y el propio Comín se quedaron sin escaño europeo después de no completar el trámite ante la Junta Electoral Central: el organismo declaró vacantes sus actas y las reasignó a otros nombres de la candidatura. Aquel episodio dejó un aprendizaje amargo en el independentismo y explica por qué ahora cada detalle del protocolo se mide al milímetro.
El contraste con el resto de exiliados es la otra lectura política. Puigdemont no tiene ninguna prisa por volver antes del 29 de noviembre: su regreso sería un terremoto mediático en plena campaña y, si algo ha demostrado en estos años, es que prefiere controlar el cuándo. Lluís Puig, sin escaño ni cita electoral que le empuje, tampoco ha movido ficha. Comín, en cambio, tiene una ventana concreta y un incentivo muy claro.
Lo que observamos es menos épico de lo que sugiere la estampa del cruce a pie: tres regresos gestionados por separado, cada uno con su propio cálculo, y un grupo parlamentario que no acaba de coordinar su vuelta. Para el independentismo, la foto del 25 de octubre será potente. La letra pequeña, en cambio, sigue atascada en Madrid.
Quedan dos citas sobre la mesa. La primera, el 22 de octubre, fecha para la que la Junta Electoral le ha convocado y a la que, salvo sorpresa, no podrá acudir. La segunda, el domingo 25, en un puerto de montaña que nadie ha querido concretar todavía. Entre una y otra hay una frontera, un trámite y una campaña electoral en el horizonte. Nada de esto es casual.

