Trump estudia la MOAB contra Irán: el Pentágono prepara el ataque y Ormuz suma dos buques hundidos

El plan del Pentágono contempla la GBU-43/B contra instalaciones nucleares y energéticas de Irán, pero Trump ha atado cualquier ataque al día después de las legislativas del 3 de noviembre. Solo se ha usado una vez en combate, en Afganistán en 2017.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Pentágono tiene preparado un plan para atacar con la MOAB, la mayor bomba no nuclear de EE. UU., instalaciones nucleares y energéticas de Irán. Solo se activaría si Donald Trump autoriza reanudar los ataques.
  • ¿Quién está detrás? La Casa Blanca y el Departamento de Defensa, con el presidente de Estados Unidos atando cualquier decisión militar al calendario electoral del 3 de noviembre.
  • ¿Qué impacto tiene? Dos buques hundidos en el estrecho de Ormuz por proyectiles sin identificar elevan el riesgo sobre el crudo y el gas que mueven la economía española.

El Pentágono mantiene listo el plan para lanzar la MOAB contra Irán si Donald Trump da la orden.

Qué es la MOAB y en qué punto está el plan del Pentágono

Los objetivos sobre la mesa son instalaciones nucleares y de infraestructura energética, según el plan que detalla el Washington Examiner. El arma solo entraría en acción si el presidente autoriza reanudar las operaciones de combate.

El jueves por la noche, en una entrevista en Newsmax con el presentador Rob Finnerty, Donald Trump marcó la diferencia: ‘Es solo una bomba extremadamente grande. Es como una pequeña bomba nuclear’. Y añadió que EE. UU. no necesita recurrir al arma atómica contra Teherán porque, en sus palabras, ‘somos la mayor potencia nuclear del mundo’.

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La MOAB —Massive Ordnance Air Blast— pesa unas 21.000 libras, casi 9.500 kilos, de los que alrededor de 18.700 libras son explosivo. Su historial de combate se reduce a una sola misión: Afganistán, abril de 2017, contra un complejo de túneles del Estado Islámico. La madre de todas las bombas se guía por GPS, detona en el aire y arrasa estructuras con su onda de presión.

Desde aquel bombardeo funciona más como mensaje político que como herramienta táctica. Y el mensaje, en plena campaña electoral americana, va en dos direcciones: hacia Teherán y hacia el votante de casa.

La MOAB no está diseñada para ganar una guerra: es un argumento de negociación con forma de explosivo.

Ormuz, dos buques hundidos y la factura que llega a España

Por el estrecho de Ormuz sale cada día alrededor de una quinta parte del crudo que se consume en el mundo. Allí se han hundido dos buques alcanzados por proyectiles que nadie ha reivindicado. No hace falta un cierre formal del paso para que el mercado se ponga nervioso: basta con que suban las primas de seguro y los armadores empiecen a dar rodeos.

España no produce petróleo y cubre con importaciones casi todo su consumo. Cada escalón que sube el barril llega antes o después a los surtidores, al transporte de mercancías, y al recibo de la luz, porque el gas marca el precio mayorista de la electricidad. Las refinerías de Repsol —Cartagena, Bilbao, Puertollano, Tarragona, A Coruña— y el queroseno que reposta Iberia se compran en ese mismo mercado.

A eso se suma el frente logístico: fletes y seguros marítimos se encarecen en cada episodio de tensión en el golfo, y las empresas españolas que importan o exportan por esa ruta lo notan en la factura. Lo que observamos es que España llega con menos dependencia del gas de la región que Italia o Grecia, pero con la misma exposición al precio global del crudo. España no está en la mesa donde se decide el ataque; su palanca es Bruselas.

La Lógica de Washington

La pregunta que se hace el Pentágono no es cómo ganar una guerra, sino cómo terminarla. El conflicto con Irán cumple siete meses sin un cierre a la vista, y la Casa Blanca ha convertido la MOAB en una pieza de negociación: un arma que se filtra y se deja sobre la mesa como recordatorio. Trump ha repetido que los precios se desplomarán cuando el conflicto acabe. Su apuesta es escalar para poder desescalar.

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Hay precedente. En abril de 2017, también con Trump en el Despacho Oval, la MOAB se lanzó una sola vez en Afganistán: un golpe demostrativo, sin tropas sobre el terreno y de efecto militar limitado. Y la lógica de la escalada medida es antigua en el golfo: en 1988, tras el daño de una mina a la fragata Samuel B. Roberts, la Marina destruyó plataformas iraníes en la operación Praying Mantis sin abrir una guerra total. Washington sabe enviar mensajes caros sin cruzar todas las líneas.

La coalición que sostiene este enfoque es la que votó contra las guerras interminables: una base que tolera la fuerza puntual, pero no la ocupación, y un ala intervencionista que quiere cerrar el expediente iraní. El calendario manda. El 3 de noviembre se renuevan las dos cámaras del Congreso y el precio de la gasolina es el dato que más castiga a quien gobierna. De ahí que el presidente de Estados Unidos haya atado cualquier reanudación de los ataques al día después de las urnas.

Queda una incógnita técnica: la MOAB detona en superficie y las instalaciones más sensibles de Irán están enterradas bajo montañas, para lo que el arsenal estadounidense tiene otras herramientas. El mensaje es claro; la misión, menos. Lo próximo que hay que mirar es el 3 de noviembre y, después, si Teherán responde en el propio Ormuz, donde ya hay dos buques en el fondo.

Ficha del Caso

  • El caso: El Pentágono tiene preparado el uso de la MOAB contra instalaciones nucleares y energéticas de Irán en una guerra que cumple siete meses, a la espera de la orden de Trump.
  • Datos clave: La bomba pesa unas 21.000 libras (casi 9.500 kilos), con una cabeza de alrededor de 18.700 libras de explosivo. Se desarrolló en 2003 y solo se ha empleado una vez en combate, en Afganistán en abril de 2017. Las legislativas americanas se celebran el 3 de noviembre.
  • Para España: Sin crudo propio ni presencia en la mesa donde se decide el ataque, la exposición española es energética y logística: un barril más caro y unos fletes al alza se trasladan a carburantes, transporte y recibo de la luz.