El cribado de cáncer de pulmón en Catalunya dará su primer paso real en septiembre u octubre de 2027. Será en un grupo reducido de municipios aún por decidir y con un requisito de entrada muy concreto: personas mayores de 60 años que hayan fumado al menos un paquete diario durante 30 años.
La medida llega dentro del Pla Director d’Oncologia 2027-2030, que el Departament de Salut prevé aprobar a principios del próximo año. Con ella, el de pulmón se convertirá en el cuarto tumor con programa de cribado en Catalunya, después de mama, cérvix y colorrectal. La diferencia es que este llega sin dotación presupuestaria cerrada y con un sistema sanitario que arrastra carencias de profesionales en varias especialidades.
Quién entra, con qué prueba y por qué solo unos municipios
El criterio inicial es el de mayor riesgo. Josep Maria Borràs, director del Pla Director d’Oncologia del Departament de Salut, lo resume así: ‘Consideramos que es mejor comenzar por la población de riesgo más alto’. La evidencia disponible sitúa el umbral de efectividad a partir de los 50 años con un historial de 20 años fumando un paquete diario, o su equivalente: medio paquete durante cuatro décadas.
La prueba es una tomografía computarizada de baja dosis, es decir, un TAC con baja radiación. La viabilidad en la sanidad pública se está midiendo ahora en el estudio europeo 4-In-The-Lung-Run, financiado por la Comisión Europea y con unas 25.000 personas participantes, en el que participa el Institut Català d’Oncologia. En España solo han tomado parte dos centros: el Hospital del Mar de Barcelona y el de Bellvitge, en L’Hospitalet de Llobregat. El liderazgo del proyecto corresponde al hospital Erasmo de Róterdam.
Los primeros resultados arrojan dos datos que condicionan todo el diseño. En un 5% de los mayores de 60 años con tres décadas de tabaquismo se detectan estructuras pulmonares que pueden ser cáncer; algunas no lo son, pero todas exigen seguimiento. Y en cerca del 40% de los participantes el TAC ha encontrado otros problemas de salud, como daños en las arterias coronarias o lesiones pulmonares que no son tumorales.
El cribado no salva vidas por hacerse, sino por hacerse bien: sin radiólogos ni TAC suficientes, la espera se vuelve el verdadero factor de riesgo.
El cuello de botella: máquinas, radiólogos y 3.600 muertes al año

El de pulmón es el tumor con más mortalidad en Catalunya: unas 3.600 muertes anuales. No es por una agresividad excepcional, sino porque en demasiados casos se diagnostica cuando la enfermedad ya está avanzada. El diagnóstico precoz y las terapias nuevas han cambiado el pronóstico hasta el punto de que hoy un porcentaje alto de pacientes se puede curar o cronificar.
Con ese punto de partida, el aviso de Borràs pesa: ‘este es un cribado costoso y que tiene un impacto importante sobre el sistema sanitario’. Las limitaciones son materiales. Faltan máquinas de TAC de baja dosis, faltan radiólogos para leer las imágenes y falta circuito asistencial para absorber ese 40% de hallazgos incidentales, desde daños coronarios hasta lesiones que no son cáncer pero requieren control. Es un volumen de población que el sistema sanitario tiene que poder absorber en en los próximos años.
Queda una variable que puede cambiarlo todo: la frecuencia. Los estudios previos han demostrado que repetir el TAC cada año reduce la mortalidad. Si el estudio europeo concluye que cada dos años el beneficio es equivalente, el Pla Director d’Oncologia propondría espaciarlo. Los resultados se esperan antes de final de año, es decir, en cuestión de semanas.
Lo que este anuncio revela del modelo sanitario catalán
Analizamos esta decisión como lo que es: un movimiento de política sanitaria que llega antes por la vía del anuncio que por la del presupuesto. Catalunya tiene tres cribados consolidados —mama, cérvix y colorrectal— construidos durante años con invitación poblacional, registro y seguimiento. El de pulmón es el primero que exige una infraestructura tecnológica pesada y personal especializado escaso. Ahí es donde los programas se rompen.
El precedente más útil no está en oncología, sino en cómo se han desplegado históricamente estos programas en el territorio: empezar por un área concreta, aprender del piloto y extender después. El problema es la velocidad. El calendario oficial no va más allá de 2027 —arranque en septiembre u octubre y extensión ‘a medida que los recursos lo permitan’—, y ese margen abierto es exactamente el tipo de compromiso que se diluye cuando llega el primer ajuste presupuestario.
Hay un dato que conviene no perder de vista. Un programa de cribado no es una prueba suelta: es una cadena de citas, lecturas radiológicas y controles que debe funcionar durante años sin descuelgues. Si la cadena se rompe, el cribado genera ansiedad sin generar beneficio. Y con la presión asistencial actual en la atención primaria y en radiodiagnóstico, la cadena empieza con holgura escasa.
El siguiente hito es la aprobación del Pla Director d’Oncologia 2027-2030 a principios del próximo año. Después, el Consell Executiu tendrá que decidir si pone dinero y cuánto, porque las conclusiones del estudio europeo sobre la periodicidad del TAC condicionan directamente el coste. La pregunta que queda sobre la mesa no es si el cribado de pulmón funciona —la evidencia dice que sí—, sino si Catalunya está dispuesta a financiar la infraestructura que hace falta para que funcione de verdad. Con 3.600 muertes al año, el debate no admite mucha prórroga.

