Volotea suma un nuevo frente en su preconcurso de acreedores: Aegean cambia de CEO

El hasta ahora director financiero Michalis Kouveliotis toma el mando de la aerolínea griega, que lidera una ampliación de capital de 56 millones para quedarse con la 'low cost' catalana. Los bancos y la SEPI tienen la última palabra sobre un calendario sin fechas públicas.

El preconcurso de acreedores de Volotea afronta un nuevo giro en plena negociación. Aegean Airlines, su principal socio y acreedor de referencia, ha relevado a su consejero delegado después de dos décadas con Dimitris Gerogiannis en el puesto.

El relevo en Aegean que llega en el peor momento para Volotea

El elegido es Michalis Kouveliotis, hasta hace unas semanas director financiero de la aerolínea griega y viceconsejero delegado en los últimos meses. No es un nombramiento improvisado: la transición llevaba tiempo preparándose y responde a un perfil muy concreto. Finanzas, no operaciones.

Aegean ya ha comunicado al mercado que las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y el encarecimiento del combustible limitan su capacidad de crecimiento para el próximo ejercicio. Ese contexto explica el cambio de mando. Quien negocia una reestructuración de deuda quiere a un hombre de números en la primera silla, y Kouveliotis lleva la dirección financiera de la compañía desde antes de que esta cotizara en la Bolsa de Atenas.

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56 millones y un cambio de manos: el plan para rescatar Volotea

El plan que encabeza Aegean, según adelantó Crónica Global, pasa por capitalizar parte de la deuda de Volotea mediante una ampliación de capital de 56 millones de euros suscrita con compensación de créditos. Después llegarían ampliaciones dinerarias adicionales. Si sale adelante, el control de la aerolínea cambiará de manos: de los fundadores y el equipo directivo —Carlos Muñoz y Lázaro Ros entre ellos, con algo más de la mitad del capital— a la compañía griega.

En paralelo, Volotea negocia con la banca acreedora el visto bueno al plan y mantiene conversaciones con la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) por el préstamo de 200 millones de euros concedido en su día. La aerolínea fue una de las rescatadas por el fondo articulado para auxiliar a empresas consideradas estratégicas y golpeadas por la crisis del Covid-19.

El rescate de Volotea no se decide en Barcelona: se decide en Atenas y en los despachos de la banca acreedora.

Bases cerradas, 300 vuelos menos y el aviso de los consumidores

Mientras se negocia el futuro, el presente se estrecha. Volotea ha cerrado bases internacionales en Brest (Francia), Palermo y Nápoles (Italia), ha anunciado un recorte de flota, ajustes de empleo en la sede operativa de Barcelona y más de 300 cancelaciones de vuelos de la programación de invierno.

El consejero delegado sostiene que la compañía seguirá operando con normalidad pese a la situación preconcursal. Las asociaciones de consumidores no lo ven igual. Facua ha ido más lejos que el resto y ha recomendado directamente no adquirir billetes de Volotea mientras no se aclare la viabilidad de la aerolínea, una advertencia poco habitual en el sector y que pesa sobre la temporada de invierno.

Lo que se juega Cataluña si Volotea no llega a puerto

Volotea se fundó en Cataluña, aunque hace años trasladó su sede social a Asturias. La base de Barcelona y la actividad asociada siguen formando parte del mapa. La historia de la compañía explica buena parte de su modelo: crecimiento rápido con bases en ciudades medianas, márgenes ajustados y una dependencia total del coste del combustible. Cuando el queroseno sube, ese esquema se rompe antes que en una aerolínea de red.

El precedente inmediato es el propio fondo de la SEPI, un instrumento que nació para evitar quiebras y que ahora afronta una de sus devoluciones más incómodas. El Estado es acreedor de 200 millones y, a la vez, parte interesada en que la aerolínea siga volando. Esa doble condición retrasa decisiones y complica cualquier calendario.

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El riesgo tiene nombre: que el calendario se cruce. Cambiar al primer ejecutivo en plena reestructuración envía una señal —la operación importa— pero también abre una ventana de revisión que nadie controla. Si la banca tarda, si la SEPI endurece condiciones o si el invierno se complica con nuevas cancelaciones, el plan de 56 millones puede llegar tarde. Y un preconcurso no espera.

El siguiente hito es doble: el visto bueno de los bancos acreedores y el acuerdo con la SEPI sobre el calendario del préstamo. Ninguno de los dos tiene fecha pública. Mientras tanto, el invierno avanza, las bases se apagan y los pasajeros deciden si compran o miran hacia otra aerolínea.