Los menores tutelados en Galicia se enfrentan a la soledad no deseada con un sistema de protección «saturado»

Un estudio de la Fundación ONCE cifra en uno de cada cuatro los jóvenes de 16 a 29 años que se sienten solos en España. Igaxes reclama programas que acompañen más allá de los 18 años.

Los menores tutelados de Galicia se topan con la soledad no deseada cuando el sistema deja de sostenerlos: a los 18 años.

La advertencia no viene de un despacho. Viene de quienes acompañan a estos chicos cada día: los equipos de protección al menor en Galicia avisan de que el sistema está saturado y deja fuera a quien lo necesita. En paralelo, un think tank impulsado por Igaxes, ONG de apoyo a la infancia y la juventud en riesgo, ha reunido en Santiago de Compostela a expertos y a jóvenes que han pasado por el sistema para abordar un aislamiento que hasta ahora nadie había medido: la soledad no deseada de quienes crecen tutelados. La cita coincidió con el 25 aniversario de la entidad.

De la paradoja digital a un problema de salud mental

La idea instalada dice que la soledad es cosa de mayores. Los datos la desmienten. Un estudio de la Fundación ONCE, con la colaboración de Ayuda en Acción, publicado en 2024, concluía que una de cada cuatro personas de 16 a 29 años se siente sola y que el 75% de ellas llevaba así más de un año. Al 69% le había ocurrido alguna vez. Valentín Escudero, profesor de Psicología y director de la Unidad de Investigación en Intervención y Cuidado Familiar, vinculada a la Universidade da Coruña, lo resume con una paradoja: cuanto más conectado está el mundo, más fácil resulta sentirse fuera de él.

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Escudero lo explica con precisión de investigador: «La sensación subjetiva de no formar parte es un fenómeno creciente, precisamente por esa paradoja». Y añade el factor que convierte la soledad en riesgo: en quienes han vivido una infancia con adversidad severa, esa sensación no es un estado de ánimo, es un factor de riesgo de depresión y de conducta suicida. El trabajo, dice, debe orientarse a construir pertenencia antes que a corregir conductas.

Ahí está la distancia entre un joven con familia y un joven tutelado. Carlos Rosón, director de Igaxes, señala que las consecuencias son más intensas en quienes no tienen un entorno acogedor: «Muchas veces vienen de una situación traumática, han tenido ya un abandono muy profundo. Y un nuevo abandono social tiene una influencia transversal en su vida». Afecta a la toma de decisiones, a la motivación, a la salud mental y a la formación.

El sistema acompaña a estos jóvenes hasta los 18 años y después les pide una autonomía que a nadie más se le exige a esa edad.

El caso de Ludmila Sanches ilustra el mecanismo mejor que cualquier informe. Vivió en un piso con otros menores tutelados y se trasladó a A Coruña para cursar un ciclo de Integración Social. Ahí conoció una soledad que antes no existía. Los primeros meses fueron bien; después llegó la comparación: «Yo el fin de semana, al final, me quedo aquí, mientras que ellos se van con la familia, hacen churrascadas». Entró en un bucle en el que sentirse aislada la llevó a aislarse más, encerrada en su habitación. Dejó el ciclo cuando le faltaban dos asignaturas.

El precipicio de la mayoría de edad

El momento crítico no fue la adolescencia. Fue dejar el piso compartido. En aquella vivienda, cuenta, nadie sentía soledad; al salir, todos afrontaron el miedo de sostener una vida adulta con 18 años, o con los primeros de la veintena, sin red que amortiguara los reveses. El programa Mentor, una de las insignias de Igaxes, acompaña esa transición hacia la emancipación.

soledad no deseada

Rosón y Escudero coinciden en el diagnóstico de fondo: la sociedad espera de un chico tutelado una emancipación a los 18 que no exige a nadie más. «En la sociedad más normativa no hay una expectativa de que a los 18 años nadie vuele por su cuenta», insiste el profesor. De ahí dos propuestas: programas personalizados que vayan más allá de la mayoría de edad, y la posibilidad de volver al sistema de protección si hay un revés, tal y como plantea el director de Igaxes. Nada de eso, subraya, se sostiene «sin buenos recursos», y estos deben ser públicos.

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El Laboratorio Gallego

Hay una particularidad gallega que conviene no perder de vista. La protección a la infancia es competencia autonómica: la Xunta la gestiona a través de su consellería de política social y con presupuesto propio. El PPdeG gobierna con mayoría absoluta desde 2009, de modo que el diseño del sistema y su financiación dependen del Ejecutivo autonómico más que de ningún pacto. Eso sitúa la alerta de los equipos —el sistema está saturado— en el terreno de la responsabilidad institucional, no de la anécdota. BNG y PSdeG tienen en el Parlamento de Galicia la vía ordinaria para reclamar refuerzos y comparecencias, y el asunto interpela a los 75 diputados por igual.

La lectura nacional es casi automática. El estudio que sitúa a uno de cada cuatro jóvenes de 16 a 29 años en soledad no deseada es estatal, y la paradoja de la hiperconexión no se detiene en Ourense. Lo que Galicia está haciendo con este debate es adelantar un problema que otras comunidades aún no han nombrado: qué ocurre con los jóvenes que salen del sistema sin red. Con 25 años de recorrido, Igaxes ha puesto sobre la mesa una pregunta incómoda que interpela a cualquier gobierno, aquí y en Madrid: si la mayoría de edad es solo un papel, retirar el apoyo justo en el peor momento resulta difícil de explicar. La proyección depende de los próximos presupuestos autonómicos: ahí se verá si los equipos se refuerzan o si la saturación se consolida como norma.

Ficha del Caso

  • El caso: Un think tank impulsado por Igaxes aborda en Santiago la soledad no deseada de los menores tutelados mientras los equipos de protección de Galicia alertan de un sistema saturado.
  • Datos importantes: Una de cada cuatro personas de 16 a 29 años se siente sola en España (Fundación ONCE, 2024); el 75% lleva más de un año así y el 69% lo ha vivido alguna vez. La protección institucional decae a los 18 años. Igaxes cumple 25 años y mantiene el programa Mentor.
  • Resumen: La soledad no deseada deja de ser un asunto de mayores y entra en el sistema de protección gallego, con la vista puesta en extender el acompañamiento más allá de la mayoría de edad.