La planificación eléctrica valenciana que tramita el MITECO reserva 3,8 GW de demanda adicional hasta 2030 para la industria cerámica de Castellón, la producción de hidrógeno y las nuevas viviendas. El refuerzo de red previsto duplica la media nacional.
El secretario de Estado de Energía, Joan Groizard, y el vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y Recuperación de la Generalitat Valenciana, Vicente Martínez, se reunieron el 15 de octubre para analizar las modificaciones de la Propuesta de planificación del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. La cita forma parte de la ronda de contactos con las comunidades autónomas que el ministerio está celebrando por orden protocolario para exponer los cambios del documento, aún en tramitación.
El texto llega depurado tras estudiar 2.566 alegaciones presentadas en la fase de audiencia. Y ahí aparece el primer detalle que separa este plan de un simple anuncio de renovables: lo que se discute no es cuántos megavatios se instalan, sino cuántos pueden conectarse. Sin capacidad de red no hay electrificación industrial posible, por mucha potencia solar que haya detrás del contador.
Las cifras de obra lo confirman. La propuesta contempla la construcción de siete nuevos parques de subestaciones, actuaciones en la mayoría de las existentes, 754 kilómetros de líneas nuevas y la repotenciación de otros 718 kilómetros de tendidos para elevar su capacidad. A ello se añaden 15 nuevas posiciones incorporadas después de la audiencia, la mayoría destinadas a reforzar las redes de distribución y habilitar conexiones para industria, vivienda e hidrógeno.
¿A quién atiende esa capacidad? Principalmente a la industria, incluida la electrificación de plantas ya existentes como la cerámica de Castellón, y a la producción de hidrógeno verde. El peso de las nuevas promociones inmobiliarias es muy relevante en comparación con otros territorios, y también despuntan la electrificación portuaria y el transporte terrestre.
La red no genera electricidad, pero sin ella ninguna fábrica puede electrificar sus hornos: el cuello de botella de la descarbonización industrial se llama subestación.
La letra pequeña del plan: 2,6 GW para renovables y 850 MW de bombeo
El documento no solo amplía capacidad para el consumo. También abre la puerta a nueva generación: 2,6 GW de acceso para renovables, la mayoría para instalaciones solares en régimen de autoconsumo, y 850 MW para almacenamiento, con la hidroeléctrica reversible como tecnología protagonista. Esa es la combinación que permite a una fábrica electrificar su proceso sin quedar expuesta al precio del gas en cada hora del día.

📊 Impacto ecológico en cifras
- Demanda adicional: 3,8 GW de capacidad de red hasta 2030 para industria, hidrógeno y vivienda nueva.
- Infraestructura: 754 kilómetros de líneas nuevas, 718 repotenciados y siete parques de subestaciones.
- Generación y almacenamiento: 2,6 GW de acceso renovable y 850 MW de bombeo reversible.
- Equivalencia: el refuerzo de líneas en la Comunitat duplica la media nacional, según el documento del MITECO.
Entre las actuaciones declaradas preferentes está el eje Sur-Levante-Aragón, clave para vertebrar la red de transporte, junto a varias intervenciones para maximizar la interfaz entre transporte y distribución, que es la frontera donde se conectan Red Eléctrica y las distribuidoras. Esa etiqueta de proyecto preferente no es cosmética: ordena qué se construye primero cuando los plazos y los permisos se cruzan.
Capacidad de acceso no es capacidad de red
Conviene separar dos conceptos que el lenguaje del sector mezcla con frecuencia. La capacidad de acceso es el permiso administrativo para conectar; la capacidad de red es la infraestructura física que debe existir para que esa conexión funcione. Una planta puede tener derecho a conectarse y no tener todavía la línea que la alimente. De ahí que los 15 nuevos puntos de conexión y los 754 kilómetros de tendido sean la parte menos vistosa del plan y, a la vez, la única que decide algo.
El calendario es la parte incómoda. El horizonte es 2030, dentro de cuatro ejercicios, y el documento sigue en tramitación: es una propuesta de planificación, no una obra adjudicada. La diferencia importa, y mucho. La planificación fija dónde se puede conectar y en qué orden se construye; la ejecución depende después de permisos, licitaciones y de un suministro de equipos eléctricos que no siempre acompaña al ritmo administrativo.
Lo que se juega Castellón: hornos eléctricos, hidrógeno y una red que llega a 2030
En Castellón el cuello de botella tiene nombre: hornos. La cerámica es un proceso continuo, con una demanda eléctrica plana y muy alta, y electrificarla exige potencia firme en el punto de conexión, no solo un contrato con energía verde. Vale igual para el hidrógeno: un electrolizador es un consumidor industrial que no admite intermitencias en la acometida. Sin esos 3,8 GW, la alternativa es seguir quemando gas.
Aquí es donde el plan conecta con la normativa europea. Las empresas que reportan bajo la CSRD necesitan justificar su consumo energético y sus emisiones de alcance 2 con datos verificables, y la Taxonomía Verde exige que la inversión declarada como sostenible sea real. Un punto de conexión nuevo vale más que un informe: es la prueba física de que la electrificación existe. El efecto dominó llega a toda la cadena, porque si la cerámica cambia sus hornos, sus proveedores de esmalte, logística y embalaje ajustan también su propio consumo.
La posición es defendible: el plan es necesario, pero llega con la industria ya tensionada por el coste energético y con decisiones de inversión que se toman antes de que la infraestructura esté lista. Si la capacidad no acompaña, la fábrica no espera. O se queda en gas, o se va. La transición se mide en subestaciones y en kilómetros de tendido, no en comunicados: el compromiso a 2030 no es la acción de 2027.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: 3,8 GW de demanda conectable y 850 MW de almacenamiento que permiten electrificar procesos hoy alimentados con gas natural.
- Modelo que cambia: la red deja de dimensionarse solo para el pico de consumo y empieza a planificarse para la industria que quiere descarbonizarse.
- Para las próximas generaciones: 754 kilómetros de líneas nuevas decidirán qué fábricas pueden operar sin combustibles fósiles en 2030.
