La presa de Eiras está al 44,6% de su capacidad. Abel Caballero ha pasado de la alerta a la instrucción: exige a la Xunta de Galicia (el gobierno autonómico, con sede en Santiago de Compostela) que aplique el caudal ecológico previsto para sequías y ha pedido por carta a las grandes empresas de Vigo que recorten el agua.
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La presa de Eiras, que abastece a Vigo, ha bajado al 44,6% y pierde tres puntos en una semana; el Concello (el ayuntamiento) calcula agua para unos 50 días sin restricciones.
- ¿Quién está detrás? El alcalde Abel Caballero, que reclama a la Xunta el caudal ecológico de sequía y escribe a los grandes consumidores industriales; la Xunta sostiene que hay agua hasta final de año.
- ¿Qué impacto tiene? Un pulso institucional en plena sequía con Vigo como escaparate: el municipio más poblado de Galicia y uno de sus motores industriales.
Una carta a los grandes consumidores y un embalse que pierde tres puntos por semana
Caballero no habla de hipótesis. En el comunicado remitido a los medios, el regidor dibuja el escenario con una frase seca: «No hay previsiones de lluvia suficiente para rellenar la presa de Eiras». La frase tiene truco: en Galicia las previsiones caducan cada seis horas y los modelos se consultan en MeteoGalicia, no en los despachos. Ya no es solo el parte meteorológico: es la aritmética del embalse.
El paso siguiente fue la carta. «. «Ya lo envié otras veces y siempre reaccionan de acuerdo con las necesidades de la ciudad», añadió. En Vigo, con la factoría de Stellantis en Balaídos, y un complejo portuario y conservero de primer orden, ese gesto —una carta— es la palanca más blanda disponible , aunque no la única posible.
Los números explican la prisa. Eiras bajó más de lo esperado y se colocó en el 44,6% de su capacidad, tres puntos menos en apenas siete días. A ese ritmo, y si la sequía continúa, habría agua para unos 50 días sin racionar, y para el doble aplicando recortes, según los cálculos del Concello. La cuenta sitúa el límite en la primera semana de diciembre. La Navidad, este año, también se mide en hectómetros cúbicos.
El pulso con la Xunta por el caudal ecológico
El segundo frente es autonómico. Caballero pide a la Xunta de Galicia que «aplique el nivel de caudal ecológico correspondiente a las sequías» y critica que el Gobierno autonómico se niegue a rebajarlo mientras garantiza agua suficiente. «Ojalá pudiéramos decir que va a llover», lamentó. La Xunta sostiene que el abastecimiento está cubierto al menos hasta final de año. Dos administraciones, dos relojes.
En Vigo la sequía no se dirime en los embalses, sino en quién tiene la competencia para decidir cuánta agua se queda el río y cuánta llega al grifo.
Conviene precisar qué se discute. El caudal ecológico es el volumen mínimo que debe circular por un cauce para mantener vivo su ecosistema, y en Galicia lo fija la Xunta a través de Augas de Galicia. Bajarlo en sequía es legalmente posible y políticamente delicado: libera recursos para el abastecimiento urbano, pero compromete el estado de los ríos. Caballero reclama que se active el nivel previsto para escenarios de escasez; la Xunta responde que no hay motivo técnico para tocar el régimen mientras el sistema aguante.

El terreno es, además, competencialmente resbaladizo. Vigo es el municipio más poblado de Galicia y uno de los grandes motores industriales del noroeste, pero su abastecimiento depende de infraestructuras y autorizaciones que se deciden en Santiago. Cuando el alcalde escribe a las empresas y el Gobierno autonómico responde con previsiones, lo que se dirime es quién asume el coste político de la primera restricción. Esa restricción, cuando llegue, no será una carta.
El Laboratorio Gallego
En clave gallega, el episodio ordena las piezas de siempre. El PPdeG (el Partido Popular de Galicia) gobierna la Xunta con Alfonso Rueda al frente y 40 de los 75 escaños del Parlamento de Galicia (la cámara legislativa unicameral gallega), y administra la competencia del agua; el PSdeG (la federación gallega del PSOE) tiene en Vigo su plaza más simbólica, con un alcalde que encadena mayorías absolutas desde 2007; y el BNG (el Bloque Nacionalista Galego), primera fuerza de la oposición, ocupa el espacio del que exige anticipación. Ninguno tiene incentivos para ceder con la cita autonómica de 2028 en el horizonte.
La lectura nacional está servida. El agua es uno de los pocos asuntos en los que el PP y el PSOE se enfrentan con modelos completos, y Caballero es uno de los alcaldes socialistas con más proyección mediática de España: cada comparecencia suya sobre la sequía viaja fuera de Galicia. La Xunta, mientras, defiende una gestión basada en la eficiencia de las redes, un argumento que el PP ha hecho suyo en el debate nacional del agua. Cuando Alberto Núñez Feijóo reivindica en Madrid el modelo gallego como aval de gestión, la política hídrica forma parte de ese escaparate. Los avales se juzgan cuando llega la sequía.
Queda la proyección, la parte incómoda. El reloj del Concello marca 50 días; el de la Xunta, el 31 de diciembre. Entre ambos hay una variable que nadie controla —la lluvia— y dos decisiones que sí: si Galicia activa formalmente un escenario de sequía y si las empresas reducen su demanda por convicción o por obligación. La próxima cita está en el Consello de la Xunta, el ejecutivo semanal del Gobierno gallego, y su réplica en la junta de gobierno local del Concello. Si en tres semanas no ha llovido, la carta habrá dejado de ser una carta.
Ficha del Caso
- El caso: La sequía deja la presa de Eiras, que abastece a Vigo, al 44,6% de su capacidad y el alcalde Abel Caballero reclama a la Xunta el caudal ecológico de sequía mientras pide a las empresas que limiten su consumo.
- Datos importantes: Eiras pierde tres puntos en siete días; el Concello estima agua para unos 50 días sin racionar, el doble con recortes, y la Xunta garantiza suministro al menos hasta final de año. El caudal ecológico lo fija la Xunta vía Augas de Galicia.
- Resumen: Un pulso entre Concello y Xunta por la competencia del agua en plena sequía, con Vigo como escaparate industrial y la política hídrica gallega conectada al debate nacional del PP y el PSOE.
