El Ejército de EE. UU. adjudica 464,8 millones a láseres antidrón de menos de 10 dólares por disparo

El contrato de septiembre cubre más de 26 sistemas LOCUST X3 integrados en vehículos ligeros. La primera entrega llegará entre julio y septiembre de 2027 y la capacidad operativa, a comienzos de 2028.

El Ejército de EE. UU. adjudica 464,8 millones a un láser que derriba drones por menos de 10 dólares el disparo.

El contrato se cerró en septiembre y tiene un nombre que conviene retener: LOCUST X3. Lo fabrica AeroVironment, empresa californiana de drones conocida hasta ahora por sus sistemas de reconocimiento. El Ejército lo presentó el 2 de septiembre como su primer contrato para producir un arma láser de alta energía. El paquete cubre más de 26 sistemas.

Qué ha comprado el Ejército: 26 láseres de 30 kilovatios y un disparo de 10 dólares

El LOCUST X3 es un láser de 30 kilovatios. Su munición es electricidad, y ahí está la gracia: el coste por disparo se queda por debajo de los 10 dólares, según la documentación que la compañía difundió junto al contrato. John Garrity, vicepresidente de energía dirigida de la firma, lo resume con una imagen doméstica: cada disparo cuesta ‘menos que un café’. En energía, no en hardware.

Publicidad

El diseño es modular y eso importa: los soldados harán mantenimiento a nivel de unidad sin devolver el equipo a fábrica. La primera entrega está comprometida para el último trimestre del año fiscal 2027, es decir, entre julio y septiembre de 2027. La plataforma es el Joint Light Tactical Vehicle, el blindado ligero de ruedas. Los mandos reunidos en la feria anual del Ejército en Washington situaron la capacidad operativa contra drones a comienzos de 2028.

El problema que nadie quería mirar: misiles de un millón contra drones de mil

El 5 de octubre, el Pentágono seleccionó tres láseres —uno de ellos, el de AeroVironment— y el Leonidas de microondas de alta potencia de Epirus para un programa piloto antidrón en bases estadounidenses. El objetivo declarado es medir rendimiento, coste y mantenimiento en condiciones reales antes de comprar en volumen. ‘Este programa piloto probará estas capacidades en un entorno operativo para entender cómo integrarlas y sostenerlas’, dijo el general de brigada Matt Ross, al frente de la fuerza de tarea conjunta.

La aritmética que hay detrás es brutal. Un misil interceptador cuesta entre 500.000 y un millón de dólares. El dron que intenta tumbar cuesta unos pocos miles. ‘Aunque acertemos y los derribemos, seguimos perdiendo’, admite Garrity. La defensa antiaérea clásica no está diseñada para una guerra de desgaste contra objetos baratos lanzados por decenas. Un láser invierte esa curva: el disparo número mil cuesta lo mismo que el primero.

Un misil de un millón de dólares contra un dron de mil no es una guerra: es una sangría contable que Washington corta por la vía eléctrica.

La otra mitad del problema es logística. En la feria, un camión híbrido de Harbinger, fabricante californiano de chasis eléctricos, alimentó un LOCUST X3 en el expositor de American Rheinmetall. Su batería, de unos 105 kilovatios hora, ‘podría sostener teóricamente una carga continua de 30 kilovatios durante unas 3,5 horas’, explicó su consejero delegado, John Harris. Los pulsos reales son cortos. Leonardo DRS aporta la generación eléctrica a bordo que elimina generadores y remolques. Sin generadores. Sin remolques.

Ejército de EE. UU.

La demanda no es solo del Ejército. ‘No es solo el Ejército; son otros aliados, son otros servicios del Departamento de Guerra’, dijo Garrity. La compañía compra componentes de ciclo largo, ficha segundos proveedores y amplía planta: más de 100 personas trabajarán en los láseres en Albuquerque. Washington no pide permiso.

La Lógica de Washington

Lo que Washington intenta resolver no es un problema técnico, sino de contabilidad estratégica. El Ejército lleva una década viendo cómo sus interceptores de millones se enfrentan a munición de miles. La saturación —muchos drones baratos a la vez— convierte esa asimetría en vulnerabilidad de seguridad nacional. El láser no compite con el misil: compite con el presupuesto. La coalición que lo sostiene cruza pasillos: republicanos del ala industrial, demócratas de defensa y el propio Pentágono.

Publicidad

El precedente es antiguo. Reagan lanzó en 1983 la Iniciativa de Defensa Estratégica, la ‘guerra de las galaxias’, con la misma promesa: energía dirigida para abaratar la defensa. Treinta años después, el láser aerotransportado del Pentágono se canceló tras quemar miles de millones sin derribar un misil real. La lección que ahora se aplica es la contraria: menos potencia, sistema barato, producción en serie. 30 kilovatios no paran un misil balístico; sí queman un dron en segundos.

Para España, el hueco no está en el emisor. Está en lo que lo rodea. El país no fabrica láseres de combate de alta energía, pero sí tres piezas que el sistema necesita: radares de vigilancia, mando y control, y plataformas terrestres. Indra participa en los principales programas europeos contra drones no cooperativos; Escribano se ha hecho un hueco en torretas remotas y antidrón de corto alcance; el software de mando lo pone GMV. El nicho es el ecosistema que alimenta el rayo.

Hay dos riesgos que conviene mirar sin adornos. El primero es la cláusula de compra nacional: el dinero público americano compra industria americana, y los controles de exportación (ITAR) limitan qué tecnología llega a un socio europeo. El segundo es de escala: España sigue por debajo del 2% del PIB en gasto de defensa, el compromiso de Gales de 2014, mientras el plan de rearme europeo presentado en Bruselas en marzo de 2025 moviliza hasta 800.000 millones. El dinero compra bandera.

La próxima ventana es concreta. La primera unidad debe entregarse entre julio y septiembre de 2027; la capacidad operativa contra drones llegará, según los mandos, a comienzos de 2028. Antes, el Congreso tendrá que decidir si el piloto del 5 de octubre se convierte en programa de registro y si el Ejército compra el segundo lote. El dato a seguir no es la potencia del láser, sino el coste por disparo: si se mantiene por debajo de los 10 dólares en el campo, la defensa antiaérea cambia de manual.

Ficha del Caso

  • El caso: el Ejército de EE. UU. adjudica en septiembre de 2026 a AeroVironment el primer contrato de producción de un arma láser de alta energía, el LOCUST X3, integrado en vehículos ligeros.
  • Datos clave: 464,8 millones de dólares; más de 26 sistemas; láser de 30 kilovatios; menos de 10 dólares por disparo; primera entrega en el último trimestre del año fiscal 2027; capacidad operativa estimada a comienzos de 2028.
  • Para España: el valor no está en el emisor láser sino en radares, mando y control y plataformas; Indra, Escribano y GMV ocupan ese nicho, con el límite de las cláusulas de compra nacional y los controles ITAR.