El laboratorio europeo de toxinas marinas de Vigo ya trabaja con Canarias para detectar la ciguatera que empuja el calor del mar.
El Citexvi, la sede discreta que fija las reglas europeas
Ocurre en un edificio que pasa desapercibido para casi todo el mundo. En las entrañas del Citexvi, en el campus de la Universidad de Vigo, tiene su sede el Laboratorio de Referencia de la Unión Europea para el control de las biotoxinas marinas, una infraestructura crítica para la salud pública comunitaria que armoniza las técnicas de análisis en toda la UE y que, cuando aparece un compuesto nuevo, marca las pautas que después siguen los laboratorios de control oficial.
La misión tiene dos frentes. El primero es homogeneizar los métodos para las toxinas ya legisladas, de modo que un mejillón analizado en Vigo y otro analizado en Grecia se midan con el mismo rasero. El segundo es más delicado: desarrollar y optimizar métodos para las toxinas emergentes, esas que hasta hace pocos años no eran una preocupación en Europa y que hoy empiezan a aparecer en las muestras.
Ahí entra la ciguatera. La responsable del laboratorio, Sabrina Otero, lo explica con precisión: es una toxina «que siempre ha existido en el Pacífico» y que está apareciendo en otro tipo de climas por el aumento de la temperatura del mar, que este año marcó récords en la Ría de Vigo y también en la costa mediterránea española. El agua más cálida redistribuye el fitoplancton tóxico y lo traslada a zonas donde nunca había sido un problema.
Mareas rojas más largas y un marisqueo pendiente del calendario
El trabajo con el archipiélago es mano a mano. «Estamos trabajando mano a mano con Canarias para que nos envíen muestras de esos peces que están contaminados y optimizar el método de detección y cuantificación de estas toxinas», señala Otero. Canarias funciona como avanzadilla de lo que puede acabar llegando al Cantábrico.
La ciguatera dejó de ser un asunto del Pacífico: el agua más cálida la ha traído al Atlántico y obliga a reescribir los protocolos de control.
El otro frente que preocupa son las mareas rojas, las proliferaciones de fitoplancton tóxico que se acumulan en el agua y acaban dentro de moluscos filtradores como el mejillón. El laboratorio no analiza las muestras del día a día, una tarea que corresponde a la Xunta de Galicia (el gobierno autonómico gallego, con sede en Santiago de Compostela) a través de su laboratorio de control oficial. Pero mantiene contacto constante con él. Y lo que le trasladan no invita al optimismo: las mareas rojas cada vez se alargan más y siguen una cierta periodicidad.
La respuesta, por ahora, es limitada. «Lo único que se puede hacer es garantizar que los productos que salen al mercado cada día son seguros», admite la responsable, que insiste en la necesidad de «seguir investigando y perfeccionando las herramientas analíticas» para comprender mejor estos fenómenos y proteger a la vez al consumidor y al sector marisqueo. Con el termómetro del mar disparado —los registros de temperatura de este año así lo indican—, el margen de maniobra se estrecha.
El Laboratorio Gallego
En clave política, no hay choques frontales. El PPdeG (el Partido Popular de Galicia, la formación que gobierna con mayorías absolutas consecutivas desde 2009) controla la Consellería do Mar y asume el discurso de la excelencia científica, con Alfonso Rueda en la Presidencia de la Xunta. Nadie discute la competencia del laboratorio. La disputa es otra: cuánto se invierte en prevención y quién compensa al marisqueo cuando una campaña se cae.
La oposición juega en otro terreno. El BNG (el Bloque Nacionalista Galego, primera fuerza de la oposición) suele reclamar más medios para el marisqueo cuando el calendario se complica, y el PSdeG (la federación gallega del PSOE) insiste en la misma dirección desde su grupo parlamentario. Ninguno de los tres partidos ha cuestionado el papel del laboratorio en Vigo: sería impopular y, además, iría contra los intereses de un sector que vende fuera de España buena parte de lo que produce.
La lectura nacional es directa. Las pautas que salen de Vigo no se quedan en Galicia: son las que aplican los laboratorios de control oficial de toda España, incluidos los que vigilan el Mediterráneo, donde la ciguatera ya ha dejado de ser una hipótesis. Cuando una toxina nueva obliga a cambiar un protocolo, el asunto deja de ser autonómico y pasa a ser seguridad alimentaria. Una infraestructura europea en un campus periférico que decide sobre el pescado que se vende en los 27 Estados miembros. Y eso, en el Parlamento de Galicia (la cámara legislativa unicameral, con 75 diputados), se traduce en una pregunta recurrente: qué retorno deja en el país una instalación de ese nivel.
La proyección es técnica y también política. Los próximos meses toca cuantificar la ciguatera, comprobar si la cantidad detectada supone un riesgo y decidir después si hace falta legislar. Mientras, la próxima campaña del mejillón volverá a mirar al termómetro del agua y a unos informes que se leen en Bruselas y se temen en las lonjas. El laboratorio es la vanguardia. La política, casi siempre, la retaguardia.
Ficha del Caso
- El caso: El Laboratorio de Referencia de la UE para biotoxinas marinas, con sede en el Citexvi (Vigo), coordina los métodos de análisis europeos y afronta la irrupción de toxinas nuevas ligadas al calentamiento del mar.
- Datos importantes: Cooperación con el laboratorio de referencia de Canarias para optimizar la detección y cuantificación de la ciguatera; mareas rojas cada vez más largas en la Ría de Vigo; el Parlamento de Galicia cuenta con 75 diputados y el PPdeG gobierna con mayoría absoluta desde 2009.
- Resumen: Una instalación gallega decide cómo se analizan las toxinas en toda la UE y ya trabaja en cuantificar la ciguatera, mientras el marisqueo afronta campañas menos previsibles y el debate político se queda en la prevención y las compensaciones.

