El rey Mohammed VI consolida su semana institucional junto a sus hermanas y refuerza la diplomacia con España

La ceremonia de investidura del gabinete de Fatima Ezzahra El Mansouri proyecta la imagen de un monarca árbitro por encima de los partidos. Las causas sociales de Lalla Meryem y Lalla Asmaa completan la ofensiva de imagen de la dinastía.

El rey Mohammed VI presidió el 16 de octubre en Rabat la ceremonia de nombramiento del nuevo Gobierno. La primera ministra, Fatima Ezzahra El Mansouri, había recibido el encargo de articular una coalición y el trámite quedó cerrado con la puesta de largo de un gabinete de treinta y dos miembros, siete de ellos mujeres. Uno a uno, los designados fueron presentados al soberano antes de la tradicional foto de familia en el palacio real.

Un Gobierno que desfila ante el soberano

La escenografía no es un detalle menor. En Marruecos, la investidura de un Ejecutivo es un acto de Estado en el que el monarca escenifica su papel de árbitro institucional, por encima de la refriega partidista. Mohammed VI no necesita pronunciar un discurso en ese trámite: su sola presencia fija la jerarquía. El nuevo gabinete llega, además, con dos mandatos explícitos sobre la mesa: reducir las disparidades territoriales y restaurar la confianza de los ciudadanos en la acción pública.

El calendario de esa hoja de ruta depende ahora de una coalición que el propio palacio ha visto nacer. La composición del equipo, con algo más del 20% de mujeres, queda por debajo de la paridad y por encima de la media histórica de los gobiernos del reino. Es un dato que conviene retener cuando se hable del ritmo real de las reformas.

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Lalla Meryem, Lalla Asmaa y el reparto de causas

monarquía marroquí

Ese mismo 16 de octubre, la capital acogió otro acto de calado. La princesa Lalla Meryem, hermana mayor del soberano, presidió el lanzamiento del Dispositivo Nacional de Erradicación del Trabajo Infantil, impulsado por el Observatorio Nacional de los Derechos del Niño. El programa no se limita a retirar a los menores del circuito laboral: contempla un seguimiento personalizado de cada caso, desde la salida del trabajo hasta la reinserción, y un apoyo económico a a la familia para evitar recaídas.

El dato que acompaña a la iniciativa obliga a la prudencia. El fenómeno ha caído más de un 80% en el reino desde 1999, pero persiste: la encuesta nacional de empleo de 2025 contabilizaba todavía cerca de 103.000 niños en esa situación. La imagen de la jornada la completó una chaqueta rosa empolvado de firma francesa, un guiño de armario que la Casa alauí cuida con la misma atención que el mensaje del acto.

La víspera, el 15 de octubre, tomó el relevo Lalla Asmaa. La hermana menor del rey visitó el Centro Nacional de Rehabilitación y Neurociencias de Rabat, donde se reunió con diez niños —cinco marroquíes y cinco panameños— que acababan de recibir un implante auditivo. En el mismo desplazamiento inauguró una universidad que lleva su nombre, consagrada a las ciencias de la audición y a la inclusión de las personas sordas y con hipoacusia.

Presentada por la fundación que la sostiene como la primera institución universitaria inclusiva del mundo, el centro sentará en las mismas aulas a estudiantes oyentes y con discapacidad auditiva, con alianzas internacionales como el Institut Pasteur. Los medios marroquíes subrayaron la simetría histórica: más de once siglos después de Al Quaraouiyine, el reino vuelve a ensayar una forma nueva de enseñanza superior.

La monarquía alauí reparte sus actos como un gabinete paralelo: el rey arbitra, las hermanas presiden y el mensaje institucional llega sin ruido.

La semana que Marruecos enseña a Madrid

Hay una lectura de poder en la coincidencia de fechas. La Casa alauí no improvisa: concentra en pocos días la formación de un Gobierno, dos programas sociales de alcance y una institución educativa de bandera. El resultado es una fotografía de estabilidad institucional que viaja sola, sin necesidad de nota diplomática. Para España, socio comercial de primer orden del reino y vecino con intereses cruzados en seguridad, energía y migración, esa estabilidad es la variable que más pesa en el corto plazo.

Conviene no confundir el gesto con el resultado. El mismo país que estrena un gabinete con siete ministras mantiene a 103.000 menores en el circuito laboral según su propia encuesta; el programa de Lalla Meryem existe precisamente porque el problema no está resuelto. La monarquía marroquí ha entendido que su legitimidad contemporánea se juega menos en el boato y más en la capacidad de aparecer donde duele. Ahí compite con las monarquías europeas, que llevan años delegando en sus miembros el trabajo de campo de la agenda social.

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Ese es el terreno donde la Corona alauí se juega su prestigio exterior: no la ceremonia del 16 de octubre, sino la verificación de que la coalición de El Mansouri reduce disparidades y devuelve la confianza a la acción pública. En el plano bilateral, el nuevo Ejecutivo ofrece a Madrid un interlocutor estable para una relación que funciona por capas: económica, migratoria y de seguridad. Y en el plano simbólico, la agenda de los últimos días recuerda que Rabat sabe usar a su familia real como diplomacia paralela, con un príncipe heredero, Moulay El Hassan, ya rodado en los escaparates de marca país, como el Salón del Caballo de El Jadida.

El siguiente hito apunta al Parlamento: la presentación del programa del nuevo Gobierno medirá la solidez real de la coalición y el margen con el que Mohammed VI cuenta para su siguiente movimiento. La Casa Real alauí no ha detallado todavía los actos públicos del monarca para las próximas semanas. Cuando lo haga, convendrá mirar el calendario con la misma atención que la escenografía.

Claves del Protocolo y Estado

  • Contexto del acto: la investidura del Gobierno de Fatima Ezzahra El Mansouri escenifica el papel arbitral del rey y abre un ciclo de reformas centrado en las disparidades territoriales.
  • El detalle de protocolo: el monarca no interviene en la ceremonia; la presentación individual de los treinta y dos ministros y la foto de familia sustituyen al discurso.
  • Próximos pasos: la presentación del programa del Ejecutivo ante el Parlamento y la confirmación de la agenda pública del rey, aún sin fechas oficiales.