ERC y Podem estrenan su pacto electoral el sábado 24 de octubre en Barcelona, con Gabriel Rufián e Irene Montero compartiendo escenario. Será el primer acto de precampaña de cara al 29-N y la puesta de largo de una alianza que cada partido ha cerrado con condiciones muy distintas.
La cita, adelantada por Ara, no es un mitin más. Rufián es el candidato de ERC a las generales del 29 de noviembre y Montero encabeza la lista de Podem. Que compartan cartel en la capital catalana antes de que la campaña arranque de forma oficial tiene doble lectura: presentar el acuerdo ante el electorado catalán y demostrar en Madrid que la operación no es papel mojado.
Qué han firmado exactamente ERC y Podem
El acuerdo tiene tres patas y ninguna es simétrica.
- Podem no presentará candidatura en Catalunya y dará apoyo explícito a ERC.
- Sus cuadros y algunos perfiles públicos irán como independientes en las listas de Esquerra.
- Rufián hará actos de campaña con la exministra de Igualdad en el resto de España.
La asimetría es la clave y va en una dirección muy concreta. Podem no presentará candidatura en Catalunya, cede el terreno y se conforma con colocar a parte de su gente como independiente en las listas ajenas. A cambio, el candidato de ERC se compromete a hacer campaña con Montero fuera de Catalunya: la también exministra gana altavoz en el resto del Estado, donde su partido se juega la supervivencia parlamentaria.
Para ERC el cálculo es distinto y conviene no disfrazarlo. Esquerra no firma una coalición con un partido estatal, firma una hospitalidad: presta sus listas, su marca y su estructura a cambio de que nadie le dispute el voto en casa y de que su candidato pueda exhibir complicidades más allá del Ebro. La operación encaja con el perfil de Rufián, cómodo en el registro de la izquierda estatal, pero choca con el discurso clásico de la formación, que durante años vendió la soledad como prueba de coherencia.
El 24-O como ensayo general de la pugna por la izquierda

El acto del 24 de octubre también sirve para medir a quién moviliza esta alianza. Los Comuns, que ocupan desde 2015 el espacio de la izquierda alternativa en Catalunya, asisten a la maniobra como una intromisión en su territorio. Y el PSC, que gobierna la Generalitat y aspira a repetir como primera fuerza catalana, se encuentra con un rival capaz de activar a un electorado desencantado que en las últimas citas se quedó en casa.
ERC no se presenta a estas generales con un socio: se presenta con un inquilino. Y los inquilinos, en política, acaban pidiendo cambiar los muebles.
El formato tampoco es neutro. Un candidato independentista y una líder estatal comparten cartel en Barcelona a cinco semanas de la cita electoral, un margen muy corto para comprobar si el trasvase de cuadros funciona en la práctica o se queda en la foto de familia.
La lectura de Madrid es otra y pasa por la aritmética. Cada escaño que ERC y Podem se disputaban en el pasado es ahora un escaño que no se restan entre sí, y eso reordena el suelo de la izquierda en el Congreso. En esta redacción entendemos que el movimiento busca rentabilizar el desgaste de los grandes bloques, aunque el precio sea que ERC aparezca con acompañamiento estatal en su propio feudo.
El riesgo de la operación: marca prestada y militancia huérfana
Catalunya ya ha vivido una operación parecida y el resultado no fue el que esperaban sus impulsores. La confluencia de En Comú Podem, que en diciembre de 2015 ganó las generales en Catalunya, acabó generando una marca autónoma y un partido propio, els Comuns, con grupo en el Parlament. Podem, que aportó la estructura estatal, se quedó sin suelo catalán. Ahora el movimiento es el inverso: los morados entran como invitados en una casa ajena.
Los riesgos se reparten. En ERC, una parte de la militancia puede leer el acuerdo como una cesión de identidad ante un partido que llega sin candidatura propia; Junts y la CUP ya tienen el argumento servido si el resultado del 29 de noviembre no acompaña. En Podem, los cuadros catalanes se quedan sin papeleta propia y con la obligación de explicar por qué su sigla desaparece del ballot catalán. La mayoría de los cuadros que irán en las listas de Esquerra mantiene la doble militancia como fórmula de cobertura.
Lo que observamos es un ensayo que excede una sola convocatoria electoral. El próximo hito es el mitin del 24 de octubre en Barcelona; después llegará el plazo para formalizar coaliciones ante la Junta Electoral y, a partir de ahí, la campaña. Si el 29-N funciona, nadie recordará las resistencias internas. Si no, ambas direcciones tendrán que explicar para qué prestaron la marca.

