El invento de Ikea que jubila al táper: bolsas herméticas para microondas y congelador por 11,99 €

Tres bolsas de silicona de 1, 1,2 y 2,5 litros con cierre zip que aguantan el microondas y el congelador. Una alternativa al táper de cristal para quien cocina por lotes y come fuera de casa.

El táper de plástico tiene memoria, y casi nunca es la que quieres. Guarda el olor del curry del martes, el cerco naranja del tomate frito y esa humedad sospechosa que aparece cuando llevas tres días sin abrirlo. Por eso, cuando vi que Ikea había sacado unas bolsas herméticas aptas para microondas por 11,99 euros el set de tres, me picó la curiosidad.

Se llaman FILFISK y son tres bolsas de silicona reutilizables que, sobre el papel, hacen lo mismo que un táper de cristal: guardar, congelar y transportar. La diferencia es que pesan la mitad, se adaptan a lo que les metas y no ocupan medio armario cuando están vacías. El cierre es de tipo zip, hermético, no de esos clips que acaban perdidos en el cajón de los cubiertos.

Hablemos del congelador, que es donde se libra la batalla de verdad. La carne que se quema por fuera y sigue cruda por dentro no es un problema de tu nevera: es que el aire entra en contacto con el alimento y lo deshidrata. El cierre hermético no es un adorno. Es la diferencia entre una salsa que sabe a salsa y un bloque de hielo con tomate dentro.

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El segundo escenario es el microondas. Estas bolsas están pensadas para calentar dentro, incluso para cocinar recetas previamente marinadas o al vapor. Y también aguantan el baño maría, que es más de lo que soporta la mitad de los táperes que tenemos en casa.

El precio no es el anzuelo. Once euros y pico por tres unidades es, literalmente, lo que cuesta un táper de cristal decente. El set se puede consultar en la web oficial de Ikea.

Ningún recipiente mejora una receta, pero uno malo la estropea: el táper que huele a curry arruina hasta el mejor guiso del domingo.

El secreto del éxito

  • Deja aire, no llegues al borde: llena como mucho tres cuartas partes de la bolsa. Los guisos y los caldos se expanden al congelarse y, si el zip va tenso, la junta acaba abriéndose.
  • Congela plano: tumba la bolsa en el congelador hasta que el bloque esté duro, unas 2-3 horas. Queda una lámina fina que se apila como un libro y se descongela en la mitad de tiempo.
  • Etiqueta antes de cerrar: son opacas y solo dejan ver una ventana pequeña. Un trozo de cinta de carrocero con la fecha y el contenido te evita el clásico ritual de abrir cinco bolsas hasta dar con el rabo de toro.

Qué incluye el set FILFISK

  • Bolsa de 1 litro: para una ración individual o un almuerzo de oficina.
  • Bolsa de 1,2 litros: la medida intermedia, útil para medias raciones de legumbre o verdura troceada.
  • Bolsa de 2,5 litros: la grande, para fondos, caldos o para marinar una bandeja entera de pollo.
  • Cierre zip hermético y ventana transparente para ver el contenido sin abrir.
  • Silicona reutilizable, apta para microondas y congelador.
  • Lavable en lavavajillas o a mano, lo que permite reutilizarla con alimentos distintos sin arrastrar sabores.
  • Precio: 11,99 euros el set de tres.
FILFISK Ikea bolsas

Cómo sacarles partido: del congelador al microondas

Si haces batch cooking el domingo, la secuencia es esta: cocina, deja enfriar por completo antes de cerrar, llena la bolsa dejando aire, aplasta para que el contenido quede plano y etiqueta. Al congelador, tumbada. Cuando llegue el día, la lámina se dobla ligeramente y entra en el microondas sin necesidad de descongelar del todo.

Para marinar hay un truco que uso mucho: metes el pollo con el aliño, cierras, masajeas la bolsa desde fuera y la dejas 30 minutos en la nevera. Se marina más rápido que en un bol porque el contacto con el aliño es total, y luego puedes calentar directamente en el mismo recipiente.

Al vapor, ojo con el cierre. Deja la cremallera a medio cerrar o abre una esquina, porque si sellas del todo el vapor no tiene por dónde salir y la bolsa se hincha hasta abrirse. Verduras con dos cucharadas de agua y 3-4 minutos a máxima potencia salen al dente y con el color intacto.

Para llevar al trabajo, la ventaja es obvia: ni una gota. Se aprieta contra el bolso, se dobla y no deja un charco de aceite en la mochila. Eso sí, la silicona no es rígida, así que si el contenido es un guiso con mucho líquido, mejor transportarla en vertical y dentro de una bolsa de tela.

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Variaciones de uso y conservación

Sobre la congelación, mi recomendación es no pasar de los tres meses con los guisos cocinados: a partir del segundo empiezan a perder textura y el sabor se aplana. Las verduras en crudo, mejor escaldadas antes de congelar; si no, al descongelar quedan mustias.

En la nevera, entre tres y cuatro días para las sobras cocinadas. A la hora de recalentar, potencia media y remover a mitad, porque el calor se concentra en las zonas finas de la bolsa. Y un aviso: no saltes del congelador al microondas a máxima potencia si el bloque va a ir directo al plato, o te encontrarás con los bordes hirviendo y el centro todavía helado.

¿Y el baño maría? Funciona, pero con la bolsa abierta o entreabierta y sin apoyarla directamente en el fondo de la olla, porque ahí el calor se concentra y la silicona sufre. Es una precaución mía, no una advertencia del fabricante.

Para quien no renuncie al cristal, todas estas ventajas se pueden replicar con un táper de borosilicato: congela igual de bien y no coge olores. Pero pesa lo suyo. Y ese factor, a las siete de la mañana, pesa el doble.

Aquí no hay milagros: hay silicona, un zip que cierra de verdad y la costumbre de no llenar hasta arriba.