La AIE proyecta un consumo récord de carbón de 8.940 millones de toneladas en 2026

El organismo revisa la previsión que un año antes daba por agotado el carbón: la guerra de Irán y el estrecho de Ormuz obligan a quemar más. La inversión en el mineral alcanzó en junio su nivel más alto en 14 años.

El consumo récord de carbón que proyecta la AIE para 2026 alcanza los 8.940 millones de toneladas, un giro inesperado tras el estancamiento que el organismo anticipó el año pasado y que la crisis energética desatada por la guerra de Irán ha reavivado.

Del techo histórico al récord: qué cambió en doce meses

Un año atrás, el diagnóstico era el contrario. La Agencia Internacional de la Energía daba por hecho que la demanda del combustible fósil más sucio se había estancado y que el descenso estaba a la vuelta de la esquina. La revisión de esa previsión cambia el signo del ejercicio: el carbón no baja, escala a máximo histórico y desmonta la tesis de la salida ordenada.

El detonante tiene coordenadas: el estrecho de Ormuz. El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado febrero estranguló una parte relevante del suministro mundial de petróleo y gas y empujó al mundo a una crisis energética global. Muchos países resolvieron el problema quemando lo que tenían a mano. Carbón.

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A efectos de emisiones, el intercambio es el peor posible. El carbón libera más carbono y más contaminantes atmosféricos por unidad de energía generada que el petróleo o el gas natural. Aun así, fue la respuesta más rápida de ejecutar para quien tenía centrales paradas y gas caro.

El carbón sube porque el gas baja

AIE carbón 2026

La explicación más honesta la da Daan Walter, responsable de investigación estratégica sobre el futuro de la energía en el think tank Ember: el carbón sube porque el gas baja. En la mayoría de los casos no hay un renacimiento ideológico, sino la sustitución forzada de un combustible que dejó de llegar a tiempo.

El dinero ha seguido esa lógica. La propia AIE señaló en junio que la inversión en carbón alcanzó su nivel más alto en 14 años. Y aparecieron los oportunistas de siempre: el primer ministro del estado australiano de Queensland, David Crisafulli, dijo que vería con buenos ojos propuestas de nuevas centrales de carbón para alimentar los centros de datos de Anthropic; la minera Northback trabaja en reabrir una explotación en Alberta, Canadá, cerrada hace casi 60 años, confiando en que el mundo necesite carbón también en la próxima década.

El carbón no está recuperando el terreno que perdió: está ocupando el hueco que dejó el gas mientras se resuelve la emergencia.

Walter habla de un subidón de azúcar y anticipa el bajón, probablemente antes de que esos proyectos terminen de construirse. Su veredicto sobre los planes de negocio que se están aprobando al calor del pico es poco amable: temerarios.

Ojo con la aritmética. El carbón no gana cuota dentro del sistema energético, solo dentro del bloque fósil. Su porción en la generación con combustibles fósiles va camino de encogerse frente al resto de fuentes, según el análisis de este experto. La metáfora que usa —ser el hombre más poderoso del Titanic— describe bien la fiesta: un par de horas magníficas y el barco yéndose al fondo.

El renacimiento que los analistas no ven

Christine Shearer, analista de carbón de Global Energy Monitor, pide separar dos cosas que los titulares mezclan: un bache corto de consumo y un resurgimiento genuino de la industria. Su lectura, compartida por buena parte del sector, es que esta crisis acelera la adopción de renovables en lugar de frenarla.

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India es el caso que mejor lo ilustra. Esta semana, el responsable de su sector eléctrico admitió que el país podría verse obligado a añadir bastante más capacidad de carbón de la prevista, por el aumento de la demanda y por una hidroeléctrica mermada tras un monzón débil. Al mismo tiempo, el país ha cuadruplicado su capacidad renovable hasta unos 300 GW en la última década y va por delante del calendario que le exige el Acuerdo de París.

📊 Impacto ecológico en cifras

  • Consumo proyectado: 8.940 millones de toneladas de carbón en 2026, máximo histórico de la serie de la AIE.
  • Inversión: el capital destinado a carbón tocó en junio su nivel más alto en 14 años.
  • Contrapeso limpio: India ha cuadruplicado su capacidad renovable hasta unos 300 GW en una década.
  • Emisiones asociadas: el carbón emite más CO2 y contaminantes por unidad de energía que el petróleo o el gas; el agregado de toneladas no está detallado en la fuente consultada.

La otra mitad de la historia es que el shock de petróleo y gas ha empujado a los países hacia el viento y el sol, quizá de forma permanente. Fue el segundo golpe de la década, tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, y la lección que se extrae es de seguridad nacional: quien depende de un barril importado depende de Ormuz.

El FMI admitió en su último informe que el crecimiento de la energía limpia ha amortiguado el golpe económico. Avisó, eso sí, de que el mundo se acerca a los límites de su capacidad de resistencia ante nuevos shocks. Conviene leer las dos frases juntas: la red de seguridad existe, pero no es infinita.

Lo que Ormuz enseña y el carbón no quiere oír

Hay un precedente que conviene mirar. En la COP26 de Glasgow, en 2021, casi todos los países del mundo acordaron reducir progresivamente el carbón. Cinco años después, el consumo marca récord. Eso no invalida el acuerdo: demuestra que la trayectoria energética no es lineal y que un choque de oferta puede torcerla durante un par de ejercicios.

La pregunta relevante no es cuánto carbón se quema en 2026, sino cuánta capacidad fósil se financia en 2026 con la expectativa de seguir quemando en 2035. Ahí está el riesgo real de activos varados: minas reabiertas y centrales nuevas que necesitan décadas de operación para devolver la inversión y que aterrizan en un sistema donde el carbón pierde peso relativo cada año.

En Europa, el marco regulatorio juega en contra de esa apuesta. Fit for 55 y el mecanismo de ajuste en frontera por carbono (CBAM) encarecen la producción intensiva en emisiones y trasladan la factura a quien no descarboniza su cadena de suministro. La Taxonomía Verde deja fuera de la etiqueta sostenible cualquier inversión en nueva capacidad de carbón, lo que cierra la puerta al capital verde para esos proyectos. Las mineras podrán reabrir pozos en Alberta; conseguir financiación barata es otra cosa.

La conclusión es incómoda para ambos bandos. Los que celebran el rebote del carbón, están confundiendo un bache de suministro con una tendencia estructural. Y los que leen el dato como un fracaso de la transición ignoran que, en paralelo, la energía limpia ha crecido lo suficiente para amortiguar el segundo shock petrolero en cuatro años. Las dos cosas son verdad a la vez: la respuesta inmediata a una crisis puede ser más fósil y la respuesta de fondo, menos dependencia.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: India suma unos 300 GW renovables y avanza por delante del calendario de París pese a quemar más carbón este año.
  • Modelo que cambia: la importación de gas como base del sistema eléctrico pierde fiabilidad y deja paso a capacidad autóctona.
  • Para las próximas generaciones: el pico de 8.940 millones de toneladas quedará en bache si la inversión fósil no se consolida como activo de décadas.