Zelenski acusa a Trump de presionar a Ucrania para que capitule y el pulso ya se libra en el precio del diésel que paga España. El presidente ucraniano sostiene que Washington ha ralentizado Starlink y ha retrasado los misiles Patriot para sentar a Kiev en la mesa por agotamiento. Estados Unidos alega otra cosa: que los ataques a refinerías rusas están encareciendo el combustible. Detrás asoma un acuerdo con Vladímir Putin que Moscú cobra en barriles.
Qué ha dicho Zelenski y qué hay detrás del pulso
Los números que maneja Kiev son concretos. Estados Unidos entrega ahora 12 interceptores Patriot al mes, aproximadamente una cuarta parte del ritmo que se alcanzaba con Joe Biden, según el propio Zelenski. La diferencia no es técnica: con Biden los misiles llegaban como ayuda militar; con Trump se venden.
A eso se suma el episodio de Starlink, el internet por satélite que sostiene las comunicaciones del ejército ucraniano. Según su relato, la velocidad se corta por encima de los 161 kilómetros por hora dentro del país, mientras fuera funciona sin límite; los drones rusos vuelan a unos 400. Zelenski apunta a la Casa Blanca, aunque cita fuentes que no identifica.
El origen de la fricción está en el crudo. El presidente estadounidense, Donald Trump, cerró con Putin un entendimiento por el que Washington se abstiene de endurecer más las sanciones a Rusia a cambio de que Moscú coloque volúmenes limitados de diésel en el mercado mundial. El viernes por la noche anunció además que eximiría a Ucrania de parte de la nueva ley de sanciones, la que lleva el nombre del difunto senador Lindsey Graham. La medida irritó a buena parte de su propio partido.
Zelenski contraatacó con una propuesta: dejar de golpear las refinerías a cambio de más misiles para los Patriot. ‘Mi último modelo era: no atacamos el diésel ruso, ustedes nos dan misiles para proteger nuestras instalaciones’, resumió. Y añadió la advertencia que explica su desconfianza: ‘Si atacamos eso, nos desconectarán de algo’.
Sobre el terreno, el alto el fuego energético que anunció Trump se ha quedado en papel mojado. Ucrania reanudó los ataques a refinerías tras una pausa de varios días; Rusia golpeó subestaciones eléctricas durante el fin de semana, dejando a decenas de miles de familias sin luz, y combatía incendios en la terminal petrolera de San Petersburgo.
Lo que se negocia no es solo un alto el fuego: es quién paga la calma del mercado del crudo y a costa de qué ejército.
Por qué el diésel ruso termina en el surtidor español
Vamos por partes, porque el hilo que une una refinería de Samara con una estación de servicio de Badajoz no es evidente. El diésel mueve el transporte de mercancías y la flota pesquera; es el combustible que más pesa en los costes de miles de empresas españolas que compiten en precio. Cuando el gasóleo se tensa, la factura llega antes al transportista que al turista.
El parque de refinerías español, con Repsol y Cepsa como principales operadores, produce más gasolina que gasóleo. España cubre ese déficit con importaciones, así que el precio se forma en un mercado europeo que compra fuera lo que no refina. Desde febrero de 2023, la Unión Europea prohíbe importar productos refinados rusos, pero el gasóleo sigue llegando convertido: sale de puertos de India, China o Turquía tras pasar por una refinería y entra sin etiqueta de origen.

Bruselas mira este mercado con la lupa con la que en 2022 miró el gas. Entonces, España y Portugal arrancaron la excepción ibérica, el tope al precio del gas que se usaba para generar electricidad, y la Comisión Europea acabó autorizándolo. Nadie a replicado ese mecanismo para el diésel, donde no existe tope equivalente, aunque el precio ya es una variable política en cualquier capital.
En paralelo corre el otro carril, el de la OTAN. España ha aportado baterías antiaéreas HAWK, munición y el módulo de entrenamiento de Toledo para militares ucranianos. El marco aliado fija el 2% del PIB en defensa desde la cumbre de Gales de 2014, y cada repunte del pulso entre Washington y Kiev devuelve a Madrid la misma pregunta: hasta dónde llegará Europa si Estados Unidos se descuelga.
Lo que el precedente de 2022 anticipa del invierno que viene
Conviene recordar lo que pasó la última vez que el gasóleo se desbocó. En marzo de 2022, con el crudo disparado tras la invasión, el Gobierno aprobó una bonificación de 20 céntimos por litro que después se retiró por tramos: urgencia, no reforma. Y un detalle que se pasa por alto: el sistema Patriot que pide Kiev no opera en el Ejército español. El debate, por tanto, es europeo.
El pulso tiene tres desenlaces y ninguno es neutral para España. Si Washington arranca a Kiev el compromiso de no atacar refinerías, el diésel se abarata a corto plazo; si Moscú lee esa pausa como debilidad, los ataques a la red eléctrica se multiplican y la presión sobre Bruselas para un nuevo paquete de sanciones vuelve a subir. El tercero es el peor: que el acuerdo sobre el crudo se rompa en pleno invierno.
Las fechas ayudan. Las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos se celebran el 3 de noviembre y Zelenski confía en que la política se destense después. Su equipo negocia otro encuentro con Jared Kushner y Steve Witkoff, los enviados de Trump, para finales de esta semana.
Quedan dos facturas: la del gasóleo que se paga cada semana y la del compromiso militar con la OTAN. Ninguna la decide Madrid. En un país que consume más diésel del que refina, esa es una vulnerabilidad que ningún decreto tapa.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Zelenski acusa a Washington de empujar a Kiev a capitular mientras Trump pacta con Putin alivio en el crudo. El pulso se libra en el diésel y en los Patriot.
- Datos importantes: 12 interceptores Patriot al mes, una cuarta parte del ritmo con Biden; Starlink cortado por encima de 161 km/h; bonificación española de 20 céntimos por litro en marzo de 2022.
- Resumen: España, que consume más diésel del que refina, afronta el invierno con el precio del gasóleo expuesto a una decisión tomada en Washington y Moscú.
