Vladimir Putin ha propuesto una cumbre con Donald Trump y Xi Jinping el próximo mes para cerrar la guerra de Ucrania. Zelenski no está en la lista.
Por quĂ© MoscĂş elige a PekĂn y a Washington, y no a Kyiv
La idea la adelantĂł el Wall Street Journal citando a un oficial de inteligencia ruso sin identificar, y el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, la confirmĂł a medias: existen conversaciones, sĂ, pero no hay agenda cerrada para la cita. Traducido al lenguaje diplomático, hay voluntad polĂtica y ningĂşn documento. El formato a tres bandas deja fuera a Kyiv y tambiĂ©n a Bruselas.
El origen de la propuesta está en la llamada telefĂłnica del 9 de octubre entre Putin y Trump. De aquella conversaciĂłn saliĂł tambiĂ©n un acuerdo para levantar sanciones y permitir un mayor flujo de exportaciones rusas de diĂ©sel, segĂşn la misma fuente periodĂstica. Dos movimientos en una sola llamada: uno de imagen, la cumbre; otro de caja, el combustible.
Para MoscĂş el cálculo es sencillo. Sentarse con el presidente de Estados Unidos y con el lĂder chino equivale a certificar que Rusia sigue siendo una potencia de primer orden, no un actor aislado por las sanciones. Y si la mesa es de tres, la reconstrucciĂłn de Ucrania se negocia entre quienes tienen ejĂ©rcito, energĂa y veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, no entre quienes la sufren. El formato, por sĂ solo, ya es una concesiĂłn de Occidente.
El hueco que pierde Europa si el acuerdo se diseña sin Bruselas
La propuesta inquieta a los aliados de Ucrania en Washington y en Europa, segĂşn recoge la prensa americana. No es una inquietud abstracta. Si el alto el fuego se diseña en un cara a cara entre tres presidentes, las garantĂas de seguridad que reclama Volodimir Zelenski —y que comprometen a la OTAN— quedarĂan fuera del texto. Kyiv pide ser parte del acuerdo, no el objeto del acuerdo.
En España el primer efecto no es diplomático, es de precio. El diĂ©sel mueve el transporte pesado y buena parte del campo, y cualquier flexibilizaciĂłn de las sanciones al crudo y a los refinados rusos se traslada en semanas al surtidor y a la cesta de la compra. Un gasĂłleo más barato alivia al transportista y complica el relato de Bruselas, que sostiene que el castigo econĂłmico es la palanca para sentar a MoscĂş en la mesa. Eso sĂ, el ahorro llega con factura polĂtica: quien negocia sin Europa acaba fijando precios que Europa paga.
En Yalta, tres lĂderes redibujaron Europa sin preguntar a los europeos. Más de ochenta años despuĂ©s, el formato regresa y el ausente es el paĂs en guerra.
Hay un segundo frente, menos visible y muy español. La reconstrucciĂłn ucraniana es un mercado de obras, energĂa, y ferrocarril donde Ferrovial y Acciona compiten con los grandes contratistas del continente por contratos que se adjudicarán, en el mejor de los casos, a lo largo de 2027. Nadie firma un proyecto llave en mano en un paĂs en guerra sin un marco de garantĂas. Y ese marco lo está escribiendo, precisamente, el grupo de paĂses que Putin quiere dejar fuera de la sala.

La LĂłgica de Washington
Vista desde dentro, la propuesta no es una extravagancia. Es la ejecuciĂłn de una polĂtica coherente. Trump prometiĂł terminar la guerra y prometiĂł hacerlo rápido, y para un presidente convencido de que las guerras europeas no son asunto americano, sentarse con MoscĂş y con PekĂn sale más barato que seguir financiando a Kyiv. La tesis la resume National Review con una frase incĂłmoda para Bruselas: es una polĂtica coherente para un presidente al que le gusta Putin y detesta a Zelenski. No es un juicio moral. Es una descripciĂłn del electorado que lo devolviĂł a la Casa Blanca, y tambiĂ©n del equipo que hoy despacha en el Departamento de Estado.
La tradiciĂłn americana tiene manual para esto. Roosevelt, Churchill y Stalin se repartieron Europa en la conferencia de Yalta en febrero de 1945 sin sentar en la mesa a los gobiernos afectados. Nixon hizo lo propio en 1972 con un triángulo Washington-MoscĂş-PekĂn diseñado para aislar al Kremlin, no para normalizarlo. El triángulo de 2026 invierte el de Nixon: ahora es MoscĂş quien se apoya en Xi Jinping para obligar a Washington a elegir entre una guerra larga y un acuerdo imperfecto. La diferencia con Yalta es que Ucrania existe como Estado soberano y tiene un ejĂ©rcito en el campo. Esa es la incĂłgnita que ningĂşn comunicado resuelve.
Hay además un freno institucional que suele pasarse por alto. El alivio de sanciones a Rusia no depende solo de la firma presidencial: la ley CAATSA, aprobada en 2017, permite al Congreso bloquear cualquier flexibilización del régimen sancionador. La Casa Blanca puede anunciar un acuerdo que el Capitolio desmonte después. De ahà que Peskov hable de conversaciones y no de cumbre cerrada: nadie quiere firmar el comunicado antes de saber si el Senado lo deja en pie. Lo que observamos es que Washington negocia en dos tableros a la vez, el diplomático y el legislativo, y solo controla uno.
Para España la proyecciĂłn cabe en tres fechas. La primera es noviembre: si la cita se confirma, Bruselas llegará sin silla y Madrid se enterará por el comunicado. La segunda es la renovaciĂłn semestral de las sanciones europeas, que se decide por unanimidad y toca revisar a finales de enero; ahĂ se verá si el alivio al diĂ©sel ruso se convierte en polĂtica o se queda en gesto. La tercera es la reconstrucciĂłn, donde los contratistas españoles necesitan que el marco legal ucraniano y el seguro de guerra estĂ©n claros antes de mover maquinaria.
Ficha del Caso
- El caso: Putin propone una cumbre con Trump y Xi en noviembre para cerrar la guerra de Ucrania; el Kremlin confirma contactos sin agenda cerrada y Kyiv queda fuera del formato.
- Datos clave: La idea surgiĂł en la llamada del 9 de octubre entre Putin y Trump, que tambiĂ©n produjo un acuerdo para elevar las exportaciones rusas de diĂ©sel. Peskov confirma conversaciones; no hay fecha ni orden del dĂa.
- Para España: El impacto llega por dos vĂas: el precio del diĂ©sel y la unanimidad europea para renovar sanciones, además del mercado de reconstrucciĂłn ucraniana donde pujan Ferrovial y ACS.

