La inmersión lingüística entra en la campaña del 29N: Salvador Illa ha replicado a Alberto Núñez Feijóo que ‘la lengua catalana no se toca’.
El president de la Generalitat respondió este lunes, apenas unas horas después de que el líder del PP presentara en Madrid un plan educativo de doce puntos. Feijóo lo vendió como la respuesta a los ‘peores resultados de la historia’ de la enseñanza española. El apartado octavo promete ‘elevar el nivel educativo’, ‘erradicar cualquier adoctrinamiento de las aulas’ y garantizar ‘la enseñanza del castellano en toda España y de las lenguas cooficiales en sus respectivas comunidades autónomas’.
Illa eligió escenario y hora: un encuentro con los delegados de la Generalitat en el exterior, a mediodía, sin nota previa. La respuesta fue una frase corta, casi de manual. ‘Aquí quiero ser muy claro: la lengua catalana no se toca’.
El punto ocho del plan del PP: qué significa de verdad ‘garantizar el castellano’
El texto popular no fija porcentajes. Quien los puso sobre la mesa fue El Mundo, que situó el objetivo en relegar el catalán al 50% del horario escolar. Ahí se encendió la mecha: una propuesta genérica sobre calidad educativa se convirtió en un ataque directo al modelo catalán, el mismo que el PP lleva años intentando tumbar por la vía judicial.
Para Illa, la lengua es ‘uno de los elementos del autogobierno más destacados’, ‘primordial de la personalidad política de Catalunya y un puente de entendimiento’. De ahí el reproche a quienes, dijo, ven en los idiomas ‘armas de confrontación y división en lugar de puentes de comunicación.
La lengua no es un adorno del autogobierno catalán: es su infraestructura. Y por eso vuelve al centro cada vez que el PP necesita un tema.
Y remachó: quienes sostienen lo contrario hablan ‘de oído y con una dosis alta de ignorancia’. Sin matices. Sin margen para una negociación que, en privado, nadie en el Govern contempla.
El tablero catalán: a quién le sale rentable el choque

La aritmética incomoda al PSC. Un ataque frontal a la inmersión reactiva el marco clásico de ERC y de Junts, que recuperan su discurso más reconocible, justo cuando la legislatura entra en su tramo de desgaste. A Illa le obliga a demostrar que la defensa no es solo retórica.
En paralelo, el PP catalán recupera un tema que le ha funcionado mejor en la conversación pública que en las urnas. En Cataluña, la bandera del castellano no ha traducido réditos proporcionales al ruido que genera, y ese es un dato que en Génova conocen.
Los comunes, socios de investidura, miran de reojo. Cualquier movimiento que parezca recentralizar el debate les obliga a elegir entre el marco de la escuela catalana y la España plurilingüe que reivindican.
A eso se suma el flanco que más preocupa en el Palau: la negociación con Moncloa. Con la financiación singular todavía abierta, a Illa no le conviene que Cataluña vuelva a ser el tablero donde el PP ensaya su campaña. Cada titular sobre la lengua le resta margen en Madrid y se lo suma a quienes le piden gestos de firmeza.
De la cuota del 25% al 29N: el precedente que Illa no quiere repetir
No es la primera vez. En junio de 2021 el TSJC dictó la primera resolución que obligaba a impartir un 25% de horas en castellano en la escuela catalana. El Govern reaccionó con un decreto ley que el Parlament de Catalunya validó en la primavera de 2022 y que blindó el catalán como lengua vehicular. Cinco años después, la mayoría de los centros catalanes mantiene el modelo, con parches y alguna excepción judicial.
El Estatut fija que el catalán es la lengua propia de Cataluña y la Llei d’Educació de Catalunya, aprobada en 2009, lo define como lengua vehicular del sistema. Cualquier cambio de ese eje exige mover ley y mayoría parlamentaria, algo que el PP no tiene ni de lejos en el hemiciclo catalán.
La diferencia respecto a 2021 no es el fondo, es el calendario. Entonces la pelea se libraba en los juzgados y en los despachos; ahora se libra en la campaña del 29 de noviembre, con el PP en modo electoral y el PSC obligado a gobernar y competir al mismo tiempo.
Lo que observamos es un patrón conocido: cada vez que el PP nacional necesita músculo, la lengua catalana vuelve a la primera línea. Y cada vez el PSC responde con firmeza en el discurso y con cautela en la gestión. Esa asimetría es su punto débil y, a la vez, su espacio electoral.
El riesgo real no está en Feijóo. Está en que la bronca escale y el Govern acabe gestionando un conflicto lingüístico que hoy no existe en las aulas. Cataluña lleva años con un modelo estable, contestado en los tribunales y asumido en la práctica por la mayoría de las familias.
Queda la campaña del 29N y, después, el debate en el Parlament. Nadie en la Generalitat espera que el PP rebaje el tono. Cosas que pasan cuando la lengua se convierte en eslogan.
