Toni Comín regresa a Cataluña el domingo 25 de octubre, a pie y nueve años después de instalarse en Bélgica. El exconseller cruza la frontera francesa con el acta de eurodiputado de Junts a punto de quedar desbloqueada y con un calendario que separa dos gestos: el trámite en Madrid y la vuelta física a casa.
El primer acto llega antes, el jueves 22 de octubre. Ese día viajará a Madrid para acatar la Constitución ante la Junta Electoral Central, el organismo que exige ese trámite para expedir la credencial plena de eurodiputado. La gestión se hará en la sede de la Cámara Baja, donde el órgano tiene su domicilio.
La razón de aquel primer plantón fue el riesgo de detención. Comín evitó entonces desplazarse a Madrid por esa posibilidad; ahora, con el escenario procesal transformado por la amnistía de 2024, ha pasado de la negativa a la disposición absoluta a personarse en la capital. El dirigente ha aclarado que el trámite no altera su agenda de retorno.
El calendario inicial situaba el regreso el sábado 24 de octubre. Finalmente será el domingo 25, y Comín ha desvinculado expresamente la gestión de Madrid de la fecha de vuelta. El plan es cruzar a pie el paso fronterizo, un gesto medido que llega con nueve años de residencia belga a las espaldas.
Un trámite de funcionario que ha tenido el escaño en el aire
El cargo de eurodiputado no se ejerce sin la credencial. Comín encabezó la lista de Junts en los comicios europeos, pero la ausencia del acatamiento constitucional mantuvo su acta en suspenso desde entonces. Sin ese papel no hay escaño ni derecho a voto en el hemiciclo comunitario.
El pulso tampoco es nuevo. En la legislatura europea anterior su acta ya estuvo bloqueada hasta que la Justicia terció a su favor, un precedente que explica la prudencia con la que el entorno del dirigente ha ordenado los tiempos: primero el trámite, después la foto.
El regreso de Comín no se mide en kilómetros, sino en credenciales: sin el papel de Madrid, la frontera a pie era un gesto sin escaño.
Papeleo, no épica.
La foto que Junts necesita y el problema que le coloca en el centro

Para Junts, el 25 de octubre es una oportunidad de doble filo. Recupera un escaño, un altavoz en Bruselas, y una imagen que la formación perseguía desde hace años. Pero cada regreso de un encausado reabre la misma pregunta: por qué este sí y el expresident no.
La comparación incomoda. Comín ha construido su vuelta sobre un gesto físico —el paso a pie por la frontera— que funciona como mensaje para consumo interno y como titular para el resto de España. Ninguna de esas dos cosas sale gratis en términos políticos, y la formación lo sabe.
En el otro lado del tablero, la lectura del Govern del PSC es bien distinta. Un retorno sin incidentes alimenta el relato de normalización que interesa a La Moncloa y al president Salvador Illa: la amnistía funciona, los encausados vuelven, el conflicto se desactiva por la vía administrativa. Eso sí, por ahora no ha habido valoración pública del calendario por parte del Ejecutivo catalán.
Silencio calculado.
Fuentes parlamentarias consultadas por Moncloa.com sitúan el gesto en la pugna interna de Junts entre quienes sostienen que la presión institucional debe seguir en Madrid y Bruselas y quienes consideran que el desgaste se libra en los despachos, no en las calles. La mayoría de los cargos de la formación considera que el relato del retorno es rentable a corto plazo. El del exconseller se leerá como fuerza. O como debilidad, según cómo se mire.
Ya veremos.
Lo que el 25 de octubre dice del independentismo que viene
Lo que observamos es un movimiento de piezas más administrativo de lo que parece. El independentismo lleva años convirtiendo los trámites en batallas y las batallas en relatos, y el caso de Comín es la última entrega: un requisito de la Junta Electoral Central gestionado como si fuera una frontera. La paradoja es que el gesto más simbólico del calendario —cruzar a pie la frontera francesa— sirve para cerrar un expediente de oficina.
El riesgo para Junts está en la resaca. Si el 25 de octubre se celebra como una victoria y no pasa nada más, el relato se desinfla en una semana. Si, por el contrario, el regreso arrastra consecuencias judiciales o una comparecencia incómoda, la formación recupera el marco del conflicto que necesita para no quedar atrapada en la gestión. No consta que el plan incluya trámites ante los tribunales.
Hay una tercera lectura, menos épica y más útil para entender el tablero: el retorno de un exconseller no cambia ninguna mayoría, pero sí cambia el tono con el que Junts negocia. Un grupo parlamentario con todos sus escaños activados tiene más margen para sostener posiciones duras sin parecer que compensa con retórica lo que le falta en Bruselas.
El primer termómetro llegará la semana del 26 de octubre, cuando Comín pueda ocupar su escaño con la credencial en la mano. Para entonces debería estar resuelta la duda de fondo: si el retorno es el final de una etapa o el prólogo de la siguiente. En esta redacción seguimos de cerca el segundo escenario.
