La Junta ha respaldado este lunes la candidatura de Granada a Capital Europea de la Cultura 2031 como un proyecto de toda Andalucía. La consejera de Cultura, Patricia del Pozo, la presentó durante un desayuno informativo de IDEAL y la Fundación Cajasol como una inspiración que trasciende la ciudad.
Del Pozo convierte la capitalidad en un reto de comunidad
El encuentro, celebrado en la capital granadina, reunió en torno a la cultura y a la capitalidad a artistas, empresarios y autoridades locales y regionales. El presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido, impulsor del foro junto al diario IDEAL, defendió que la cita se ha convertido en un espacio de encuentro para el debate público y reivindicó la pluralidad y la independencia como método para abordar los grandes retos colectivos de Andalucía.
La consejera situó el proyecto fuera del perímetro estrictamente artístico. Del Pozo trasladó que la candidatura es una inspiración para el conjunto de la comunidad y que la cultura funciona ya como un sector económico de primer orden en el sur peninsular, con capacidad de arrastrar empleo, inversión y talento joven. En su intervención defendió que el patrimonio de Granada no se mide solo en conservación, sino en actividad que genera a su alrededor.
Pulido fue aún más explícito al ampliar el mapa. «.
La suma de complicidades que Granada necesita para 2031
De ahí el llamamiento a instituciones, creadores, Universidad de Granada, tejido empresarial, ciudadanía y medios de comunicación. El presidente de la Fundación Cajasol pidió una suma de complicidades en torno al objetivo y ofreció la estructura de la entidad para reforzar proyectos en cuatro pilares: cultura, deporte, acción social y emprendimiento. También trasladó su respaldo al ciclo Leyendas de Granada que impulsa IDEAL, con la incorporación de la inteligencia artificial como herramienta de difusión.
La cita decisiva ya tiene fecha: el 3 de diciembre. Ese día se conocerá la designación española para 2031 y Pulido expresó su deseo de que se haga «un acto de justicia» con Granada. La alcaldesa de la ciudad, Marifrán Carazo, y el resto de autoridades presentes recogieron el respaldo de una entidad que, según su presidente, trabaja para toda Andalucía. Hubo también reconocimiento explícito a Del Pozo, descrita como «trabajadora incansable» en la proyección nacional e internacional de la comunidad.
Andalucía ya sabe lo que una capitalidad cultural hace a una ciudad: Sevilla la convirtió en 1992 en el escaparate que reabrió su río y su futuro.

El respaldo autonómico se suma al trabajo que ya despliegan el Ayuntamiento de Granada, la Universidad y el sector turístico de la provincia. La capitalidad no es un adorno institucional: obliga a preparar infraestructuras, programación estable y accesibilidad durante los años previos, y exige sostener el ritmo cuando el foco mediático se apague. La Junta de Andalucía ha comprometido acompañamiento institucional al proyecto.
El punto de partida es sólido. Granada acumula un patrimonio que pocas ciudades europeas pueden igualar: la Alhambra y el Generalife, el Albaicín, Sacromonte y la huella de Federico García Lorca. La candidatura aspira a ordenar ese relato y a sumarle creación contemporánea, música y artes escénicas para no quedarse en la postal. La cultura andaluza tiene aquí una oportunidad de mostrarse como industria, no como recuerdo.
La Lectura Andaluza
Andalucía ya ha jugado esta carta y conoce el resultado. Sevilla fue Capital Europea de la Cultura en 1992, un hito que transformó la fisonomía de la ciudad y su relato internacional durante años. Después llegó la candidatura de Málaga para 2016, que se quedó a las puertas frente a San Sebastián. La experiencia regional dice dos cosas: que el título por sí solo no basta y que la preparación previa deja poso mucho después del último acto.
Para el lector de a pie, el valor está en el empleo y en el calendario. Una capitalidad cultural mueve hostelería, comercio, transporte y construcción en los años de preparación, y después deja equipamientos y una marca que se explota durante décadas. En Granada, donde el turismo sostiene buena parte del PIB provincial, el efecto se mide en pernoctaciones y en la capacidad de desestacionalizar visitas hoy concentradas en la Alhambra.
Queda por delante la parte más difícil: convertir el entusiasmo en proyecto. El 3 de diciembre se sabrá si Granada representa a España en 2031. A partir de ahí, el calendario exige cerrar el dossier, implicar al Parlamento de Andalucía y sellar el compromiso presupuestario de todas las administraciones. La Junta ya ha puesto su parte. Ahora toca que la suma de complicidades se traduzca en hechos. En juego no hay solo un título: hay la oportunidad de consolidar la cultura andaluza como industria.

