Vox confirma que Montse Lluis será número dos de su lista por Madrid, con Juan Sergio Redondo tercero y Pepa Millán cuarta.
La candidatura que Santiago Abascal llevará a las elecciones generales del 29 de noviembre queda así armada en torno a tres perfiles muy concretos: la responsable de la negociación con el Partido Popular, el portavoz de la ciudad que concentra el debate sobre inmigración y la portavoz parlamentaria en el Congreso de los Diputados. Completan los primeros puestos Cristian Toro, portavoz nacional de Deportes, en quinto lugar, y María Ruiz, vicesecretaria de Organización Territorial, en el sexto.
Los nombres de la lista y el argumentario que los sostiene
Detrás de la elección de Lluis hay algo más que cortesía interna. Como secretaria general adjunta de Vox, ha sido una de las principales negociadoras de los acuerdos de gobernabilidad suscritos con el PP en comunidades como Extremadura, Aragón y Andalucía. De esas conversaciones han salido compromisos sobre inmigración, vivienda, reducción del gasto público y aplicación de criterios de prioridad nacional en determinadas prestaciones y ayudas públicas.
Ese es el núcleo del argumentario. Vox sostiene que las ayudas sociales deben atender primero a los españoles, en palabras de Abascal: ‘Las ayudas sociales tienen que ser prioritariamente para los españoles’. Situar a la artífice de esos pactos en el número dos de Madrid convierte en programa electoral lo que ya se ha firmado en los gobiernos autonómicos. Y, de paso, recuerda quién los hizo posibles.
El tercer puesto refuerza la otra pata de la campaña. Juan Sergio Redondo es portavoz de Vox en Ceuta, una de las ciudades que ha concentrado el debate político sobre control fronterizo, inmigración irregular y seguridad. Su salto a un puesto de salida por Madrid traslada al Congreso el discurso que el partido considera más movilizador y que, según su propia dirección, vertebra la agenda de la próxima legislatura.
La cuarta plaza es para Pepa Millán, portavoz del Grupo Parlamentario VOX en el Congreso. Su incorporación a la lista madrileña tiene una lectura doble: refuerza el peso de los perfiles de dirección nacional en la futura representación y abre la incognita de quién asumirá la portavocía parlamentaria si sale elegida.
La lista de Madrid no es un reparto de cuotas: es el organigrama de la negociación con el PP convertido en candidatura electoral.
Fuera de Madrid, el movimiento más relevante es el de Samuel Vázquez, portavoz nacional de Seguridad e Inmigración, que encabezará la lista por Ávila. La candidatura combina dirigentes de la dirección nacional con representantes territoriales y responsables de área, un equilibrio que la cúpula ha cuidado en esta convocatoria.
El pulso con el PP y qué recorrido tiene la candidatura
La lectura para el Partido Popular es incómoda. Cada uno de los acuerdos autonómicos firmados con Vox incorpora el principio de prioridad nacional, aunque su aplicación concreta varíe según el territorio y deba ajustarse al ordenamiento jurídico vigente. Al situar a la negociadora de esos textos en el número dos por Madrid, Vox traslada al PP un mensaje claro: lo pactado en las comunidades es el suelo de cualquier conversación futura.
Madrid reparte 37 escaños, la circunscripción más grande del Congreso de los Diputados, y por tanto la que mejor mide el resultado de una candidatura. Los tres primeros puestos actúan como puestos de salida en cualquier escenario razonable para el partido. La cuarta plaza ya depende del porcentaje final y del juego del resto de fuerzas.
El diseño responde también a una lógica de campaña. Los carteles de Madrid llevarán a Abascal acompañado de dos caras poco conocidas para el gran público pero muy reconocibles para el votante militante: la de quien ha estado en todas las mesas de negociación y la de quien ha sido voz del partido en la frontera sur. Ninguno de los dos es un fichaje externo ni una concesión a cuotas territoriales.

La estrategia de Vox: negociar primero, legislar después
Hay un precedente que conviene tener presente. En julio de 2024 Vox rompió los gobiernos de coalición que mantenía con el PP en varias comunidades autónomas por el reparto de menores migrantes. Dos años después, la dirección ha reconstruido esa relación sobre bases distintas: acuerdos programáticos, sin sillón compartido, y con la negociación en manos de un perfil técnico que ahora ocupa el número dos de la lista más decisiva.
Ese es el movimiento que analizamos. Vox no renuncia a la presión por la derecha; la institucionaliza. Y el PP queda expuesto a una contradicción que el partido de Abascal explotará durante la campaña: los populares firman la prioridad nacional en los gobiernos autonómicos y, al mismo tiempo, evitan comprometerse con ella en el ámbito estatal.
Queda por ver cómo encaja la dirección el relevo en la portavocía del Congreso y si Millán compagina la cuarta plaza con la actividad parlamentaria hasta la disolución de las Cortes. Con la lista de Madrid ya cerrada, el siguiente hito será la aprobación completa de las candidaturas y el arranque formal de una campaña en la que Vox se juega convertir su capacidad de negociación en escaños.

