La COP17 biodiversidad afronta en Ereván (Armenia) su primera revisión global con menos de la mitad de las metas nacionales en marcha y 200.000 millones de dólares anuales todavía sin movilizar.
Ereván examina 23 metas globales con la mitad de los deberes sin aprobar
El encuentro, que comenzó el 19 de octubre y se clausura el 30, es la primera revisión colectiva del Marco de Kunming-Montreal, el acuerdo cerrado en 2022 con 23 metas para 2030 y cuatro objetivos de largo plazo para 2050. El texto ataca los motores de la pérdida de naturaleza: el cambio de uso del suelo y del mar, la sobreexplotación de especies, el calentamiento global, la contaminación y las especies invasoras.
Su ambición más citada sigue siendo el objetivo 30×30: conservar el 30% de la tierra y del mar antes de 2030. António Guterres, secretario general de la ONU, lo resumió en Ereván con una idea incómoda: hay que terminar con la guerra contra la naturaleza y esta cita es el momento de rendir cuentas.
El informe de progreso presentado por el Convenio sobre la Diversidad Biológica dibuja un avance desigual. Cerca del 90% de las 196 partes han registrado metas nacionales, en torno al 60% cuentan con estrategias y planes de acción y más del 70% han entregado informes. El papel está. Los resultados, no: menos de la mitad de las metas evaluadas van por buen camino y la ambición sigue por debajo del 30×30, según la secretaria ejecutiva de la convención, Astrid Schomaker.
Las carencias se repiten en cuatro frentes: financiación, capacidad técnica, cooperación y datos para medir. La propia convención admite que sin series comparables ningún país puede demostrar que su política funciona. Y sin prueba, la rendición de cuentas se queda en el discurso.
Sin financiación ejecutada y sin datos comparables, cada meta nacional es una declaración de intenciones.
Los 200.000 millones anuales que la cumbre reclama y nadie firma
El marco exige movilizar al menos 200.000 millones de dólares al año de todas las fuentes para 2030, con un mínimo de 30.000 millones en financiación internacional, según el embajador de Armenia ante la ONU, Paruyr Hovhannisyan. La cifra existe sobre el papel desde 2022. El compromiso presupuestario, en cambio, no aparece en ninguna ley de presupuestos.

Ereván también debe poner en marcha el Fondo de Cali, el mecanismo pactado en la COP16 de 2024 para repartir de forma justa los beneficios del uso comercial de la información digital sobre secuencias genéticas. Parece un asunto técnico. No lo es: define quién cobra cuando una farmacéutica desarrolla un fármaco con un recurso genético de un país megadiverso.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Superficie protegida: el objetivo 30×30 fija conservar el 30% de la tierra y el 30% del mar para 2030.
- Financiación anual: 200.000 millones de dólares al año para 2030, de los que 30.000 millones deben ser internacionales.
- Incentivos a reformar: 500.000 millones de dólares anuales en subsidios perjudiciales, según la meta 18.
- Avance real: menos de la mitad de las metas nacionales evaluadas van por buen camino, según la convención.
Vamos por partes. El dinero público no alcanza y el marco nunca lo pretendió: habla de todas las fuentes, incluida la filantropía y la inversión privada. Pero sin reformar los incentivos, cada euro destinado a conservación compite contra varios euros de subsidio que financian justo lo contrario. Ahí está el agujero.
La meta 18: 500.000 millones en subsidios que trabajan contra la naturaleza
La meta 18 obliga a identificar y reducir al menos 500.000 millones de dólares anuales en incentivos perjudiciales para la biodiversidad antes de 2030, mediante reforma o eliminación gradual. En la lista están los subsidios a los combustibles fósiles, a la agricultura intensiva y a una pesca que vacía caladeros. El cálculo importa: el dinero que daña la naturaleza multiplica al que la protege.
Aquí la cumbre deja de ser un asunto de ministerios de Medio Ambiente. La Taxonomía Verde europea y la directiva CSRD, con su estándar E4 de biodiversidad y ecosistemas, ya obligan a las grandes empresas a declarar sus dependencias e impactos sobre la naturaleza. Lo que Ereván acuerde sobre métricas acabará en el informe anual de una agroalimentaria cotizada y, por arrastre, en las exigencias a su cadena de suministro.
El efecto dominó llega al consumidor. Si el precio de un alimento reflejara el coste de reponer el suelo y los polinizadores que consume, la cuenta cambiaría, como han documentado las evaluaciones de la plataforma científica IPBES. Ese coste no aparece en ninguna etiqueta, y esa omisión también es una decisión económica.
De Kunming a Ereván: ambición sin contabilidad
El precedente sirve para medir la distancia. En 2022, la COP15 cerró en Montreal el marco que ahora se revisa; en 2024, la COP16 de Cali aprobó el fondo que Ereván debe hacer operativo. Cuatro años después, el sistema sigue sin un mecanismo de verificación con la musculatura del Acuerdo de París: no hay precios, no hay sanciones y no hay presupuestos nacionales comparables. La consecuencia práctica es que la financiación anunciada y la reforma de subsidios pueden compensarse entre sí y dejar el balance en cero para 2030.
La posición de esta redacción es explícita: la cumbre no necesita más declaraciones, necesita contabilidad. Un país que dice proteger el 30% de su mar debería publicar qué áreas, con qué figura legal y con qué presupuesto de vigilancia. Una empresa que dice depender de la naturaleza, cuánto. Sin ese detalle, el objetivo 30×30 será una cifra de comunicado y la próxima generación heredará un acuerdo sin dinero.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: si se cierra la brecha, 200.000 millones de dólares anuales y el 30% del planeta bajo protección legal en 2030.
- Modelo que cambia: los 500.000 millones en subsidios nocivos de la meta 18 dejan de financiar la destrucción que la cumbre intenta frenar.
- Para las próximas generaciones: suelo, agua y polinizadores sostienen la alimentación; medir su pérdida es la única forma de facturarla.

