El Reino Unido ha autorizado el yacimiento de gas Jackdaw, en el Mar del Norte, vetado por la política climática británica. La decisión, celebrada por Donald Trump con un mensaje triunfal, rompe dos años de bloqueo judicial y el compromiso laborista de no abrir nuevos proyectos de combustibles fósiles en la zona.
Qué ha autorizado Londres y por qué rompe su propia política climática
La ministra británica de Energía, Miatta Fahnbulleh, firmó la autorización esta semana y aseguró que el campo empezará a inyectar gas a hogares y empresas antes de que termine octubre. El argumento oficial es la crisis energética: según Fahnbulleh, el conflicto en Oriente Próximo ha encarecido la importación y ha reforzado la necesidad de producir en casa. El gas de Jackdaw llegará al mercado doméstico británico en cuestión de días.
El camino hasta aquí no ha sido corto. A comienzos de 2025, el Tribunal de Sesión de Edimburgo (el órgano judicial civil supremo de Escocia) anuló las licencias concedidas en 2022 y 2023 a los proyectos de gas de la cuenca del Mar del Norte. Los jueces consideraron que las autorizaciones eran ilegales porque no evaluaban el impacto ambiental completo, incluida la quema posterior del gas extraído. La decisión de esta semana desbloquea Jackdaw, pero no se pronuncia sobre Rosebank, el otro gran proyecto pendiente frente a la costa escocesa.
El giro es notable: el Ejecutivo laborista se comprometió en 2024 a no conceder nuevas licencias de exploración de petróleo y gas en el Mar del Norte y subió del 35% al 38% el impuesto sobre los beneficios del sector, hasta dejar la carga total cerca del 78%, según las cifras que recogió el Financial Times. Tipos altos, licencias en el aire y una patronal que amenaza con desinvertir: la ecuación que Londres intenta deshacer. La patronal Offshore Energies UK calculó en marzo de 2025 que la cuenca aún guarda entre 2.000 y 3.000 millones de barriles equivalentes hasta 2050.
Trump llevaba meses empujando en esa dirección. En julio aseguró que el nuevo primer ministro, Andy Burnham, le había dicho que abriría el Mar del Norte «por completo»: «Si usas el Mar del Norte, el Reino Unido será un país realmente rico», declaró. «No consigo que el mensaje cale. El nuevo caballero, cuando hablé con él, dijo que iba a abrir el Mar del Norte». Burnham ha defendido un enfoque «pragmático»: «Cuando la gente lo está pasando mal, no podemos mirar a otro lado».
Washington no pide permiso.
Jackdaw no es un triunfo retórico de Trump: es la constatación de que la seguridad energética ha adelantado a la agenda verde en Europa.
La reacción del presidente de Estados Unidos llegó el mismo día. Calificó la autorización de «gran noticia para la riqueza y la prosperidad» del Reino Unido y de la región escocesa de Aberdeen, a unas 150 millas del yacimiento y donde Trump posee un campo de golf. «Esto hará que el Reino Unido vuelva a ser muy rico», añadió.
El gas británico que también se juega España

A primera vista, Jackdaw es un asunto británico: un yacimiento mediano operado por Shell frente a la costa escocesa. La lectura estratégica es otra. El precio del gas en el noroeste de Europa se fija en el mercado holandés TTF, y esa referencia marca la factura industrial española, buena parte del precio de la electricidad y la competitividad del cerámico, el químico o el alimentario. Cada céntimo que se mueve el TTF se nota en la cuenta de resultados de miles de empresas españolas.
España tiene la mayor capacidad de regasificación de Europa y compra gas licuado sobre todo a Argelia y a Estados Unidos, pero su mercado interior sigue indexado a las referencias del continente. Más gas doméstico británico no abarata automáticamente la factura española; lo que cambia es el suelo político de la negociación en Bruselas. Repsol, a través de su sociedad con Sinopec en el Reino Unido, opera una cartera de de campos maduros en el Mar del Norte y lleva años reclamando un marco fiscal estable para invertir.
En Bruselas, el expediente importa tanto como el barril. La autorización británica llega en plena discusión sobre el objetivo climático de 2040 y refuerza el argumento de quienes piden acompasar la descarbonización al suministro disponible. La Moncloa no ha cuestionado el rumbo verde, pero defiende que la transición se financie con costes repartidos y no con precios eléctricos que castiguen a la industria.
La cuenta llega después.
La Lógica de Washington
Desde la Casa Blanca, la decisión se lee como una validación. La doctrina energética de Trump parte de una premisa sencilla: la seguridad nacional empieza por no depender de terceros para calentar las casas y mover las fábricas. No es una idea nueva. Es la que llevó a Reagan a proteger el acero americano en 1984 y a Bush a imponer salvaguardas arancelarias en 2002, y la que hoy se vende como dominancia energética.
La coalición que respalda esa línea es amplia dentro del Partido Republicano: estados productores como Texas, Luisiana y Dakota del Norte, los sindicatos de la construcción de tuberías, la patronal del gas licuado y un electorado que asocia la factura de la luz con la política exterior. Para ese votante, cada yacimiento que se abre fuera de Estados Unidos cuenta como victoria: si Londres cede, Bruselas acabará cediendo. Washington no necesita convencer a Europa; le basta con que el Reino Unido se mueva primero.
El mapa energético se ha movido.
El precedente más útil, sin embargo, es otro. Cuando Nixon cerró la ventana del oro en 1971, Washington también decidió que un dogma económico cedía ante una presión insostenible. Hoy el dogma que cede es europeo: Londres ha autorizado Jackdaw sin conceder nuevas licencias de exploración, lo que deja la puerta entreabierta. La prueba de fuego será Rosebank, cuya licencia sigue sin resolverse y que la industria interpreta como la señal definitiva. Ese es el plazo que conviene seguir en los próximos meses.
Nadie dijo que fuera gratis.
Ficha del Caso
- El caso: El Gobierno británico desbloquea el yacimiento de gas Jackdaw en el Mar del Norte tras meses de presión de la industria y de la administración Trump, y rompe su compromiso de no abrir nuevos proyectos fósiles en la cuenca.
- Datos clave: Yacimiento a unas 150 millas de Aberdeen; licencias anuladas en 2025 por el Tribunal de Sesión de Edimburgo; impuesto del 38% sobre beneficios con carga total cercana al 78%; entre 2.000 y 3.000 millones de barriles equivalentes disponibles hasta 2050 según Offshore Energies UK. El gas llega al mercado antes de que acabe octubre.
- Para España: Sin efecto directo sobre el suministro, pero señal política en Bruselas y recordatorio de que la factura española depende de referencias como el TTF. Repsol mantiene una cartera de campos maduros en la zona.

