El Pentágono confirma la nueva base militar en Groenlandia: obras en 2027 y más presencia de EE. UU. en el Ártico

Las obras de Narsarsuaq y Mestersvig arrancarán cuando se reabra la ventana meteorológica, y Pituffik renovará radares, energía y hangares. Madrid observa el precedente pensando en Rota y Morón.

El Pentágono quiere empezar a construir en 2027 las dos nuevas bases militares de EE. UU. en Groenlandia. La ventana meteorológica del Ártico manda y el calendario ya está sobre la mesa.

Un alto cargo del Departamento de Defensa lo explicó el martes en Washington, en un encuentro del Defense Writers Group: ‘Esperamos tener cierto nivel de capacidad inicial el año que viene’. Es la primera confirmación pública de plazos desde que Donald Trump anunció el acuerdo en septiembre.

Dos bases nuevas, un aeródromo de grava y un radar que vigila el Ártico

El texto pactado entre Washington, el Gobierno de Groenlandia y Dinamarca permite a EE. UU. levantar instalaciones adicionales en Narsarsuaq, en el sur de la isla, y en Mestersvig, en la costa este. No se parte de cero: en Mestersvig ya hay una pista de grava de 6.000 pies, unos 1.830 metros, que el Pentágono piensa reutilizar. Cuando el cargo explicó qué piden los mandos combatientes, la respuesta fue una palabra: ‘opciones’.

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Hoy la presencia estadounidense se reduce a Pituffik Space Base, en el extremo norte, la instalación más septentrional de todo el dispositivo militar de EE. UU., con unos 150 militares. Su función es la de un sistema primario de alerta temprana: por geografía, un ataque contra el territorio continental llegaría cruzando el Ártico. ‘La naturaleza crítica de lo que hace Pituffik no se puede exagerar’, señaló el responsable del Pentágono.

El clima pone las reglas. En el sur hay unos 300 días al año utilizables, con dos meses de frío extremo en los que cualquier obra se detiene; cerca de Pituffik la ventana se reduce a ‘unos pocos meses’. De ahí que el cronograma hable de 2027.

Groenlandia no es una compra ni una conquista: es la pieza del tablero desde la que se vigila cualquier misil que cruce el Ártico hacia América.

Para Pituffik existe además una estrategia de de inversión muy detallada que incluye la modernización de radares, del sistema energético y de los hangares. Arrancará en 2027, cuando se reabra la ventana meteorológica.

Dinamarca, la OTAN y la lectura que se hace en Madrid

Ártico defensa

El acuerdo llega tras más de un año de exigencias intermitentes de Donald Trump, que llegó a poner sobre la mesa la compra de la isla. Ese pulso tensionó la relación con varios aliados europeos y dejó al Gobierno danés en una posición delicada: Groenlandia goza de autogobierno desde 2009 y cualquier decisión sobre su suelo implica a tres administraciones. La lectura estratégica es otra: Washington ha resuelto una necesidad de defensa con un convenio bilateral, no con un marco de la OTAN.

Ese detalle se sigue con atención desde Madrid. España opera Rota y Morón de la Frontera bajo un convenio de cooperación para la defensa firmado en 1988 y renovado periódicamente, un esquema parecido al que ahora se aplica en Groenlandia. Lo que se negocia en el Ártico es la letra pequeña de cómo EE. UU. trata con sus socios.

Aquí no hay un arancel que cuantificar ni un sector exportador en el punto de mira, y conviene decirlo con claridad. El impacto es estratégico. Primero, porque el compromiso de elevar el gasto en defensa al 5% del PIB en 2035, asumido en la cumbre de La Haya de 2025, tendrá que traducirse en capacidades reales. Segundo, porque Navantia, Indra y Airbus compiten por contratos de sensores y comunicaciones ligados a este tipo de infraestructuras.

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La Lógica de Washington

La obsesión por Groenlandia no nació con Donald Trump. EE. UU. compró Alaska al imperio ruso en 1867, adquirió las Indias Occidentales danesas en 1917 y en 1946 Harry Truman ofreció 100 millones de dólares en oro por la isla. La lógica es la misma de la Guerra Fría: negación estratégica. No se trata tanto de ocupar como de garantizar que nadie más lo haga. En 1951, Washington y Copenhague firmaron el acuerdo que permitió construir la base de Thule, hoy Pituffik, y ese texto sigue siendo el cimiento jurídico de todo lo demás.

¿Qué problema intenta resolver el Pentágono? Uno poco ideológico y muy concreto: la doctrina de ‘opciones’ de los mandos combatientes. El Mando Norte quiere aeródromos alternativos, dispersión de activos y redundancia de radares ante un escenario en el que Rusia ha reforzado su flota del norte y China se presenta como ‘Estado casi ártico’. La coalición que sostiene la medida es igual de prosaica: halcones de defensa del Partido Republicano, la industria de la alerta temprana y una parte del establishment demócrata que reclama más presencia en el Alto Norte.

La incógnita es el dinero. Dos bases en un territorio sin carreteras, sin puertos y con dos meses de oscuridad total no se construyen con un anuncio. El Pentágono admite que sigue en fase de planificación y la petición presupuestaria que la Casa Blanca enviará al Capitolio previsiblemente en la primavera de 2027 dirá si Narsarsuaq y Mestersvig son una capacidad real o un titular. La comparación con otras eras invita a la prudencia: el escudo antimisiles de Reagan tardó dos décadas y tres administraciones en dar resultados verificables.

Para España y para la UE, la proyección es fácil de enunciar y difícil de ejecutar: si el Ártico se convierte en el nuevo tablero, Bruselas tendrá que decidir si negocia con Washington en bloque o si cada capital firma su propio convenio. Madrid ya tiene el suyo desde 1988. Las próximas conversaciones sobre ese texto se leerán con el caso groenlandés como referencia.

Ficha del Caso

  • El caso: El Pentágono confirma que las obras de dos nuevas bases en Groenlandia, Narsarsuaq y Mestersvig, arrancarán en 2027, cuando se reabra la ventana meteorológica del Ártico.
  • Datos clave: Pituffik Space Base, la instalación más septentrional de EE. UU., alberga unos 150 militares; en Mestersvig ya existe una pista de grava de 6.000 pies; en el sur de la isla hay unos 300 días anuales de obra posible frente a ‘unos pocos meses’ en el norte.
  • Para España: sin impacto comercial directo, el acuerdo fija el precedente bilateral que Madrid observa de cerca por los convenios de Rota y Morón y por el objetivo de gasto en defensa del 5% del PIB en 2035.