El boniato asado de mi abuelo se hacía entre las brasas y llegaba a la mesa con la piel negra y el interior casi líquido. Aquello era otra cosa.
El problema es que yo vivo en un piso sin chimenea. Cuando llego a casa a las nueve y media con el estómago pegando gritos, el horno —40 minutos mínimo, más el precalentado— no es una opción real. Tampoco me apetecía rendirme al táper recalentado por tercera noche consecutiva. Así que tiré de memoria y probé lo que él hacía cuando no encendía la lumbre: envolverlo en papel de aluminio y cocerlo en el microondas.
Funciona. Y funciona en 15 minutos contando el lavado, el pinchado y el reposo.
Conviene aclarar una cosa antes de seguir, para que nadie se lleve un chasco: en el microondas la piel no queda crujiente. No hay corteza tostada, no hay humo, no hay milagro. Lo que sí consigues es una pulpa cremosa, dulce y muy caliente, con ese punto de humedad que hace que se coma con cuchara. La receta que Liliana Fuchs publicó en Directo al Paladar va exactamente por ahí, y su abuelo —como el mío— lo tenía clarísimo: el boniato no necesita que lo disfraces.
Porque eso es lo que es. Comida humilde, de huerta, la que llegaba a la despensa con las primeras castañas y granadas y seguía allí cuando aquellas ya se habían ido. Un tubérculo barato que llena, no pesa y entra sin esfuerzo a las ocho de la tarde.
Un boniato, aceite y sal hacen más por una cena de martes que cualquier receta de veinte ingredientes.
Ojo con convertirlo en dieta. Cenar solo un boniato todos los días no es recomendable por muy nutritivo que sea: falta proteína, falta grasa y el aporte energético se queda corto si vienes de un día largo. Como recurso puntual, en cambio, es de lo más honesto que puedes ponerte delante.
El secreto del éxito
- Pinchazos repartidos: seis u ocho punciones con un tenedor por toda la superficie. Sin ellas la piel revienta y el vapor sale de golpe, que es justo lo que queremos evitar.
- Envuelto y hermético: el papel de aluminio sella el vapor y el boniato se cocina en su propio jugo. Si queda una rendija abierta, la pulpa se seca por las puntas.
- El reposo que nadie respeta: tres minutos envuelto y fuera del microondas. El calor residual acaba de cocer el centro y evita que te encuentres zonas duras junto a otras pasadas.
Ingredientes
- 1 boniato de unos 250-300 g (si es más grande, ajusta el tiempo)
- Aceite de oliva virgen extra
- Sal gruesa
Paso a paso: 15 minutos reales
Lava el boniato bajo el grifo y sécalo bien con un paño. No lo peles: la piel es la que lo protege y la que ayuda a sellar el vapor.
Pínchalo seis u ocho veces con un tenedor, repartiendo los pinchazos por toda la superficie, incluidos los extremos. Este paso se lo salta mucha gente y luego llega el susto.
Envuelve el tubérculo en un trozo de papel de aluminio cerrando bien los dos extremos. Cuanto más hermético quede, mejor: ahí dentro se cuece al vapor en su propio azúcar.
Colócalo en el centro del plato y programa 10 minutos a potencia máxima (unos 800 vatios) si pesa entre 250 y 300 gramos. Si es de los grandes, 13 minutos y voltéalo a mitad para que el calor no se concentre en un solo lado.
Comprueba el punto clavando un cuchillo de punta: debe entrar sin resistencia, como en mantequilla. Si ofrece guerra, dos minutos más y vuelve a probar. Eso sí, no lo dejes pasar de 15 o se seca y pierde esa textura de crema.
Y ahora la parte difícil: espera. Déjalo envuelto tres minutos fuera del microondas. El interior termina de hacerse con el calor residual y, de paso, no te quemas los dedos al abrir.
Abre el aluminio con cuidado —sale vapor y sale ardiendo—, pártelo por la mitad, aplasta la pulpa con un tenedor y échale un chorro generoso de aceite de oliva virgen extra y sal gruesa. Eso es todo. De verdad que es todo.
Variaciones y maridaje
Con bebida, un blanco seco de aromas maduros o una sidra natural fría funcionan mejor de lo que parece: la acidez corta el dulzor del tubérculo y limpia la boca entre cucharadas.
Si tienes freidora de aire, pínchalo igual y cocínalo 25-30 minutos a 200 ºC, dándole la vuelta a mitad. La piel queda algo más firme y el centro igual de cremoso. En horno tradicional son 45 minutos a 200 ºC con el mismo envoltorio, para quien tenga tiempo y quiera rastro de tostado.
Para enriquecerlo sin traicionarlo, una nuez de mantequilla derretida encima o una yema de huevo pochado, queso azul, o un poco de yogur griego con pimentón. Cualquiera de las tres lo convierte en plato principal de verdad.
Se conserva en la nevera hasta tres días, siempre sin pelar y envuelto. Para recalentarlo, 90 segundos de microondas bastan; si lo vas a convertir en puré, añade un chorro de leche caliente y remueve con fuerza.

