EN 30 SEGUNDOS
- ¿A quién afecta? A los viajeros de Rodalies en toda Catalunya, con especial incidencia en los trayectos de Barcelona y el área metropolitana: R1, R2, R3, R4 y el resto de líneas de la red.
- ¿Cuándo ocurre? Los datos corresponden a septiembre y se han publicado este octubre en el portal de transparencia de Renfe, con el curso ya empezado.
- ¿Qué cambia hoy? Menos trenes puntuales, retrasos más largos y un 5,9% de servicios que no se realizan. Quien dependa de Rodalies para llegar a tiempo debe añadir margen al trayecto.
La puntualidad de Rodalies se ha vuelto a romper. Solo el 49,2% de los trenes cumplió el horario de llegada en septiembre, casi cuatro puntos menos que el 52,9% de agosto y muy lejos del umbral que la red manejaba antes de la crisis abierta tras el accidente ferroviario de Gelida. En la práctica, más de la mitad de las circulaciones llegó tarde.
Los datos publicados en el portal de transparencia de Renfe dibujan un año en dientes de sierra. En marzo, solo el 45,7% de los trenes respetó el horario; en abril fue el 46,5%;, en junio se tocó el 50,5%; julio bajó al 49,3%; agosto subió al 52,9% y septiembre devolvió el indicador al 49,2%. Se realizaron 18.286 circulaciones, 477 más que en agosto. Renfe considera que un tren cumple horario cuando la desviación respecto a la hora programada de llegada en cada estación del recorrido es igual o inferior a tres minutos.
Llegan tarde más trenes y con más minutos de demora
El deterioro no es solo cuantitativo. Los convoyes impuntuales acumularon en septiembre una demora media de 20,4 minutos, frente a los 18,9 de agosto. El peor mes del año sigue siendo febrero, con 26,6 minutos, justo después del siniestro de Gelida. Renfe atribuye el 82,9% de las incidencias que castigaron la puntualidad a causas externas, un eufemismo que en la práctica señala a Adif como gestor de la infraestructura: averías, robos de cable, limitaciones de velocidad y todo tipo de incidencias sobre la vía.
La letra pequeña del panel matiza el alcance. El 92,3% de las circulaciones, 16.887 trenes, llegó a su destino final con menos de cinco minutos de retraso; el 95,4% (17.441) con menos de quince; el 98,1% (17.932) con menos de media hora y el 99,7% (18.228) por debajo de la hora. Pero el indicador que mide los servicios finalmente realizados sobre los programados cayó del 97,2% al 94,1%, lo que refleja cancelaciones y supresiones: uno de cada diecisiete trenes previstos no salió.
Ocho millones de viajeros y la comparación con Madrid
La demanda tampoco se recupera. En enero Rodalies movió 6,16 millones de pasajeros, frente a los 9,01 del mismo mes de 2025. Febrero sumó 6,25 millones y marzo 8,48. Abril marcó el máximo de la recuperación, con 9,65 millones, incluso por encima de los 9,36 del año anterior. Desde entonces el panel se ha ido desinflando: alrededor de nueve millones en junio y julio, ocho en agosto y ocho en septiembre. Cada tren que llega tarde es, además, un viajero que busca alternativa en el coche o en el teletrabajo.
La puntualidad no es un adorno estadístico: cada minuto de más en el andén lo paga dos veces el mismo viajero, en tiempo y en confianza.
La comparación con Cercanías de Madrid vuelve a dejar mal lugar a la red catalana, y eso que la capital no vivió su mejor mes. En agosto, el 70% de los trenes madrileños cumplió el horario; en septiembre bajó al 63,3%. Madrid realizó 34.978 circulaciones por 18.286 de Rodalies y transportó a 21 millones de viajeros frente a ocho millones aquí. El retraso medio del conjunto fue de 0,5 minutos en Madrid y de 1,6 en Catalunya; entre los convoyes que llegaron tarde, 12,3 frente a 20,4.

Por qué la red no levanta cabeza
La lectura que hacemos desde esta redacción es que el problema ya no es un mes malo, sino una estructura que falla. Renfe y Adif se reparten responsabilidades mientras el usuario paga la factura: la infraestructura acumula averías, los robos de cable se han convertido en un fenómeno recurrente en tramos del Vallès y del Baix Llobregat, y las limitaciones temporales de velocidad se eternizan sin calendario de retirada. Con ese cóctel, cada episodio de lluvia o de viento fuerte se convierte en un nuevo récord negativo.
El precedente de Gelida sigue pesando. El siniestro del 20 de enero colocó la seguridad en el centro del debate y forzó inspecciones, comisiones y comparecencias en el Parlament. Nueve meses después, la red no ha recuperado ni siquiera la puntualidad previa. Y no es la primera vez que ocurre: cada vez que Rodalies toca techo en un indicador, el mes siguiente lo corrige a la baja. Agosto dio un respiro con el 52,9%; septiembre lo devolvió al 49,2%.
Hay un dato que explica la dimensión política del asunto mejor que cualquier otro: la Generalitat y el Estado comparten competencias sobre una malla que suma 18.286 circulaciones mensuales y ocho millones de viajeros. Ninguna administración puede atribuirse una mejora que no llega, y ninguna puede eludir la factura de un servicio que el usuario percibe como propio. La exigencia de mejoras al Govern y al Ministerio de Transportes se ha convertido en un lugar común en los plenos, sin traducción visible en el andén. Más información sobre la red en la entrada de Wikipedia sobre Rodalies de Catalunya.
Con estos mimbres, la pregunta ya no es cuándo se recuperará el 60% de puntualidad, sino cuánto margen está dispuesto a asumir el viajero. El próximo panel de datos, el de octubre, se publicará a lo largo de noviembre. Hasta entonces, la recomendación práctica es la de siempre: consultar el estado de la línea antes de salir de casa, sumar quince o veinte minutos en los trayectos con enlace y tener a mano las alternativas de Metro y FGC dentro del área metropolitana. El servicio que debería sostener la movilidad del país sigue sin cumplir su promesa más básica.

