EN 30 SEGUNDOS
- ¿A quién afecta? A los municipios del litoral y el prelitoral catalán, al sector agrario de secano y a los gestores de embalses, rieras y alcantarillado. También a quienes viven en zonas inundables del área metropolitana de Barcelona.
- ¿Cuándo ocurre? El manifiesto se ha hecho público esta semana, con el otoño de 2026 ya cerrado como el tercero más lluvioso en Barcelona. Las previsiones inmediatas apuntan a días secos y a un noviembre de tónica húmeda.
- ¿Qué cambia hoy? Los científicos piden planificación urgente: no basta con gestionar la emergencia cuando llega, hay que anticipar la alternancia entre sequía severa y lluvia torrencial.
Casi 700 científicos firman un manifiesto que alerta del impacto del Superniño en Catalunya y exige planificar ante sequías e inundaciones.
El otoño de 2026 ya es el tercero más lluvioso en Barcelona desde que existen registros. El Observatori Fabra acumula 761,5 litros por metro cuadrado desde enero, cuando la media anual de la ciudad ronda los 620. De ellos, 458 han caído en el último mes y medio. Y aún falta mes y medio para la llegada del invierno meteorológico.
Sobre ese escenario se ha publicado el texto que firman cerca de 700 científicos, adelantado por El Nacional.cat. El diagnóstico es incómodo: el Superniño puede agravar a la vez las sequías y las inundaciones en Catalunya, y la conclusión es que el país no está preparado para las dos cosas al mismo tiempo. Los firmantes reclaman planificación urgente, no solo gestión de emergencias.
Por qué el aviso llega en octubre y no en pleno agosto
Un Superniño no es un temporal con fecha. Es una anomalía del Pacífico que desordena los patrones globales y que, en el Mediterráneo, se traduce en extremos más marcados: menos lluvia cuando hace falta y más agua de la cuenta cuando llega de golpe. Eso explica que el aviso científico no se centre en un episodio concreto, sino en la alternancia.
Los firmantes piden anticipar ambas caras. Preparar el país para lo peor, en su lectura, significa tener planes de sequía y planes de inundación que funcionen con la misma administración, los mismos datos, y la misma antelación. La crítica implícita es que hasta ahora cada crisis se ha gestionado por separado, a golpe de decreto y con la vista puesta en el siguiente verano.
El problema ya no es cuánta agua cae, sino cuándo cae, dónde cae y cuánto margen tenemos para avisar de que va a caer.
El calendario ayuda a entender la urgencia. Catalunya encadena años de debate sobre reservas hídricas, restricciones y trasvases, y ahora el mismo territorio aparece en los registros como uno de los castigados por la lluvia torrencial del litoral. Las dos fotografías son ciertas. Y son simultáneas.
Barcelona ya ha superado su media anual y quedan dos meses y medio
Los datos del Observatori Fabra son el mejor ejemplo de esa contradicción. La capital catalana ha rebasado en octubre lo que suele llover en todo un año. Y el mes todavía puede dar una alegría estadística a los meteorólogos: el récord histórico de precipitación para un octubre barcelonés es de 325,4 litros por metro cuadrado, y estamos a poco más de 40 litros de igualarlo.
No parece que vaya a caer. Las previsiones oficiales no esperan grandes episodios tormentosos en la ciudad a corto ni a medio plazo. La cifra queda al alcance de la mano, pero sin tormenta que la empuje. Eso sí, el registro anual ya está más que superado, y con margen.
Dos frentes, ninguna tormenta y un noviembre de tónica húmeda
La semana se resuelve con dos entradas de aire frío en altura. La primera cruzó entre la noche del martes y la madrugada del miércoles, con chubascos de poca entidad. La segunda llegará en la noche del viernes al sábado, con una previsión parecida: entre ambas no se sumarían ni 5 litros por metro cuadrado en Barcelona en el mejor de los casos, y hay modelos que directamente no prevén que caiga nada.
La parte activa de los frentes se quedará en la provincia de Girona y en la Vall d’Aran, donde sí podrían acumularse entre 20 y 30 litros. Para el resto, la semana que viene apunta a un ambiente seco, poco habitual para la época, con temperaturas otoñales hasta el fin de semana. A partir de ahí, los termómetros subirán entre 2 y 3 grados por encima de lo normal.
Los modelos estacionales dibujan un noviembre húmedo, con precipitaciones dentro de lo habitual y la primera semana como la más propensa a la inestabilidad. Nada que ver con el octubre excepcional que acabamos de dejar atrás, pero suficiente para no dar el otoño por cerrado.
Lo que Catalunya ya sabe: el agua llega mal repartida
Este otoño ha dejado ya un minihuracán mediterráneo y una DANA retrógrada azotando la costa barcelonesa. No es un currículum tranquilizador para un territorio que lleva años discutiendo cómo gestionar la escasez y que, de pronto, se ha visto discutiendo cómo evacuar agua. La lección que subrayan los científicos es que ambas cosas son el mismo problema visto desde ángulos distintos.
La tentación política, cuando llueve, es dar la sequía por resuelta. No lo está. Un año por encima de la media no rellena acuíferos sobreexplotados ni resuelve el urbanismo de barrios que este otoño han vuelto a ver pasar el agua por la puerta. La otra tentación, cuando escampa, es aparcar los planes de inundación hasta la próxima desgracia. El manifiesto va justo contra esa inercia.
Lo que observamos es un patrón que se repite en toda la fachada mediterránea: administraciones que responden bien a la emergencia y planifican mal la siguiente. Con casi 700 firmas sobre la mesa, el debate ya no es si el clima extremo va a llegar a Catalunya —está aquí—, sino si el próximo noviembre húmedo nos pillará con los planes actualizados o con los mismos documentos de siempre. La primera cita para comprobarlo es la primera semana de noviembre, cuando los modelos confirmen o desmientan la tregua. La segunda llegará sola, como llega siempre.

