Catalá suspende dos años las licencias en los patios de manzana de València para frenar los minipisos turísticos

El acuerdo, sin efecto retroactivo, no afecta a las declaraciones responsables ya presentadas antes de su publicación en el DOGV. Vecinos de 29 edificios de Russafa mantienen su pulso contra un proyecto de 34 minipisos turísticos.

El Ayuntamiento de València suspenderá dos años las actividades y las obras en los patios de manzana de la ciudad.

Dos años de parón para poner normas donde no las había

La medida llega al pleno extraordinario de este viernes, 23 de octubre, con un diagnóstico incómodo sobre la mesa: los patios interiores de València han cambiado de uso sin que nadie los ordenara. Desde 2005, según el documento que el consistorio ha incorporado al orden del día, esos espacios han pasado de usos domésticos a albergar coliving, alojamiento turístico, los gimnasios, , las guarderías, restaurantes y usos culturales o religiosos. El acuerdo busca un margen de dos años para redactar normas concretas.

El texto no tendrá carácter retroactivo. No afectará, por tanto, a las declaraciones responsables ya presentadas antes de su publicación en el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana (DOGV), el boletín oficial autonómico donde se publican las normas de rango reglamentario. Todo lo que ya está en papel, sigue adelante. Ese es el margen real que deja la suspensión.

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El acuerdo incorpora además un encargo: iniciar los trabajos para evaluar la oportunidad de tramitar un instrumento de planeamiento que ordene los patios interiores «sin perder de vista el objetivo final buscado», según los términos del propio documento. La referencia es ambiciosa, porque toca el Plan General y los Planes Especiales del Ensanche, la retícula de islas con patio interior que define buena parte del centro y de los barrios del Ensanche valenciano.

Russafa: 29 edificios contra 34 minipisos en el patio de su casa

El asunto no nace de un informe técnico. Nace de un conflicto concreto: los vecinos de 29 edificios de Russafa mantienen un pulso abierto contra un proyecto de 34 minipisos turísticos en su patio interior. De esa presión vecinal sale buena parte del impulso que este viernes se sienta en el salón de plenos.

El patio de manzana es la última frontera del negocio turístico en el centro de València. Ya no quedan bajos libres; quedan huecos interiores, luz cenital y medianeras donde encajar habitaciones. Y ahí, en ese espacio que la legislación urbanística nunca pensó como alojamiento, se libra ahora la batalla.

El patio de manzana es el último espacio común de València, y también el último que aún no tenía precio por noche.

La suspensión municipal pretende congelar esa fiebre mientras el Ayuntamiento decide con qué herramienta la ordena: una ordenanza, una modificación del Plan General o ambas cosas a la vez. Dos años son el plazo; el contenido está por escribir. En paralelo, la ciudad sigue creciendo en visitantes y reduciendo el suelo donde vivir, una tensión que las series de vivienda y turismo del Instituto Nacional de Estadística llevan años retratando sin ambigüedad.

El Escenario Valenciano

En lo político, el acuerdo aterriza en un pleno extraordinario —no en una sesión ordinaria—, un gesto que en la vida municipal se lee como urgencia. María José Catalá gobierna València desde 2023 y afronta el tramo final del mandato con las elecciones de mayo de 2027 en el horizonte. Su dilema es el de casi todas las alcaldías de ciudades turísticas: el modelo que llena hoteles y terrazas es el mismo que vacía portales. La oposición municipal, con PSPV y Compromís, ha convertido la vivienda turística en uno de sus ejes de desgaste al gobierno local.

La dimensión nacional no es menor. El Ayuntamiento puede tocar el urbanismo, pero la ordenación turística depende de la Generalitat Valenciana, y el registro de viviendas de uso turístico se gestiona desde el Consell de Pérez Llorca, no desde el consistorio. El precedente más citado está en Barcelona, donde el plan especial de alojamientos turísticos de 2017 congeló nuevas licencias en el centro y abrió una década de litigios. Otras ciudades —Palma, Málaga, Sevilla, San Sebastián— han aprobado moratorias parecidas con resultados desiguales. Y en Madrid, el Ministerio de Vivienda ha empujado un registro único estatal de alquileres de corta duración para tener, por fin, un mapa de cuántas camas turísticas hay y dónde están. València, mientras tanto, legisla a dos años vista sobre el hueco de una manzana.

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Queda el calendario. El pleno del viernes 23 de octubre deberá ratificar la suspensión y, a partir de ahí, el reloj corre: dos años para decidir si los patios interiores vuelven a ser patios o se convierten definitivamente en producto inmobiliario. En medio, la vía judicial que puedan abrir los promotores con expedientes en marcha y la vista puesta en 2027. La ciudad que salga de ese pulso se decidirá, literalmente, en los huecos interiores.

Ficha del Caso

  • El caso: El Ayuntamiento de València lleva al pleno extraordinario una suspensión de dos años de las actividades y obras en los patios de manzana, sin efecto retroactivo, mientras redacta una norma específica para ordenarlos.
  • Datos importantes: Suspensión de dos años; no afecta a las declaraciones responsables previas a la publicación en el DOGV; 29 edificios de Russafa frente a un proyecto de 34 minipisos turísticos; usos cambiantes en los patios interiores desde 2005.
  • Resumen: València congela el uso turístico de sus patios interiores a la espera de una ordenanza, en pleno debate nacional sobre vivienda turística y turistificación.