La banca europea reparte 81.000 millones en dividendos y aún tiene margen para elevarlos

El informe de Morningstar DBRS constata un CET1 medio por encima del 15% y un colchón de 450 puntos básicos. Las recompras, las fusiones y el suelo de Basilea estrechan ese margen año a año.

La banca europea repartió 81.000 millones en dividendos con cargo a 2025, récord histórico, y Morningstar DBRS prevé más, pero a menor ritmo.

El diagnóstico de la firma, recogido por Expansión, no es pesimista. El sector conservó su fortaleza durante el primer semestre de 2026, con una rentabilidad resistente, una gestión activa del capital y un deterioro contenido de la calidad de los activos. Los balances aguantaron el doble envite de la geopolítica y de unos tipos ya lejos del pico del 4% que el BCE alcanzó en 2023.

Un 15% de capital y 450 puntos de colchón: el músculo que sostiene el récord

El dato que sostiene el edificio es la ratio CET1, los recursos propios de máxima calidad en relación con los activos ponderados por riesgo. La media del sector se mantuvo por encima del 15%. Sobre los mínimos regulatorios, las entidades conservaron un colchón medio de unos 450 puntos básicos: la protección que permite absorber pérdidas inesperadas sin salir a ampliar capital a las carreras.

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Con ese punto de partida, los 81.000 millones de euros distribuidos en efectivo con cargo a 2025 —a los que se suman los programas de recompra de acciones— se antojan menos temerarios de lo que sugiere la cifra. Equivalen a alrededor del 5% del PIB español y se financiaron con lo de siempre: diversificación de ingresos, control de costes y morosidad contenida. La magnitud refleja la capacidad del sector para generar beneficios y capital de forma recurrente tras varios ejercicios de limpieza de balances.

No es una fotografía aislada. Las entidades llevan desde 2022 recomponiendo excedentes de capital y devolviéndolos al accionista a medida que la supervisión les ha ido dando aire. Primero fueron las recompras, después los dividendos extraordinarios y, en los últimos dos ejercicios, una política de retribución recurrente que muchas entidades presentan ya como estructural. La pregunta que sobrevuela el informe no es cuánto se ha repartido, sino cuánto queda por repartir sin tocar hueso.

Del dividendo al suelo de Basilea: lo que empieza a comerse el margen

informe DBRS Morningstar

El problema no es el importe, sino la dirección de la flecha. Morningstar DBRS advierte de que los pagos al accionista, las adquisiciones y el endurecimiento regulatorio reducen ese margen de seguridad de forma gradual. Nada dramático. Nada que amenace la solvencia a corto plazo.

Repartir 81.000 millones no erosiona el capital por sí solo; lo hace el suelo de Basilea que sube mientras la unión bancaria sigue sin su tercer pilar.

El calendario regulatorio tampoco ayuda. El suelo de capital del paquete final de Basilea III —el mecanismo que obliga a calcular parte de los activos ponderados con modelos estándar en lugar de con modelos internos— se aplica en la UE de forma gradual hasta 2030, de modo que cada ejercicio resta un poco de holgura. A eso se suma el consumo de recursos propios de las fusiones y adquisiciones, y las recompras, que estrechan el margen disponible para absorber pérdidas.

La consecuencia práctica es una ecuación con tres incógnitas que cada entidad resolverá ejercicio a ejercicio: remunerar al accionista, financiar el crecimiento del crédito y conservar colchón para un deterioro económico. La firma no anticipa recortes, sino una meseta alta. La capacidad de de sostener el dividendo dependerá, sobre todo, de los beneficios.

En los próximos doce meses, los analistas sitúan por encima del 7% la rentabilidad por dividendo de Sabadell, Banca Monte dei Paschi, Intesa Sanpaolo y BPER Banca. Por encima del 5% aparecen BNP Paribas, Crédit Agricole, UniCredit, Unicaja y BBVA. Son previsiones, no compromisos: cada consejo decide su política cada año y el supervisor tiene la última palabra sobre las recompras.

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Hay una diferencia sustancial con los años del pinchazo. Entonces el capital se repartía cuando se podía; ahora se reparte cuando el supervisor lo autoriza caso por caso. El Mecanismo Único de Supervisión examina cada plan de recompra con dos preguntas de fondo: si la entidad aguanta un escenario adverso sin ejecutarlo y si el precio al que compra sus propias acciones destruye valor. Esa doble prueba explica por qué los programas se anuncian a cuentagotas y por qué los más agresivos han llegado desde entidades que cotizaban con descuento.

El Eje del Poder Europeo

El reparto no es homogéneo y ahí está la lectura. El eje franco-alemán llega a la recta final de Basilea desde posiciones distintas: BNP Paribas y Crédit Agricole figuran entre los grandes con mayor rentabilidad por dividendo prevista, mientras las entidades alemanas, menos rentables y más dependientes del margen de intereses, afrontan el suelo de capital con menos holgura. París puede permitirse pagar. Berlín prefiere reforzar y callar.

El sur ha convertido la retribución en su mejor argumento. Las italianas encabezan la tabla y las españolas no se quedan atrás: Sabadell, Unicaja, BBVA y CaixaBank forman el bloque que mejor ha exprimido el ciclo de tipos altos. El contrapunto llega del norte frugal. Los supervisores neerlandeses y nórdicos han sido históricamente más restrictivos con las recompras, y La Haya y Berlín siguen frenando la mutualización plena del fondo de garantía de depósitos, el EDIS, la pata que le falta a la unión bancaria. Sin esa pata, cada euro repartido se queda en casa y nadie comparte el riesgo.

Para España el efecto es doble. El sector financiero pesa alrededor de un tercio de la capitalización del IBEX 35, de modo que cualquier revisión a la baja de la retribución mueve índices y planes de pensiones. A eso se suma el impuesto a la banca que Moncloa mantiene, que resta capacidad de generar capital orgánico justo cuando el colchón se estrecha. La lectura a cinco o diez años es incómoda: si el capital se reparte mientras la unión bancaria sigue incompleta, el día que llegue la próxima perturbación el ajuste será nacional, no europeo. Y en ese reparto de costes, España siempre ha pagado la factura más visible.

El precedente de 2012 lo ilustra mejor que cualquier modelo. España necesitó hasta 41.300 millones del MEDE para recapitalizar su sistema financiero en plena crisis del euro. Hoy el sector reparte 81.000 millones en un solo ejercicio. La distancia entre ambas cifras mide la solidez acumulada y, también, lo que se juega si el margen se agota sin red común de respaldo. La próxima cita del Consejo de Gobierno del BCE y la ronda de resultados del cuarto trimestre dirán si la meseta se convierte en descenso.