El mitin de Vox en A Coruña terminó este miércoles con dos detenidos, una docena de heridos y cargas policiales en la plaza de María Pita.
Una docena de furgonetas policiales partía en dos la plaza desde media mañana. A un lado, varios centenares de manifestantes antifascistas convocados por colectivos juveniles como Galiza Nova, la Coordinadora Juvenil Socialista y hasta la peña deportivista Riazor Blues. En la esquina opuesta, la que se alcanza por La Marina, decenas de simpatizantes de Vox aguardaban a Santiago Abascal. Lo anunciado era una declaración a los medios. Terminó siendo un mitin, con los gritos de siempre tapando las respuestas del líder.
El acto no fue el problema. Lo fue lo que vino después. Cuando Abascal ya había abandonado la plaza, los petardos y las bengalas dejaron paso a empujones, insultos, huevos y mecheros lanzados por encima del cordón. Llegaron las primeras cargas. Los manifestantes respondieron con sillas y mesas de las terrazas; los antidisturbios, con pelotas de goma y botes de gas pimienta. Doce personas heridas y dos detenidos es el balance de las crónicas del acto: una de las heridas sangraba abundantemente por la cara y una reportera gráfica fue trasladada al hospital con un corte en una pierna.
El contenido político llegó antes que la refriega. Abascal abrió la puerta a una reforma de la Constitución si el PP y Vox reúnen mayoría suficiente en el Senado. «Si hay alguna propuesta de ese tipo durante la campaña, la conocerá», respondió. Su tesis es que la llave de la reforma constitucional está en la Cámara alta: una mayoría de la derecha permitiría «entre otras cosas» que el Tribunal Constitucional deje de estar «secuestrado». De las negociaciones con los populares no quiso dar pistas: «Hay que ser muy serio. No vamos a hacerlas en público».
Dos detenidos, doce heridos y una tarde de cargas en el centro de A Coruña
Los agentes mantuvieron la formación hasta las dos de la tarde, cuando regresaron a María Pita. La retirada, coreada con «el pueblo unido jamás será vencido», fue recibida con pedradas y un nuevo lanzamiento de pelotas de goma. Las últimas carreras llegaron hasta la Praza do Humor y el mercado de San Agustín, junto al Concello, el Ayuntamiento coruñés. El relato del dispositivo coincide en las tres crónicas disponibles, entre ellas la de elDiario.es Galicia.
Hubo también tiempo para la política internacional y la interna. Abascal calificó de «amigo y aliado político» al presidente argentino Javier Milei, con quien no se reunirá en esta visita, y desdeñó la promesa de «sacrificio» que atribuye al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo: «Hay que darles soluciones, no pedirles más sacrificios», dijo.
Una plaza partida en dos en plena precampaña resume mejor que cualquier encuesta la relación entre el PP y Vox: socios en Madrid, rivales en la calle.
La precampaña gallega se topa con la calle
La pregunta que sobrevuela el expediente no es quién empezó, sino quién responde. La Ley Orgánica 9/1983 obliga a comunicar con antelación las concentraciones en la vía pública a la autoridad gubernativa, que decide el dispositivo. Cuando un acto de partido y una contramanifestación conviven a decenas de metros, ese diseño se examina con lupa. Quien firma el operativo carga también con sus consecuencias. En año electoral, cada lupa tiene dueño.
Galicia vota el próximo 29 de noviembre y la precampaña se topó con su primera batalla campal en el kilómetro cero. María Pita es escenario de todos los arranques, y de todos los cierres. El incidente no altera el mapa de siglas, pero introduce un eje de orden público que el PPdeG no tenía en su guion.

El Laboratorio Gallego
En Galicia, el PPdeG gobierna solo. Encadena mayorías absolutas desde 2009 sin socio alguno, con 40 de los 75 escaños del Parlamento de Galicia, la cámara unicameral gallega. Nunca ha necesitado a Vox para sostener a la Xunta de Galicia, el gobierno autonómico con sede en Santiago de Compostela. Ese es su principal activo político en la comunidad. Vox, que no logró escaño en las autonómicas de 2024, vuelve a la campaña sin grupo propio en Santiago.
La paradoja es de manual. En Madrid, el PP necesita a Vox para consolidar su mayoría en el Senado, y Abascal acaba de poner precio a esa colaboración: una reforma constitucional, con control del Tribunal Constitucional incluido. Mientras Feijóo reivindica el modelo gallego como ejemplo de gobierno sin ataduras, su aritmética nacional pasa por el partido que le acaba de fijar una condición. La reforma exigiría, en todo caso, tres quintos de cada cámara según el artículo 167 de la Constitución: el Senado es condición necesaria, no suficiente.
El calendario aprieta y no disimula la contradicción. La campaña entra en su tramo decisivo con el 29N en el horizonte y la negociación del Senado abierta. El BNG, primera fuerza de la oposición con 25 escaños —su organización juvenil, Galiza Nova, figuró entre los convocantes de la protesta—, y el PSdeG, con 9, afrontan el final con el orden público en el centro del debate, un terreno que ninguno de los dos había elegido. Si los incidentes se repiten, el PPdeG tendrá que defender a la vez su modelo de seguridad y su socio parlamentario en Madrid. La incógnita es si Vox rentabiliza el choque en las urnas o si el ruido se come su mensaje.
Ficha del Caso
- El caso: Un acto de Vox en María Pita derivó en enfrentamientos entre antidisturbios y colectivos antifascistas, con dos detenidos y doce heridos.
- Datos importantes: Doce heridos y dos detenidos; una reportera gráfica hospitalizada; elecciones gallegas el 29 de noviembre; el PPdeG gobierna con 40 de 75 escaños y Vox no tiene representación en el Parlamento gallego.
- Resumen: Abascal condiciona una reforma de la Constitución a una mayoría del PP y Vox en el Senado, mientras el PP de Feijóo reivindica en Galicia un gobierno que no depende de Vox.

