La angula de Asturias ya tiene temporada cerrada y, con ella, la polémica que se repite cada otoño. El Boletín Oficial del Principado publicó esta semana la resolución de la campaña 2026/27 y deja el marco como estaba: 30 días de capturas entre noviembre y febrero, cien licencias a pie y 32 embarcaciones autorizadas en la ría del Nalón.
Para quien cocina, la noticia es simple: habrá producto legal, trazable y caro. Para quien legisla, el asunto es más incómodo. La anguila europea (Anguilla anguilla) lleva años en el disparadero científico, y el pasado febrero el Ministerio para la Transición Ecológica intentó incluirla en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. Las comunidades autónomas productoras frenaron la declaración. Con ese listado en vigor, la pesca habría quedado prohibida.
Conviene no perder de vista un detalle: la especie amenazada es el adulto y lo que llega al plato es la cría. Ese matiz, que suena a tecnicismo de despacho, sostiene toda la campaña.
El secreto del éxito: las tres claves de la resolución
- Una ventana de 30 días: las capturas se reparten entre noviembre y febrero según el calendario que fije la resolución. Fuera de esas fechas no hay angula legal en el Principado.
- Cupos cerrados: cien licencias a pie y 32 embarcaciones en el ámbito de la ría del Nalón. Ni una más, y con control administrativo detrás de cada nombre.
- La veda del adulto sigue en pie: se autoriza la cría, pero no la anguila adulta. Ahí está el nudo del conflicto y el argumento con el que el Principado defiende su postura.
La ría del Nalón es el escenario principal de este pequeño teatro de octubre. Allí convive la pesca a pie, la de siempre, con la de quienes salen en barco, y ambas dependen de que la administración firme cada año lo que ahora mismo acaba de firmar.
De producto popular a símbolo de estatus
El verano pasado, el CSIC publicó un informe que no dejaba mucho margen a la interpretación. Señalaba directamente al ‘deseo humano de consumir productos exclusivos’ como motor del desastre: los precios altísimos de la angula no han reducido su venta, sino que la han estimulado, porque el precio mismo se ha convertido en parte del atractivo.
Los datos duelen. Hasta la década de 1970 era un pescado abundante y de consumo popular. Hoy la llegada de angulas a la Península Ibérica ha caído más del 90% respecto a mediados del siglo pasado. De la cena de barrio a la vitrina de lujo en dos generaciones.
Cuando un producto escasea y a la vez se convierte en símbolo de estatus, el mercado no lo frena: lo empuja a propósito.
El Principado defiende su decisión con un argumento de arraigo. El director general de Pesca Marítima de Asturias, Enrique Plaza, sostiene que incluir a la anguila y a su cría en el listado de protección ‘no resolvería el problema y generaría una situación de desigualdad difícil de justificar’. Su razonamiento: se podría seguir capturando en ríos fronterizos como el Miño o el Bidasoa, y tampoco está prohibida en Portugal ni en Francia.
La Coordinadora Ecologista de Asturias no comparte ni el fondo ni la forma. Su portavoz, Fructuoso Pontigo, califica la decisión de contradictoria: no tiene sentido autorizar la pesca profesional de la angula cuando la de la anguila adulta está vedada. Los motivos, dice, son económicos, y no explican que se apueste por la mengua sistemática de la especie.
Hay además una capa política que no ayuda a digerir el asunto. Al menos hasta las próximas elecciones generales, los ejecutivos asturiano y español comparten color, y el secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, es asturiano. La presión autonómica pesó más que la ambiental.
Cosas que pasan en octubre.
En el fondo, la cuestión es incómoda: si el problema es la especie, ¿por qué se autoriza el recurso que la mantiene en la carta de los restaurantes? La respuesta corta es que nadie quiere ser el primero en firmar el cierre.
Variaciones y maridaje
Si te haces con angula legal esta temporada, la preparación clásica sigue siendo la mejor: cazuela de barro, aceite de oliva suave, dos dientes de ajo, y una guindilla. El aceite debe estar a unos 200 ºC, sin humear, y la angula entra en el último momento, apenas unos segundos, con la cazuela retirada del fuego.
Para beber, un blanco seco y con acidez: mejor un albariño o un godello joven que un chardonnay con madera, porque el ajo y la guindilla se comen cualquier barrica. Y si el presupuesto no llega, el sucedáneo de surimi —la conocida como gula— funciona en tostas y revueltos, aunque el resultado es otro plato y conviene decirlo en voz alta.
No hay versión vegana de un producto animal, pero sí una puesta en escena vegetal que funciona para picotear: láminas de ajo doradas en aceite con guindilla sobre pan de cristal. Ojo con la conservación: la angula fresca pide nevera y consumo en 24 horas; congelada aguanta meses, aunque pierde la textura que justifica el precio.
La temporada arranca en noviembre. Habrá quien la celebre y quien la lamente, y probablemente los dos tengan razón. Nadie dijo que fuera barato.
