El desayuno de David Broncano cabe en un vaso y se prepara en lo que tardas en encontrar las llaves de casa. Y no, no lleva nada exótico.
Lo explicó hace unos meses en Héctor de comer, el pódcast de su amigo y excompañero Héctor de Miguel, Quequé, donde el presentador de La Revuelta habló de alimentación, de escalada y de esa franja del día en la que casi todo el mundo improvisa.
Su rutina de siempre es de manual: una tortilla de dos claras o un yogur con fruta. Simple, con proteína y sin dramas. El problema aparece el día que el reloj no perdona.
Ahí entra la batidora. Gofio, frutos rojos, plátano, avena y leche, todo junto, y a la botella. Él mismo reconoce que ‘no es agradable de tomar’, porque sale una mezcla más cercana a un puré espeso que a un batido de cafetería.
Aun así funciona, y mucho. El gofio es harina de cereal tostada, seña de identidad de la cocina canaria, y aporta un sabor tostado que engancha además de hidratos de carbono de liberación lenta. Su historia y sus variedades están bien contadas en la entrada de Wikipedia sobre el gofio.
El secreto del éxito
- Gofio, no harina cruda: el cereal ya viene tostado, así que no necesita cocción y espesa en frío. Dos cucharadas colmadas bastan; con más, el vaso se convierte en cemento.
- Avena fina o triturada: los copos gruesos no se hidratan en dos minutos y raspan al beber. Si solo tienes de los gordos, déjalos diez minutos en la leche antes de encender la batidora.
- Plátano muy maduro: es el único endulzante que necesita la mezcla. Con la piel manchada aporta dulzor sin azúcar añadido y una textura más sedosa.
Ingredientes
- 30 g de gofio canario (dos cucharadas colmadas)
- 1 plátano maduro, unos 120 g
- 80 g de frutos rojos congelados
- 40 g de copos de avena finos
- 250 ml de leche entera (o bebida vegetal sin azúcar)
- Opcional: una pizca de canela o una cucharada de yogur griego

Empieza por lo que peor se tritura: el plátano troceado, los frutos rojos todavía congelados y la leche. Treinta segundos a velocidad media bastan para que no quede ni un trozo entero. Ese frío inicial, además, evita que la mezcla sepa a harina cruda.
Un batido que no está bueno y que aun así repites cada mañana tiene algo más sólido que una moda: resuelve el hambre de las ocho y cuarto.
Ahora el gofio y la avena. Deja la batidora entre 45 y 60 segundos más: la mezcla espesa de golpe y empieza a girar despacio, como si le costara moverse. Esa es la señal de que el cereal ha absorbido el líquido. En Thermomix, velocidad 8 durante un minuto da el mismo resultado.
Si te ha quedado demasiado densa —y va a pasar, porque el gofio bebe leche como una esponja—, añade leche fría en chorritos de 30 ml y pulsa dos segundos cada vez. La textura objetivo es la de un puré bebible: se tiene que poder sorber con algo de esfuerzo, no masticar.
Pásalo a una botella de medio litro con tapón de rosca y agítala antes de cada trago, porque la avena se deposita en el fondo en menos de diez minutos. Broncano la va bebiendo por el camino; yo me la tomo dentro de las dos horas siguientes, que es cuando mantiene la textura y no se ha separado.
Variaciones y maridaje
La versión con más proteína es la que preparo cuando el desayuno sustituye a la comida: 150 g de yogur griego o un cazo de proteína en polvo, y 50 ml extra de leche para compensar. También admite una cucharada de crema de cacahuete, aunque ahí el vaso pasa de 400 a 550 calorías con una facilidad preocupante.
Sin gluten se resuelve con dos cambios pequeños: gofio de millo, que es el de maíz, y copos de avena certificados sin gluten. El resto de la receta no toca el trigo y el resultado es igual de espeso.
Si el problema es el sabor —y lo es, no nos vamos a engañar—, el plátano bien maduro y una pizca de canela hacen más que cualquier endulzante. Los frutos rojos congelados también suman: están más dulces que los frescos fuera de temporada y cuestan la mitad.
En cuanto a la bebida, marida mejor con un café solo que con un zumo. El amargor corta la densidad del gofio y evita esa sensación de haber desayunado papilla. Si lo tomas después de entrenar, un vaso de agua con sal y limón funciona igual de bien.
Se conserva 24 horas en la nevera, en la botella cerrada, y no se congela: la avena se separa y al descongelar queda una textura arenosa difícil de disimular. Para el día siguiente, prepara la base sin gofio y añádelo por la mañana con dos segundos de batidora.
