Rusia ordena el cierre de los cuatro aeropuertos de Moscú por una alerta de drones

Rosaviatsia confirma la suspensión en Sheremetyevo, Domodedovo, Vnukovo y Zhukovsky, con desalojo de terminales y pasajeros conducidos a refugios. La defensa antiaérea rusa asegura haber derribado 155 drones en la región.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Los cuatro aeropuertos internacionales de Moscú —Sheremetyevo, Domodedovo, Vnukovo y Zhukovsky— han suspendido llegadas y salidas y han evacuado terminales tras una alerta de ataque con drones, según la agencia federal de transporte aéreo.
  • ¿Quién está detrás? Las autoridades rusas atribuyen la amenaza a drones de origen ucraniano y aseguran haber derribado 155 aparatos durante la noche. Al cierre de esta edición no constaba reivindicación pública del episodio.
  • ¿Qué impacto tiene? Unos 200.000 pasajeros y más de 1.000 movimientos diarios en juego; desvíos a Pulkovo, en San Petersburgo, y presión sobre la conectividad euroasiática.

El cierre de los aeropuertos de Moscú deja en tierra a unos 200.000 pasajeros y desvía vuelos hacia San Petersburgo por una alerta de ataque con drones.

La orden la emitió la Agencia Federal de Transporte Aéreo de Rusia, Rosaviatsia, que suspendió todas las llegadas y salidas en Sheremetyevo, Domodedovo, Vnukovo y Zhukovsky al mismo tiempo. No se trata de un ajuste de horarios ni de una cancelación selectiva: los cuatro aeródromos que sirven a la capital están parados en bloque y las pantallas de salidas acumulan cancelaciones en cadena.

Cuatro aeropuertos parados y 200.000 pasajeros en tierra

Sheremetyevo, al noroeste de la ciudad, es el aeropuerto más transitado de Rusia y el hub principal de Aeroflot, con unos 111.000 pasajeros diarios y conexiones con Asia, Oriente Próximo y el resto del país. Allí se ha decretado la evacuación de terminales: el personal conduce a los viajeros hacia refugios y ha llegado a desalojar aeronaves con pasajeros ya embarcados. El acceso a las zonas seguras de salida permanece restringido en todos los edificios.

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El resto del mapa aeroportuario de la capital está igual de bloqueado. Domodedovo, al sureste, mueve unos 39.000 pasajeros al día; Vnukovo, al suroeste, alrededor de 49.000, y Zhukovsky, el menor de los cuatro con apenas 4.000 viajeros diarios, cubre rutas hacia países vecinos. Entre los cuatro suman cerca de 1.000 movimientos de aeronaves diarios en una jornada normal. Hoy no hay ninguno.

Los vuelos que ya estaban en el aire camino de Moscú han sido redirigidos a Pulkovo, en San Petersburgo, que ha confirmado la recepción de aeronaves con destino original a la capital rusa. Las aerolíneas piden a los pasajeros que no se desplacen a los aeropuertos y que consulten el estado de sus vuelos directamente con la compañía, porque la programación sigue sujeta a cambios sin aviso previo.

Un país que puede cerrar su capital aérea en una sola noche demuestra capacidad de defensa y, a la vez, una vulnerabilidad que ya no es teórica.

El episodio no llega en un buen momento para el sector. Los tres grandes aeropuertos de Moscú —Sheremetyevo, Domodedovo, y Vnukovo— acumularon 40,4 millones de pasajeros en los siete primeros meses de 2026, un 3,5% menos que en el mismo periodo del año anterior, según los datos de Rosaviatsia recogidos por Interfax. Domodedovo se dejó un 13,2%, hasta 6,9 millones; Vnukovo cayó un 1,4%, hasta poco más de nueve millones, y Sheremetyevo, el menos castigado, retrocedió un 1% hasta 24,5 millones.

ataque con drones

La defensa antiaérea y el relato de los 155 derribos

La versión oficial rusa sostiene que las defensas antiaéreas derribaron 155 drones ucranianos sobre Moscú y su región durante la noche. El alcalde de la capital, Serguéi Sobyanin, había informado horas antes de 19 aparatos interceptados en aproximación a la ciudad. Son cifras que no podemos verificar de forma independiente y que conviene tratar con la cautela habitual: las autoridades rusas no publican trayectorias ni el tipo de aparato, y Kiev no ha confirmado el alcance real de la operación.

El patrón, sin embargo, resulta reconocible. Los ataques de saturación con drones de largo alcance —los Geran-2, versión rusa del Shahed-136 iraní, un aparato de ataque de bajo coste y alcance medio— o con modelos de fabricación propia buscan desbordar la defensa antiaérea obligándola a elegir qué proteger. El objetivo declarado no es tanto el daño material como el efecto sobre la vida cotidiana: si el espacio aéreo de la capital se cierra, el coste económico y reputacional se paga solo.

La lectura técnica es que Ucrania mantiene y amplía su capacidad de golpear a centenares de kilómetros de la línea de contacto. Cada oleada que fuerza el cierre de Sheremetyevo obliga a Moscú a distraer medios antiaéreos de otros frentes y a asumir un desgaste que se acumula en forma de cancelaciones, desvíos y combustible quemado en esperas. La defensa aérea rusa ha ganado densidad, pero no puede cubrir a la vez el frente, las refinerías y los cuatro aeropuertos de su capital.

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Para el tráfico europeo, el efecto inmediato es limitado. El espacio aéreo ruso está vetado a los operadores de la Unión Europea desde 2022, de modo que las aerolíneas españolas no sobrevuelan territorio ruso ni operan vuelos directos a Moscú. El impacto llega por la vía indirecta: las rutas que conectan España con Asia y con Oriente Próximo a través de Estambul o Dubái dependen de una malla de conexiones en la que los hubs rusos siguen pesando, y cualquier cierre improvisado reordena horarios, tripulaciones y derechos de tráfico.

Equilibrio de Poder

Washington observa este tipo de episodios con una mezcla de interés y cautela. Interés porque cada cierre de aeropuerto en Rusia demuestra que la presión sobre la retaguardia funciona sin necesidad de armamento occidental de largo alcance; cautela porque la administración estadounidense sigue sin querer aparecer como parte beligerante en una guerra que considera, ante todo, europea. Moscú necesita que su opinión pública interior lea estos incidentes como una agresión exterior gestionada con eficacia, no como una brecha de seguridad. Bruselas, mientras, sigue discutiendo cómo financiar una defensa antiaérea europea que hoy no existe a escala continental.

Para España, la conexión es menos directa de lo que parece y más incómoda de lo que se admite. El cierre de los aeropuertos de Moscú no altera la operativa de Iberia o Air Europa, pero recuerda dos cosas. La primera es que la conectividad aérea es infraestructura crítica, y que un aeropuerto civil puede convertirse en objetivo de guerra sin que medie un ataque directo contra sus pistas. La segunda es que la doctrina de defensa aérea española, apoyada en los escuadrones de Eurofighter y en el sistema Patriot desplegado en Rota, está diseñada para un escenario distinto: amenazas puntuales, no enjambres de bajo coste.

Lo que observamos es un desplazamiento del listón. Ucrania no necesita destruir un aeropuerto para paralizarlo; le basta con forzar la alerta. Rusia no necesita reconocer daños para sufrir el golpe económico. Y Europa, España incluida, sigue midiendo su seguridad por el número de cazas y no por la resiliencia de las redes que sostienen el día a día.

El riesgo inmediato es de escalada por acumulación. Si las oleadas se repiten con la llegada del invierno, la tentación rusa de responder contra la infraestructura energética ucraniana con más crudeza crecerá, y con ella la presión sobre los aliados para levantar restricciones al uso de armamento de largo alcance. La próxima ventana crítica la dará el balance de tráfico aéreo que Rosaviatsia publica con cada cierre trimestral, y que este año se leerá como un termómetro de la guerra tanto como de la economía.