Palantir presiona a Europa: aceptar la dependencia europea en IA de defensa o quedarse atrás

La Comisión Europea calcula que el bloque depende del exterior para más del 80% de su tecnología digital. París y Berlín planean sustituir a la firma estadounidense por un proveedor francés en sus servicios de inteligencia.

Palantir exige a Europa que asuma su dependencia en inteligencia artificial militar y descarta un corte de suministro desde Washington. Lo dice su máximo responsable para el Reino Unido y el continente, Louis Mosley, en plena ofensiva de Bruselas por reducir la huella tecnológica estadounidense.

La frase exacta, pronunciada esta semana en una entrevista con Bloomberg, no admite muchas lecturas: ‘Europa va a tener que aceptar cierta dependencia’. Mosley no hablaba de hardware ni de munición. Hablaba de software. Del programa que decide, en un cuartel general de la OTAN o en un centro de inteligencia del sur de Europa, qué objetivo merece un ataque y cuál no.

El 80% que Bruselas no sabe cómo sustituir

Los números que maneja la Comisión Europea convierten la dependencia europea en algo más que una intuición. El bloque recurre a proveedores extranjeros para más del 80% de sus productos, servicios, infraestructuras y propiedad intelectual digital. La encuesta que la Eurocámara citó este año, realizada por Wire en 2025 entre responsables tecnológicos, era todavía más cruda: solo el 16% creía posible alcanzar la soberanía digital en cinco años y casi el 60% señalaba el dominio estadounidense como obstáculo principal.

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La política, sin embargo, se ha movido en dirección contraria al consejo de Mosley. La DGSI francesa, que adoptó el software analítico de la compañía en 2015, tiene previsto abandonarlo en los próximos años en favor de una alternativa nacional desarrollada por ChapsVision. Lo anunció el primer ministro, Sébastien Lecornu, con una frase que se ha convertido en el argumento central del debate: ‘No podemos depender de la buena voluntad de ciertos socios que, como hemos visto en los últimos días, son capaces de cortar el acceso a los modelos’.

El kill switch que Palantir jura que no existe

autonomía estratégica

Mosley respondió a eso con una garantía categórica. ‘Puedo asegurar que, cuando los clientes compran nuestro software, tienen el control operativo total del mismo’, declaró a Reuters a propósito de la compra de la OTAN. ‘No hay kill switch. Ni Palantir ni el Gobierno de Estados Unidos tienen la capacidad de entrar y apagarlo.

La cuestión nunca fue si existe un interruptor, sino quién tiene la llave del edificio donde está instalado.

La objeción no es teórica. El propio Lecornu aludía al bloqueo, durante casi tres semanas, del acceso europeo a Mythos 5, una de las herramientas de Anthropic. Washington ya ha demostrado que puede cerrar la puerta de un modelo de lenguaje cuando lo considera necesario. Que esa puerta no exista en el código entregado a un ejército es una cosa; que no exista en las actualizaciones, en el soporte o en la capa de datos que alimenta el sistema, es otra muy distinta.

Quien controla la actualización controla el sistema, aunque el código sea propiedad del cliente.

Y el producto del que hablamos no es un gestor de inventario. Maven procesa volúmenes masivos de inteligencia para identificar objetivos y generar recomendaciones de ataque; acelera lo que el argot militar llama la kill chain —la cadena que va desde la detección hasta hasta el disparo— y permite considerar muchos más blancos de los que una unidad humana podría evaluar. Nació como proyecto del Pentágono, tuvo a Google a bordo hasta 2018, cuando las protestas de sus empleados forzaron la salida, y en marzo de 2025 la OTAN compró su propia versión para el cuartel general europeo.

Equilibrio de Poder

Aquí está la fractura real del eje transatlántico. Washington ha convertido la dependencia tecnológica en un instrumento más de negociación, igual que el gas o los aranceles. No es casualidad que el mensaje llegue desde el Reino Unido, fuera de la UE y fuera del Reglamento europeo de inteligencia artificial, ni que aterrice en plena ofensiva comercial de la administración Trump contra Bruselas. Moscú, que lleva una década explotando cada grieta entre europeos, no necesita hacer nada: le basta con que la discusión sobre el kill switch siga abierta en cada cumbre.

Hay un detalle que suele pasar desapercibido y que cambia la escala del problema. El comprador más importante de Maven en Europa no es un Estado, es la propia OTAN. Cuando la alianza adquiere un sistema y lo integra en su cuartel general, los estándares de datos, los formatos de intercambio y los procedimientos de targeting acaban alineados con ese sistema durante años. Salir después no es romper un contrato con una empresa: es desmontar una arquitectura.

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Para España el asunto tiene nombre y apellidos. España figura entre los gobiernos que han explorado alternativas al proveedor estadounidense, junto a Dinamarca, Suiza, Noruega y el Reino Unido. Según fuentes de Defensa consultadas por este medio, la discusión interna no gira tanto en torno al coste de la sustitución como al calendario: los servicios de análisis que hoy sostienen buena parte de la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado se apoyan en plataformas que tardarían años en replicarse en casa. Y el Ministerio de Defensa, que ya arrastra la presión aliada para elevar el gasto por encima del 2% del PIB, no puede financiar en solitario un sustituto nacional.

La lectura a cinco años es incómoda para los dos bandos. Si Europa sustituye a Palantir por proveedores locales, pagará una factura de transición de miles de millones y tardará en recuperar capacidades. Si no lo hace, aceptará que un aliado pueda decidir, en mitad de una crisis, qué ve y qué no ve el ejército que depende de su software. La tercera vía —una capa europea construida sobre tecnología estadounidense pero auditada desde Bruselas— es la que más se repite en los pasillos y la que nadie ha explicado todavía cómo se implementa.

Mosley añadió un argumento que conviene no despreciar: Ucrania. Según su propia versión, las ‘cuestiones de soberanía son secundarias’ para Kiev, que lleva cuatro años usando los paquetes de targeting de la compañía contra el ejército ruso. Es cierto. También lo es que un país en guerra acepta condiciones que en tiempos de paz no firmaría, y que ese precedente es justo el que Francia y Alemania quieren evitar que se convierta en norma.

El próximo examen de la cuestión no llegará por una declaración, sino por un contrato. El Military Balance que el IISS publicará en febrero permitirá medir cuánto ha avanzado Europa en sustituir software crítico, y las renovaciones de contratos públicos que cada capital tenga que resolver a lo largo de 2027 marcarán el ritmo real. Palantir no ha venido a defender su producto: ha venido a recordar que la dependencia ya existe. La discusión, ahora, es si se gestiona o se sufre.