Portaaviones chino Liaoning encadena seis despliegues lejanos y tensa el mar de China

El grupo naval operó a 250 kilómetros de Ishigaki, dentro de la ZEE japonesa, y coincide con el ejercicio EE.UU.-Japón Keen Sword 27. Para Pekín es adiestramiento rutinario; para Taipéi, un ensayo general.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El CNS Liaoning, primer portaaviones chino, zarpó el 14 de octubre hacia el Pacífico occidental al frente de un grupo naval. El 23 de octubre navegaba rumbo al mar de China Meridional tras maniobrar cerca de las islas meridionales de Japón.
  • ¿Quién está detrás? La Armada del Ejército Popular de Liberación (APL), que describe la travesía como un ‘ejercicio’ encuadrado en su plan anual de adiestramiento y sostiene que respeta el derecho internacional.
  • ¿Qué impacto tiene? El Ministerio de Defensa de Japón confirmó despegues y apontajes a 250 kilómetros de Ishigaki, y Taipéi vigila la posibilidad de maniobras a gran escala. El despliegue coincide con el ejercicio conjunto EE.UU.-Japón Keen Sword 27, iniciado el 19 de octubre.

El portaaviones chino Liaoning encadena en octubre un nuevo despliegue lejano y pone rumbo al mar de China Meridional.

La Armada del Ejército Popular de Liberación confirmó la salida del grupo naval el 14 de octubre hacia el Pacífico occidental a través de la agencia oficial Xinhua. Pekín presentó la travesía como un ‘ejercicio’ incluido en su plan anual de adiestramiento, con el objetivo declarado de ‘probar y mejorar la preparación combativa’. El buque, que llegó a China en 1998 como casco inacabado del Varyag soviético y entró en servicio en 2012, acumula al menos seis despliegues lejanos desde entonces, más el de este octubre.

Para Carl Thayer, profesor emérito de la Universidad de Nueva Gales del Sur, no hay sorpresa en la secuencia. ‘El actual viaje del Liaoning parece formar parte de un patrón ya establecido de despliegues de adiestramiento en aguas lejanas’, explica el analista, que añade una segunda lectura: ‘El Liaoning demuestra la capacidad militar naval y la influencia política de China mediante su presencia constante en sus mares cercanos y lejanos’.

Publicidad

Un STOBAR de 305 metros que opera dentro de la zona económica exclusiva de Japón

La ficha técnica explica los límites del buque mejor que cualquier comunicado. Hablamos de un portaaviones STOBAR —despegue corto con rampa ski-jump y recuperación mediante cables de frenado—, de unos 305 metros de eslora y hasta 75 de manga en cubierta de vuelo, según los datos manejados por los analistas que siguen sus movimientos. Sin catapultas, los cazas embarcados J-15, derivados del Su-33 ruso, despegan con carga restringida de combustible y armamento. La escolta identificada por medios de Asia Oriental incluye dos destructores de gran porte y un destructor lanzamisiles.

El Ministerio de Defensa de Japón confirmó que aeronaves despegaron y aterrizaron desde el Liaoning a 250 kilómetros al sur de la isla de Ishigaki, en el extremo meridional del archipiélago. Colin Karotam, del Australian Strategic Policy Institute, precisa que el grupo naval operó dentro de la zona económica exclusiva japonesa, una actividad ‘poco común’ aunque posiblemente no inédita. Tokio no ha elevado el tono; sí ha reforzado la vigilancia.

Un portaaviones de 2012 no gana una guerra: enseña a los que sí podrían ganarla dónde está el borde de la cubierta.

Del ‘abridor de costas’ a la ‘cuchilla de alta mar’: para qué sirve un casco de 2012

El valor del Liaoning no está en el combate, sino en el banco de pruebas. Collin Koh, investigador del Nanyang Technological University de Singapur, sostiene que el buque sirve para validar ‘tecnologías nuevas y emergentes’ en operaciones de vuelo, sensores y aeronaves modernas, y que la APL lo emplea como plataforma de instrucción para el Fujian y el Shandong, este último derivado directo del propio Liaoning. El diario estatal Global Times lo resumió con una frase de manual: el portaaviones ha pasado de ‘abridor de costas’ a ‘cuchilla de alta mar’.

Ese relato tiene contrapeso. Alexander Huang, presidente del Council of Strategic and Wargaming Studies de Taipéi, advierte de que el Liaoning, por edad, ‘no sería la fuerza de reacción de primera línea’ en una contingencia. Traducido: China exhibe un símbolo veterano mientras su herramienta real son los grupos de destructores con misiles antibuque y la aviación basada en tierra. Aun así, el Ministerio de Defensa taiwanés confirmó a mediados de octubre que seguía la posibilidad de maniobras a gran escala derivadas de estos movimientos. Y el ejercicio Keen Sword 27 —bianual, con Japón, Estados Unidos y Filipinas— arrancó el 19 de octubre, apenas cinco días después de la salida del grupo naval.

Equilibrio de Poder

En el eje Washington-Moscú-Bruselas la pieza se lee distinto según la capital. El Pentágono no ha emitido nota específica sobre el Liaoning, pero su mensaje estructural es conocido: la masa de portaaviones estadounidense vive en el Indo-Pacífico y Keen Sword 27 lo confirma cada dos años sobre el terreno. Moscú, que comparte maniobras navales con Pekín desde 2021, observa cada ciclo de instrucción china como un acelerador de la maduración del Fujian, el buque con catapultas electromagnéticas llamado a codearse con los clase Nimitz. Bruselas, en cambio, mantiene el radar en el flanco este y en el rearme europeo: el Indo-Pacífico aparece en su estrategia como escenario económico, no como teatro de disuasión.

Para España el movimiento no es ajeno, aunque lo parezca. El país no opera portaaviones: el Juan Carlos I es un buque de proyección estratégica con cubierta corrida y rampa ski-jump, un concepto distinto pensado para apoyar una fuerza anfibia, no para disputar el dominio aeroespacial de un teatro oceánico. La factura es indirecta pero real. Cada grupo de portaaviones que Washington concentra en el Indo-Pacífico es un activo que no está en el Mediterráneo ni en el Atlántico, y eso incluye parte del paraguas que cubre Rota y Morón. A eso se suma la ruta: el grueso del comercio español con Asia pasa por Suez, Bab el-Mandeb y Malaca, tres estrechos donde la tensión se traslada al precio del flete y al seguro marítimo. No es teoría. La fragata Méndez Núñez ya navegó integrada en un grupo de portaaviones estadounidense en el Indo-Pacífico en 2021, y las misiones Atalanta y Aspides mantienen a la Armada en el corredor del mar Rojo.

Publicidad

El precedente más útil sigue siendo marzo de 1996. Bill Clinton ordenó el despliegue de dos grupos de portaaviones ante las maniobras chinas frente a Taiwán y Pekín se quedó sin respuesta simétrica. Treinta años después la APL tiene tres portaaviones, uno de ellos con catapultas, y una flota de superficie que ya no se limita a la defensa de costa. La lectura que hacemos es de transición, no de ruptura: el Liaoning ya no necesita intimidar para ser útil, le basta con enseñar a intimidar mejor. Eso sí, conviene no exagerar su peso operativo. Un casco STOBAR sin catapultas y con cazas de generación anterior no cambia por sí solo el balance militar del estrecho.

El riesgo inmediato está en el calendario de las próximas dos semanas. Si el grupo naval cruza el mar de China Meridional y opera cerca de los arrecifes que Manila reivindica, la alerta subirá un escalón y Filipinas pedirá escolta estadounidense explícita. Si se limita a un circuito de adiestramiento y regresa a puerto, quedará la fotografía y el desgaste acumulado. Seguimos de cerca los partes del Estado Mayor conjunto japonés y la próxima actualización del ISW sobre el teatro, porque ahí se verá si el patrón es rutina de instrucción o ensayo general.