El Circuit de Barcelona-Catalunya y la IndyCar Series han firmado un acuerdo de diez años. La competición estadounidense volverá a Europa después de dos décadas de ausencia y lo hará en Montmeló, con una primera prueba fijada para los días 16, 17 y 18 de julio de 2027.
La presentación se hizo en el auditorio del propio recinto, con el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y el consejero de Empresa, Miquel Sàmper, en primera fila. También estaban el pentacampeón de la IndyCar Álex Palou, de 29 años, y el director ejecutivo de la prueba, Mark Miles. El acuerdo lo firma Fira Circuit, la sociedad que gestiona el trazado, y su presidente, Pau Relat, lo resumió como la vía para conectar el recinto ‘con nuevos públicos y mercados, especialmente en Estados Unidos’.
El hueco que deja la Fórmula 1 en 2027
Todo encaja por una razón de agenda. Montmeló no celebrará su Gran Premio de Fórmula 1 en 2027, después de 36 ediciones ininterrumpidas. El circuito entra en un esquema de rotación bianual con Spa-Francorchamps que le devuelve la F1 en 2028 y en los años pares hasta 2032. Ese hueco es exactamente el que ocupa ahora la IndyCar.
Illa lo verbalizó con una frase que en el Govern han repetido durante toda la mañana: ‘cuando se cierra una puerta a veces se abren muchas más’. Y añadió el matiz que importa comercialmente: el trazado ‘seguirá siendo un circuito de Fórmula 1’. No hay sustitución, hay convivencia.
Palou insistió en lo mismo desde el otro lado. ‘No venimos a sustituir a nadie. Son competiciones diferentes y perfectamente compatibles’, dijo el piloto, formado en la escuela de jóvenes pilotos que el RACC tiene en el propio circuito y homenajeado este viernes por sus cinco títulos en Estados Unidos.
El Circuit no cambia la F1 por la IndyCar: se queda con las dos y le vende a Estados Unidos un verano, el de 2027, en el que Montmeló no tiene otra carrera de monoplazas que ofrecer.
Qué gana Illa con un Gran Premio que antes no existía
La operación tiene lectura política y tiene lectura económica. El Govern se ha movido con discreción para cerrar el acuerdo con la IndyCar, sin anuncios previos, y sin el ruido que acompañó siempre cualquier negociación con la Fórmula 1. El resultado es una fotografía con el campeón catalán en casa y un relato de proyección internacional que en el Palau de la Generalitat necesitan después de un curso político atravesado por la financiación singular y el pulso presupuestario en el Parlament.
En el plano estrictamente económico, ni el Circuit ni la Generalitat han puesto cifra al impacto del nuevo Gran Premio. Tampoco han detallado el canon, el reparto de taquilla, los derechos de televisión ni la inversión prevista en el recinto. Relat se limitó a hablar de ‘visión a largo plazo’ y de convertir el IndyCar Grand Prix of Barcelona en un ‘evento de referencia’ del calendario internacional. Los diez años de contrato sí dan al recinto algo que la F1 no le garantiza hoy: estabilidad hasta 2037.
Hay un detalle que en el sector del motor se ha leído como una señal. La IndyCar aterriza en Europa con una sola cita y la coloca en un recinto gestionado por Fira Circuit, con la Generalitat en la foto política y con un piloto de casa como eje del relato. Miles lo dijo sin rodeos: ‘Hemos disfrutado del enorme talento de Álex durante años y sabemos que sus aficionados en España están deseando verlo competir en persona’.
El riesgo de dos Grandes Premios y una sola taquilla
La convivencia tiene un reverso. A partir de 2028, los años pares acumularán dos grandes premios de monoplazas en Montmeló: el de F1 y el de IndyCar. Compaginar dos campeonatos en el mismo curso no es nuevo en el recinto, que lleva décadas recibiendo el Mundial de motociclismo y el de Fórmula 1. Lo nuevo es que ambos serán de coches y que competirán por el mismo bolsillo, el del aficionado que decide en qué fin de semana se gasta el dinero.
Queda la incógnita de la Fórmula 1 más allá de 2032. La rotación con Spa está cerrada hasta esa fecha y no hay nada público sobre lo que ocurrirá después. Si el Circuit quiere mantener las dos citas, tendrá que negociar dos contratos a la vez con dos interlocutores que compiten por el mismo mercado global de monoplazas y que no siempre se miran con simpatía.
Lo que se desprende del movimiento es que el Govern ha encontrado una vía de coste político bajo para mantener el Circuit en el mapa internacional justo el año en que no hay F1. Palou considera que a la IndyCar le va bien que su desembarco no coincida con el Gran Premio de Fórmula 1, porque el público tendrá ganas de ver monoplazas y eso ayudará a llenar las gradas durante el fin de semana de carrera. El aforo, el precio de las entradas y la respuesta del aficionado catalán son las tres variables que nadie ha querido poner sobre la mesa todavía.
El primer examen llegará en julio de 2027, con un verano sin F1 en Montmeló y con la IndyCar jugándose en tres días el crédito de los diez años firmados. El segundo, en 2028, cuando las dos carreras convivan en el mismo curso y haya que demostrar que el mercado catalán aguanta dos grandes premios de monoplazas. Para entonces sabremos si aquel ‘cuando se cierra una puerta’ de Illa era una frase de circunstancia o el resumen de una estrategia.

