El Rey abre el curso académico de las Reales Academias y consolida su protectorado científico

La sesión se celebra en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación con la lección inaugural de Manuel Aragón sobre la Constitución. El acto renueva el amparo de la Corona a las diez academias del Instituto de España.

Felipe VI preside la apertura del curso académico de las Reales Academias. La sesión, que se celebra en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, renueva el protectorado que la Corona ejerce sobre las corporaciones científicas del Estado desde el siglo XVIII.

No es un acto masivo ni aspira a serlo. Es una cita de interior, de salón noble y protocolo medido, en la que el Jefe del Estado ejerce como protector de las diez academias nacionales. Según la agenda oficial de la Casa del Rey, el Monarca preside, escucha la memoria del curso anterior y la lección inaugural antes de saludar uno a uno a los asistentes.

La sesión solemne en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

El programa combina las tres piezas clásicas del rito académico. Interviene primero el presidente de la corporación anfitriona, Luis Cazorla. Después, la secretaria general, Ana Fernández-Tresguerres, da lectura a la memoria de actividades del curso anterior de las Reales Academias, el documento que deja constancia de publicaciones, dictámenes y trabajos ordinarios de cada una de ellas.

Publicidad

El momento central llega con la lección inaugural, que pronuncia el académico Manuel Aragón bajo el título Significado y valor de la Constitución. La elección del tema no es neutra: sitúa el debate académico en el terreno del Estado de derecho y de la norma que ordena la convivencia, un eje recurrente en las intervenciones públicas del Monarca.

Cerrada la sesión, Su Majestad mantiene un encuentro con los invitados, entre los que figuran los presidentes de todas las academias pertenecientes al Instituto de España. Es el tramo menos visible y, a la vez, el más útil para la institución: el saludo protocolario como herramienta de escucha.

El protocolo académico no produce titulares, pero fabrica algo más duradero: la percepción de que la Corona sigue siendo la columna que sostiene el saber institucional.

Un protectorado con más de tres siglos de recorrido

apertura curso académico

Las Reales Academias surgieron del espíritu de la Ilustración y empezaron a constituirse en España en el siglo XVIII como centros de cultivo del saber y de difusión del conocimiento. La Corona las amparó desde su fundación, y de ahí nace una relación que no se mide en competencias jurídicas sino en continuidad simbólica.

El vínculo más antiguo es el de la Real Academia Española, cuya primera conexión con la Corona supera los tres siglos. Desde entonces, ambas instituciones han trabajado en conjunto por la defensa de la lengua de Cervantes en todo el mundo, una labor que continuará durante el nuevo curso académico.

El Instituto de España reúne a las Reales Academias de ámbito nacional para coordinar las funciones que deban ejercer en común. Forman parte de él la Real Academia Española, la de la Historia, la de Bellas Artes de San Fernando, la de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, la de Ciencias Morales y Políticas, la Nacional de Medicina de España, la de Jurisprudencia y Legislación, la Nacional de Farmacia, la de Ingeniería y la de Ciencias Económicas y Financieras.

La coordinación importa porque el mapa académico español es disperso: diez corporaciones, sedes distintas, ritmos de publicación desiguales. El Instituto existe precisamente para evitar que ese conjunto se comporte como diez islas. El curso que ahora se abre es la prueba anual de si la coordinación funciona de verdad.

Publicidad

El capital simbólico de un acto sin focos

Hay una lectura de estrategia institucional que conviene no perder. En un calendario público de alta exposición, la Corona rentabiliza este tipo de citas porque le permiten aparecer en el terreno donde su legitimidad simbólica es menos discutida: el conocimiento, la lengua, la ciencia y la ley. Sin presupuesto de comunicación y sin grandes titulares, el Rey acumula autoridad por asociación.

El protectorado, eso sí, tiene una contradicción pendiente. Las Reales Academias representan la excelencia en ciencias, artes y humanidades, con miembros de altos méritos intelectuales y científicos y una independencia declarada frente a intereses económicos y políticos. Pero su visibilidad pública es limitada y su composición se percibe, desde fuera, como homogénea. Cabe preguntarse si el amparo de la Corona basta para renovar su presencia social o si el nuevo curso exige algo más que solemnidad.

Mi impresión, tras seguir varios de estos actos, es que la institución lo sabe. El discurso del Rey en torno al conocimiento y la propia hoja de ruta formativa de la Princesa de Asturias apuntan en la misma dirección: convertir el patrocinio académico en un eje reconocible de la década. La lección de Aragón sobre la Constitución encaja en ese marco con precisión quirúrgica.

Queda un hito por verificar. La agenda oficial no recoge todavía la siguiente cita académica del Monarca en el calendario público, y el curso recién abierto marcará el ritmo de las memorias y publicaciones que volverán a Zarzuela dentro de doce meses. Entonces se sabrá si el acto fue un trámite o el arranque de algo más ambicioso.

Claves del Protocolo y Estado

  • Contexto del acto: la apertura de curso renueva el protectorado de la Corona sobre las diez Reales Academias, una relación iniciada en el siglo XVIII y sostenida sin interrupción.
  • El detalle de protocolo: el Rey preside y escucha, pero no pronuncia discurso; la palabra corresponde a la Academia anfitriona y al académico que imparte la lección inaugural.
  • Próximos pasos: la Casa del Rey no ha confirmado todavía la siguiente cita académica del Monarca en su agenda pública.