Arabia Saudí amplía su fábrica de misiles balísticos y amenaza con una carrera de misiles en la región

Los análisis del FPRI detectan en imágenes de Planet Labs un edificio de colada al menos el doble de grande que el actual en al-Duwadimi. La planta podría producir el DF-21 chino a finales de este año y complicar el acuerdo nuclear civil con Washington.

Arabia Saudí amplía su fábrica de misiles balísticos de al-Duwadimi para producir proyectiles de combustible sólido con más alcance y carga útil. La obra se levanta con tecnología china y, de momento, sin una sola palabra oficial de Riad ni de Pekín.

Dos investigadores estadounidenses han llegado a esa conclusión tras analizar más de un año de imágenes satelitales comerciales del complejo, situado a unos 200 kilómetros al oeste de Riad. Sam Lair y Michael Duitsman, del Foreign Policy Research Institute (FPRI), con sede en Filadelfia, han examinado capturas de la empresa Planet Labs tomadas entre abril de 2025 y septiembre de 2026.

Lo que muestran los satélites: un edificio del doble de tamaño y muros antiexplosión

Los pozos de colada son las fosas donde se vierte la mezcla de propelente dentro de la carcasa del motor del cohete y se deja fraguar. El nuevo edificio, flanqueado por lo que parecen muros de contención para proteger las estructuras vecinas de una detonación accidental, es al menos el doble de grande que el que albergaría los pozos actuales, según la evaluación de Lair y Duitsman. Un segundo inmueble podría servir para almacenar los ingredientes del propelente o componentes ya terminados.

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Las imágenes de Planet Labs sitúan el inicio de las obras en abril de 2025, con movimiento de tierras y excavaciones para el edificio de almacenamiento. La construcción de los pozos arrancó ese mismo mes o a principios de mayo. Una foto del 12 de diciembre de 2025 mostraba dos fosas profundas en un inmueble aún sin techo; la del 18 de septiembre de 2026, la cubierta todavía incompleta y los muros antideflagración a ambos lados. Cerrar el techo llevará poco. Instalar el equipamiento de colada, en cambio, puede exigir varios meses, de modo que el complejo podría estar listo para fabricar misiles a finales de este año.

El rastro apunta a Pekín. El diseño del complejo, la composición de la fuerza misilística saudí y su parecido con plantas chinas apuntan a tecnología del gigante asiático, coinciden Lair, Duitsman y expertos del IISS y del CNA. Riad compró en secreto unos 40 DF-3 de combustible líquido a China en 1987 —así lo recogía una estimación desclasificada de la CIA en 1991— y los mostró por primera vez en un desfile en abril de 2014. El equipo del FPRI también ha identificado entre vídeos y fotos de redes sociales lo que considera restos de un DF-15 de diseño chino lanzado por Arabia Saudí en Yemen. Lair sostiene que el reino podría estar produciendo ya ese modelo de combustible sólido y que la ampliación de al-Duwadimi apunta al DF-21 o un sistema similar, de mayor alcance y capaz de transportar una ojiva más pesada.

El misil que Riad quiere no es para ganar una guerra: es para no tener que arriesgar un avión ni un piloto sobre Teherán.

Por qué Riad quiere alcanzar Teherán sin arriesgar sus F-15

El argumento militar es sencillo y Sascha Bruchmann, investigador del IISS, lo resume sin adornos: ‘Querrías un sistema que amenace lo que sea sagrado para Teherán… si no tienes la voluntad política de enviar un F-15 con JDAM sobre Teherán’. El misil balístico permite golpear sin exponer a la aviación, que tendría que atravesar un paraguas antiaéreo iraní razonablemente denso. El F-15 es la columna vertebral de la flota saudí y sustituirlo o reponerlo no es barato ni rápido.

La brecha existe y Riad lo sabe. ‘Irán tiene ventaja porque sus misiles y drones pueden alcanzar Arabia Saudí donde quiera. Los saudíes podrían cerrar un poco esa brecha’, añade Bruchmann. En Yemen, la campaña contra los Houthis —respaldados por Teherán— ha demostrado el valor del proyectil de largo alcance y el coste de depender de la aviación para cada golpe. Un arsenal propio, almacenable durante años y lanzable en minutos, cambia la ecuación disuasoria con el vecino persa y con la milicia yemení.

No es un caso aislado. Decker Eveleth, analista del CNA que lleva meses siguiendo la obra con imágenes comerciales, suscribe la lectura del FPRI: ‘Esto se está replicando en todo Oriente Medio. Ves exactamente lo mismo en los Emiratos. Ves exactamente lo mismo en Turquía. Todo el mundo lo está haciendo ahora’. La industria de defensa saudí forma parte de esa ola: el reino quiere dejar de ser cliente para convertirse en fabricante. La compañía Janes, consultada por Reuters, admite que los nuevos inmuebles ‘pueden sugerir un esfuerzo por ampliar la capacidad de producción o apoyar el desarrollo de misiles de mayor alcance’. El Military Balance del IISS ya sitúa el gasto militar saudí entre los diez mayores del planeta.

Equilibrio de Poder

En Washington, la ampliación de al-Duwadimi tiene una traducción inmediata: complica el acuerdo nuclear civil que la administración Trump negocia con Riad. Bajo ese marco, Estados Unidos ayudaría a Arabia Saudí a poner en marcha el enriquecimiento de uranio para generación eléctrica. La oposición bipartidista en el Congreso sostiene que faltan salvaguardias suficientes para impedir que el reino construya en secreto un arma atómica. Riad lo niega. La Casa Blanca, la CIA, la embajada saudí, el Ministerio de Información del reino, la embajada china y el Ministerio de Defensa chino no respondieron a las preguntas de Reuters. Ese silencio cruzado, en una instalación que puede arrancar en semanas, es el dato más elocuente del expediente.

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Moscú observa desde la distancia corta que le da su alianza con Teherán y su coordinación con Riad en la OPEP+. No le interesa un Golfo con más misiles apuntándose entre sí, pero tampoco va a renunciar a vender lo que Washington restringe: fue precisamente el embargo estadounidense a los sistemas de largo alcance lo que empujó a los saudíes a llamar a la puerta de Pekín. Bruselas, por su parte, asiste a la escena con un problema de credibilidad: la UE predicó durante años la contención de la proliferación en el marco del acuerdo nuclear iraní y ahora se encuentra con que el principal comprador de crudo del Golfo se dota de una cadena de montaje propia. Ninguna capital europea tiene un instrumento para frenarlo.

Para España el asunto no es ajeno. Navantia entregó cinco corvetas Avante 2200 a la Armada saudí dentro del programa Al-Sarawat, y el reino sigue siendo uno de los principales suministradores de crudo del mercado español, de modo que cualquier escalada en el Golfo se traduce en prima de riesgo energético y en presión sobre el precio de la electricidad. Cualquier venta adicional de material sensible a Riad pasaría por la Junta Interministerial reguladora del comercio de material de defensa, con el foco político puesto encima. Y en la frontera sur, el efecto dominó es el que preocupa en el Ministerio de Defensa: Argelia opera el Iskander-E, Marruecos lleva años buscando sistemas de mayor alcance y el Sahel se ha convertido en un mercado de oportunidad para la artillería de cohetes. Si el Golfo entra en carrera, el Magreb no se va a quedar mirando.

El precedente es de manual. La venta secreta de los DF-3 en 1987 fue el primer gran golpe chino en el mercado de misiles balísticos de Oriente Próximo y se produjo con Arabia Saudí fuera del Régimen de Control de Tecnología de Misiles, creado en 1988 y que Riad nunca ha firmado. Casi cuatro décadas después, la historia se repite con un componente nuevo: ya no se compra el misil, se compra la fábrica. Aquella operación se canalizó con la connivencia tácita de Washington, que priorizó la estabilidad del precio del petróleo sobre la no proliferación. La diferencia ahora es que el Congreso tiene la última palabra sobre un acuerdo nuclear civil y que las imágenes están en abierto, al alcance de cualquier investigador con una suscripción a Planet Labs.

Lo que observamos es una carrera que ya no se puede desactivar con una nota diplomática. La ventana crítica es corta: si el complejo de al-Duwadimi empieza a producir a finales de 2026, Riad habrá conseguido una capacidad que ni el embargo estadounidense ni el debate en el Congreso pudieron impedir. La pregunta que quedará abierta es la de siempre, y no tiene respuesta sencilla: qué hará Teherán cuando vea el primer DF-21 salir de una línea de montaje saudí.